A sabiendas del valor en alza del coleccionismo de las botellas, los falsificadores se emplean a fondo en colarnos tinto peleón camuflado como vino de calidad.
Hasta 3000 euros se puede llegar a pagar en el mercado por una botella de vino. Conociendo tan elevada valoración, los timadores acechan y se valen de internet para darnos "gato por liebre", vendiendo botellas rellenas con vino de baja calidad y contraetiquetadas como si de una marca de calidad se tratara. Así, son muchos los que podrían estar pagando más de mil euros por falsificaciones que contienen vino barato y malo, cuyo valor real podría no superar los 30 euros.
A pesar de los múltiples métodos que se empiezan a desarrollar para garantizar la buena calidad del vino, las triquiñuelas utilizadas se diversifican con el paso del tiempo, aunque el proceso de volver a encorchar la botella es la que más quebraderos de cabeza da a los estafadores.
Incluso el etiquetado dejó de ser un problema hace tiempo, desde que los distribuidores fraudulentos encargan su impresión a profesionales para reproducirlas a imagen y semejanza, o se trafica con las originales.
Se trata, sin duda, de un grave delito que tiene un gran precedente en los tribunales con la sentencia que obligó a pagar una indemnización de 100.000 euros al Consejo Regulador de la Denominación de Origen Calificada Rioja. Los condenados, el español Pablo Hellín Cruz -propietario de una bodega en Torrenueva (Ciudad Real)- y el británico Kelvin James Moore, exportaron a Gran Bretaña vino embotellado como falso Rioja a lo largo de dos años. Por ello, también fueron condenados a pagar una multa de 6.000 euros y a cuatro años de cárcel por delitos de estafa, falsedad documental y contra la propiedad industrial por utilización ilegítima de una denominación.
La cata del vino de mala calidad, también ha sido una de las principales armas para detener a los estafadores. En 2003, el Juzgado de lo Penal número Uno de Logroño condenó con penas similares a otro distribuidor de vino adulterado. Por entonces, la sentencia consideró probado que la nota de cata efectuada reveló que el vino no era de Rioja, presentaba baja calidad, estaba aromatizado, aguado, rancio, oxidado, con sensación de agua ácida, corrompido hasta el extremo de que una de las muestras presentaba "gusto a heces".
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