Varias personas examinan los daños en una calle de Yangon, Birmania. La ayuda internacional ha comenzado a llegar a la zona, que ha quedado devastada, aunque aún no se sabe con claridad la situación exacta del país. El ciclón, que azotó la bahía de Bengal con vientos de hasta doscientos kilómetros por hora, destrozó la ya de por sí frágil infraestructura birmana y amenaza con afectar a los precarios suministros de comida y agua.