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“Durante la Guerra de Vietnam, Cu Chi se convirtió en un infierno para las tropas estadounidenses, que se veían atacadas por soldados vietnamitas ‘fantasmas’, que aparecían y desaparecían como por arte de magia. Todo se debía a que tan sólo cinco o seis soldados del Viet Kong se movían bajo tierra, a través de los túneles de Cu Chi, que llegaron a servir de refugio a más de 10.000 personas y combatientes durante más de una década. Los vietnamitas salían cuando lo veían oportuno para pillar por sorpresa a sus enemigos. En abril de 1975 había hasta tres niveles de pasadizos subterráneos excavados en zigzag, situados a 1, 6, 8 y 10 metros de profundidad, y con una longitud total de 220 kilómetros”...
En septiembre de 2009, los automovilistas madrileños nos vemos atacados por los radares ‘fantasmas’ de la M-30 soterrada de Gallar Kong, que te cascan una multa de 94 euros si superas los 70 kilómetros por hora, los 50, e incluso los 30, algo realmente complicado de evitar. Como si de Hollywood se tratase, decenas de cámaras velan para que al Ayuntamiento de Madrid no le falten los cuartos para pagar esta obra faraónica con truco, pues se paga sola, la pagas tú y la pago yo.
Da igual si circulas a 72 km/h en una zona limitada a 70, eso es una falta grave para Gallardón y sus secuaces, que, sin embargo, pueden recorrer a la velocidad que les dé la gana los túneles en sus coches y motos municipales o en el Phaeton del alcalde.
La sanción por exceso o mini exceso de velocidad conlleva un desembolso de 94 euros, 62 si la pagas rapidito, pero, eso sí, si recurres y no te hacen ni caso, que es lo más probable, ya no tienes derecho a la reducción y pagas los 94 euros íntegros, una medida muy democrática. Y si no pagas, no pasa nada, pagarás igual, pues ahora lo que se lleva es el embargo exprés. Sé de muchos que ya no circulan por la M-30 soterrada por miedo a un multazo.
Circular por una autopista de cuatro carriles a menos de 70, por muy soterrada que esté, es realmente complicado, sobre todo cuando coinciden coches en todos los carriles. Parece eso el desfile del día de las Fuerzas Armadas, todos igualaditos y sin poder adelantar; muy lógico.
El caso de Madrid con los radares y las multas es ya de órdago, pues la M-30 es la única autovía de España en manos municipales y se han hecho allí todos los trapis del mundo, pero, no sé si lo habéis notado, seguro que sí, Tráfico lleva haciendo caja todo el verano, fomentando embargos a diestro y siniestro por multas de dos y tres años de antigüedad y, por supuesto, por las actuales.
Nos están engañando
Se habla de subir o bajar impuestos, las pensiones, los subsidios del paro, pero nadie comenta que el Estado ha convertido las multas de tráfico en una de sus grandes fuentes de ingresos. Nos venden que son medidas para evitar accidentes y nos están engañando, son medidas recaudatorias, medidas para obtener dinero contante y sonante con celeridad y, por supuesto, a costa de los sufridos automovilistas.
Si de verdad se tuviera intención de reducir o acabar con los accidentes de tráfico por exceso de velocidad se tomarían medidas adecuadas para ello. Pero no, en España somos, son, tan originales que tenemos incluso una señalización específica de “zona de alta concentración de accidentes” –equivalente a “aquí ha habido muchas hostias”-, como si sirviera para algo, cuando lo lógico sería erradicar esas zonas en lugar de señalizarlas, que no sirve para nada. Claro que para eso hace falta dinero y, sobre todo, voluntad.
Si el Gobierno, el que sea, de verdad quisiera acabar con las zonas conflictivas en la carretera debería empezar por arreglarlas, por tenerlas siempre en perfectas condiciones. Pero no es así, aquí no se pone un radar en un punto conflictivo para evitar accidentes, se coloca mejor en una recta, porque algunos saben que ahí harán caja con mayor facilidad.
Un par de soluciones
Y para que veáis que no sólo me quejo, propongo soluciones, y ésta es la primera: en Alemania, que parece un país algo más civilizado que el nuestro en casi todo, no existe límite de velocidad en las carreteras. ¿Por qué? Porque allí prefieren dedicar el dinero de los impuestos a tener unas carreteras cojonudas en lugar de emplearlo en comprar radares, que, por cierto, cuestan entre 60.000 y 90.000 euros cada uno.
Reducir la velocidad como única solución a los accidentes es absurdo y está convirtiendo las carreteras españolas en un peregrinar de tortugas molestas llenas de razón. Y es que la mayoría de la gente sabe conducir, pero también la mayoría no tiene ni idea de circular, que es lo realmente importante, y cada vez menos.
Segunda solución que propongo al respecto: endurecer las pruebas para sacarse el carné de conducir y enseñar realmente a circular, no a manejar un coche; y el que no se apañe, que vaya en autobús.
Que no os engañen, aquí se está haciendo caja con los radares y las multas y nos venden que están velando por nuestra seguridad. En España todas las presuntas medidas para reducir los accidentes son recaudatorias. Por algo será.
buenos su pagina web es muy bueno, buen espacio hay gustad mucho!:) Adios excusa mi horrible espanol!Sólo te falta un botón de traducción el resto tudo ok!
Totalmente de acuerdo.
NUEVA RECETA, AHORA CON MÁS SUSTANCIA. Sigo siendo Luismi. Sigo siendo periodista, o periodisto, como queráis. Sigo pensando que veo cada blog por el mundo que por qué no iba a tener yo uno... Eso sí, ya no os voy a hablar de chorradas ajenas, sino de las mías y de la fauna que me rodea, que he observado que para ser un bloguero de pro hay que alimentar el ego.
Blog de Vida urbana
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