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Desde el punto de vista del mercado ante una crisis de estas características la lógica dicta que los trabajadores tienen que envainársela y renunciar a ciertos derechos adquiridos a lo largo de los siglos. Lo de la jubilación es el ejemplo que se cita ahora, pero lo cierto es que como hombres hemos ido perdiendo, sin saberlo, una serie de derechos que pretendían ser fundamentales cuando empezó a fraguarse Europa y el mundo ardía de este a oeste (es decir, hace exactamente 221 años, si he echado bien la cuenta).
Mi pesimismo de los últimos tiempos me dice que por muchas manifestaciones que se hagan todo va a seguir igual, sobre todo en un país esencialmente inmovilista como España. También me recuerda a un documental que vi recientemente y del que ya habló Boyero en su día: Capitalismo, una historia de amor, de Michael Moore.
Moore me tenía ya un poco cansado pero tras este nuevo documental (y sobre todo tras su reto final), me ha vuelto a caer bien. Sobre todo porque llevo ya un tiempo pensando que efectivamente somos culpables todos y cada uno de nosotros de habernos dejado embaucar por el sistema y haber creído que la hipoteca era el objetivo, lo inevitable, lo necesario y lo elemental. Y que ahora pagábamos el precio.
Pero lo cierto es que no deberíamos pagarlo. Deberían pagarlo algunos, claro está, pero no la gente que buscaba una casa y un trabajo. Me sigue sonando a cuento de hadas pero al fin y al cabo en eso consiste la lucha eterna del hombre: en conseguir que todos y cada uno de nosotros tengamos alimento, refugio y libertad real. Imposible tener lo último si no se tiene lo primero, no hay más que mirar alrededor.
Los liberales mantienen que hay que dejar que el mercado controle todo, y consideran fascismo la existencia de un Estado Protector. Independientemente de que dicho estado protector pueda convertirse en un fascista lo cierto es que si nos controla el mercado también perdemos la libertad en favor de una especie de extraterrestre. Es como si nos invadiesen los bichos de V. Y hombre, Diana estaba buena, pero era un lagarto.
Discurso idealista éste de hoy, alejado de la realidad que vivimos, de los millones de parados, de las viviendas en stock, de las cajas al borde de la destrucción y del mercado, siempre el mercado, que controla todo a lo Skynet de Terminator, amparado por malvados líderes humanos que se están quedando con todo (otra frase de la película: "Tiene que haber una rebelión de los que no tienen nada contra los que lo tienen todo").
Ante la utopía de vencer sólo queda la salida que nos muestra Michael Moore al final de la cinta: si esto no les gusta únanse y peleen, porque yo no puedo seguir haciendo esto solo.
Sí, pero en la vida real, los que tienen mucho no van a mover un dedo porque la situación mejore por los demas. Es cierto que tenemos que hacer algo todos juntos y dejar de lloriquear y echar culpas a los demás (aunque la tengan)
Me parece escandaloso escuchar que son los trabajadores lo que tienen que solucionar y soportar la crisis. Creo que la presión que se está trasladando a las personas con menos recursos es muy grande; pero sobre todo, creo que es muy injusto que una crisis que han creado "los grandes poderes" la deban solucionar y PAGAR la gente que menos tiene Y QUE MAS HA TRABAJADO. Como decía Jesulín de Ubrique, solo dos palabras ¡Im-Presionante!
Un zabuqueral es un lugar lleno de complicaciones, donde el fango te llega hasta las rodillas, los mosquitos te sorben las venas y la orientación es casi imposible. Y eso es precisamente lo que ha sido, desde tiempos inmemoriales, el mundillo político español. Este blog surge como un intento de inmersión suicida en ese zabuqueral, canalizando al mismo tiempo frustraciones infantiles del autor y sirviendo como terapia para superar una serie de traumas políticos típicamente españoles con todo el sentido del humor posible. CORREO: dmartin@snoticias.tv
Blog de Vida urbana
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