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Una novela puede comenzar con las campanadas silenciosas de un reloj digital. “Era un día frío y radiante de abril y los relojes daban las trece”. Con el olor de un veneno. “Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados”. O con una presentación que es también una orden. “Llamadme Ismael".
Una novela puede comenzar con el recuerdo de un niño atrapado en los ojos de un viejo. “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”. O con una declaración de amor. “Era un placer quemar".
Una novela puede comenzar con una pesadilla que se inicia al abrir los ojos. “Una mañana, al despertar de un sueño intranquilo, Gregorio Samsa se encontró en la cama transformado en un insecto monstruoso”. O con un hombre encerrado en el vacío. “Hoy, mamá ha muerto. O tal vez ayer, no sé”.
Una novela puede comenzar con una pregunta que no podemos contestar. “¿Encontraría a la Maga?”. O con el paladeo de un nombre. “Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo-li-ta".
Una novela puede comenzar con la peineta de un poeta. “Cuando me arranco al bosque de los sueños, a la selva oscura del dormir, y me cobro a mí mismo, me voy lentamente completando. Porque he dejado de interesarme por mis sueños. A la mierda con Freud”. O con la verdad de un mentiroso. “Todo esto sucedió, más o menos".
Una novela puede comenzar con una frase tan genial como éstas, que no garantizan nada y lo prometen todo. Pero sólo “Ana Karénina” se inicia con una frase que contiene la gran verdad del mundo. La leo una y otra vez en la magnífica edición que acaba de editar Alba y que me acabo de regalar. La leo en voz alta y pienso que en ella Tolstoi encierra el secreto de la literatura. “Todas las familias felices se parecen; las desdichadas lo son cada una a su modo”. Es un principio imbatible.
23/02/10
Citaba y cito de memoria, pero creo que el principio de Pedro Páramo es: "Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo". Ahora sí, ahora sí es bueno.
Cuando ojeo un libro siempre lo hago por el principio, y no en razón de que el principio sea lo primero que se aparece, pues que al ojeador tanto le da abrir el ejemplar por la primera página o por la 140. Tengo debilidad por los principios impactantes y más de un libro he comprado por esa razón. Detesto los comienzos descriptivos paisajísticos al estilo de la novela decimonónica, pongamos que en la línea de José María Pereda, el autor de "Sotileza". Y creo que los mejores comienzos son los de los escritores latinoamericanos. ¿Cómo olvidar aquello de "Vine a Comala en busca de mi padre, un tal Pedro Páramo". ¡Qué gran maestro Rulfo!
Brillante
Acabo de iniciar una novela que tiene buena pinta. Se trata de "El tiempo entre costuras" de María Dueñas. Empieza así: "Una máquina de escribir reventó mi destino"
Denis denis, buenísimo ése, es verdad. Carlos, con sólo leer el principio de La sombra del ciprés es alargada ya me estoy deprimiendo... MALDITA SEA. Añado otro que me he acordado y me parece la leche: "Yo, Tiberio Claudio Druso Nerón Germánico Esto-y-lo-otro-y-lo-de-más-allá (porque no pienso molestarlos todavía con todos mis títulos), que otrora, no hace mucho, fui conocido de mis parientes, amigos y colaboradores como Claudio el idiota, Ese Claudio, Caludio el Tertamudo o Clau Clau Claudio o, como mucho, como El pobre tío Claudio, voy a escribir ahora esta extraña historia de mi vida". De Yo, Claudio, Robert Graves.
Estuve en la cárcel de profe, he sido locutor de radio, mecanógrafo de niños ricos, chico para todo en la mejor librería de cine de España, concursante afortunado, escritor de audioguías... Soy así: me preguntan quién soy y digo lo que hago. Vuelvo a ser periodista, aunque ahora estoy rodeado de cifras e índices, de periódicos naranjas que nadie me roba. En ese viaje siempre he estado rodeado de libros. Los amo, los odio y, a veces, los leo. CORREO: jarmada@snoticias.tv
Blog de Vida urbana