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Cuando acababa la programación bajábamos el volumen de la tele y dejábamos los call tv en silencio, con el icono verde de altavoz tachado. Una chica mona sobre-entusiasmada junto a una sopa de letras. Una chica sobre-escotada y ligeramente bizca junto a una pizarra con una suma. Un chico visiblemente colocado junto a una cinta mecánica que transporta billetes de 500 euros.
A veces pasábamos minutos sólo mirando la tele así, sin voz. Fumando y bebiendo coñac en los vasos de la Nocilla. Teníamos un discman viejo con unos altavoces de ordenador y poníamos música por turnos, aunque sin mucho orden, a veces de manera repentina cortábamos la canción porque teníamos una prisa horrible en poner otra. O a veces el cd se quedaba sonando varias canciones, hasta que llegaba al final y la lente del lector hacía ese ruído robótico de retroceso y se oía cómo el disco dejaba de girar. Mientras hablábamos sin mirarnos, como en esas escenas de cine clásico.
Hacíamos listas, discutíamos posibilidades. Compartíamos tabaco. Cinco discos para conducir ¿solo o acompañado?. Qué canción te pondrás esta nochevieja, la de antes de salir de casa. Cuál quieres para tu funeral (yo ya sabía que siempre pedía La estatua del Jardín Botánico, pero no me cansaba de escuchar el porqué). Tres canciones-celebración. La canción más deprimente. La canción más fácil de tocar. El rock son tres acordes. El mejor video. La canción con la letra más tonta del mundo. Los estribillos son necesarios. Al final todo el mundo adora las canciones pegadizas. Ya nadie hace solos.
Ayer fue mi cumpleaños y me pasé el día elaborando mentalmente una de esas playlists que solíamos hacer a medias. Como la hice solo tuve que repartirme los papeles e interpretar por turnos tus gustos y los míos para demostrar y razonar acaloradamente la superioridad de mi criterio. Llevaba los cascos puestos, movía la cabeza. Las señoras me miraban en el metro. Al llegar a la oficina me quité los auriculares y los guardé en la mochila. Y volvió puntual la misma sensación de cada mañana. Afuera la lluvia diluía a toda prisa la nevada de la noche anterior.
1 When I´m sixty-four de Los Beatles
2 Surprise, surprise de Bruce Springsteen
3 Cumpleaños total de Los Planetas
4 Happy Birthday de Nick Cave
5 Canción de regalo de La Costa Brava
Si fuese tú, cambiaría el orden de la 3 y la 4, por eso del orden idiomático, y hasta de "tamaño" de los artistas responsables...
Aquí te dejo otra... Feliz cumpleaños. Feliz Navidad. Feliz Año. No dejes de escribir. Me hace feliz...
De lo que vamos a hablar es de los discos, de las canciones, de cómo eran las cosas en la época en la que la música era algo urgente. Aquel tiempo en que nos creíamos más grandes que cualquier organismo terrestre. De si la música mantiene aún alguna oportunidad de cambiar nuestra manera de fingir, de bailar, de hacer las cosas. De afectar de alguna manera al modo en que nos peinamos. Por Luis Alfaro: lalfaro@snoticias.tv
Blog de Vida urbana
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