El mejor ciclista del mundo ofreció toda una exhibición en la subida al mÃtico puerto astur para vestirse de oro, aumentar su leyenda y lograr una cómoda ventaja con sus rivales en la clasificación general.

laSexta|Noticias
Seis años llevaba la Vuelta sin acercarse a las temibles cuestas del Angliru, un puerto descubierto hace menos de diez años y que está caracterizado por ser de una dureza extrema, con rampas que miran directamente al cielo con un 24% de desnivel.
Y como no podía ser de otra manera, Alberto Contador, el hombre llamado a marcar una época en el ciclismo, apuntó su nombre entre los grandes escaladores que han logrado una victoria en este infierno capaz de destrozar las fuerzas y la moral de cualquiera.
Pero es que, además, el de Pinto lo ha logrado con una solvencia inaudita y destrozando uno a uno a todos sus rivales con su constante juego de demarrajes y cambios de ritmo.
El Astana encendió la traca en el ascenso del Cordal. Los hombres de Contador ascendieron al son que tocaba el portugués Sergio Paulinho, un paso exigente, de desgaste, que redujo el pelotón a 20 unidades.
"Bienvenidos al Olimpo del ciclismo", reza un cartel a pie del Angliru. Un anuncio del comienzo de la tortura que supone este puerto de 12,5 kilómetros con rampas hasta del 23,5 %. El Astana mantuvo la batuta. Ahora Kloden, después Rubiera, y luego Leipheimer y Contador ejercieron de directores de orquesta. Todo un recital.
Valverde puso el cascabel al gato
Pero hubo rebelión en La Cuesta les Cabanes (21,5 % de pendiente). Atacó Valverde, con cuentas pendientes. Se le pegó Contador, también "Purito" Rodríguez, pero no Leipheimer, ni Carlos Sastre, ya en el papel de perseguidores.
El golpe de mano llegó en Los Lugones (15,4 %). El ganador del Giro sacó a relucir el molinillo para marcharse en solitario hacia la meta. Se ponía en marcha la exhibición del hombre volador. Ya no miró atrás, bastante tenía con salvar la marea humana y de ir abriendo diferencias. Valverde aguantaba en torno al minuto, cerca Leipheimer. Sastre puso su ritmo y no se cebó ante la superioridad del hombre que abría carrera.
Cuatro kilómetros de academia llevaron a Contador hasta la cumbre. También sufrió. Es humano, aunque dé una sensación de facilidad ver cómo trepa los muros asfaltados. Un armónico baile sobre la bicicleta, gesto de tensión, que no de agonía, y sobre todo un ritmo que solo él puede imponer y aguantar.
Contador esprintó en el único momento benévolo del puerto más terrible de España. Quedaba la celebración y el paso en alfombra roja hacia su primera Vuelta, la de su debut. Una estrella que brilló a un palmo del cielo asturiano. Y lo que le queda.
Entró disparando, señalándose el pecho tras su heroicidad, en solitario, como los más grandes. Alejandro Valverde (Caisse D'Epargne), herido en su orgullo, entró segundo a 43 segundos, y tercero fue su compañero "Purito" Rodríguez a 57. A continuación cruzaron Leipheimer, a 1.04, y Carlos Sastre, a 1.29.
Contador unió su nombre a los de Chaba Jiménez, Gilberto Simoni y Roberto Heras, y tomó impulso para ponerlo junto al de Anquetil, Hinault, Merckx y Gimondi, los héroes que han ganado Tour, Giro y Vuelta.
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