ENTRADAS AGOTADAS http://www.lasextanoticias.com/blogs/ver/entradas_agotadas/383 Este blog nace cansado, agotado de dar brincos y sonreír. No hay críticas. No hay quejas. No vamos a despellejar a nadie porque, en general, nadie nos ha hecho nada. No vamos a explicar por qué nos peinamos así (qué más quisiéramos). Sólo vamos a compartir esos momentos en los que se apaga la luz, la gente grita y alguien decide ponernos los pelos de punta tocando en los sitios adecuados. Porque, como dijo el filósofo: "Nena, las teclas... son notas". La banda la forman Txemi Terroso a las letras y Óscar Giménez (www.oscargimenez.com) a las ilustraciones. Gracias por venir. Empezamos... es-es Copyright 2012 Te invitamos al festival Enjoy After Arco http://www.lasextanoticias.com/blogs/post/te_invitamos_al_festival_enjoy_after_arco/25803 http://www.lasextanoticias.com/pictures/8163/758163/pictures_20120206_1427758163_crop1sub4.jpg 25803 ENJOY AFTER ARCO 2012
Madrid / Sala Joy Eslava / 17 y 18 de febrero de 2012


Desde 1982, ARCO ha venido consolidándose como una de las principales ferias de arte contemporáneo del mundo. Celebrada anualmente en Madrid, reúne una oferta artística variada y de gran calidad. Los 3.000 expositores internacionales y los más de 150.000 visitantes que tuvo en 2010 avalan su éxito creciente. Cada año, ARCO acoge a un país invitado. En este 2012 Holanda será la protagonista. Para celebrarlo, ARCO y Joy Eslava han organizado un festival en el que actuarán algunas de las bandas y DJs más interesantes de España y Holanda y que siguen estrictamente las premisas esenciales de la feria: alternativos, arriesgados, vanguardistas. Una oportunidad única para descubrir lo mejor de la música de ambos países.

Para celebrar esta ocasión sorteamos 4 entradas indivividuales válidas para los 2 días del festival.

Cómo participar:

- Si ya eres fan de www.facebook.com/entradasagotadas, simplemente envíanos un mail a hola@entradasagotadas.es con el asunto “Sorteo Entradas EnJoy After Arco” adjuntando tu nombre completo.

- Si aún no lo eres, hazte fan de www.facebook.com/entradasagotadas y envíanos un mail a hola@entradasagotadas.es con el asunto “Sorteo Entradas EnJoy After Arco” adjuntando tu nombre completo.

Fecha límite: 14 de febrero.

Si quieres ya comprar entradas anticipadas, puedes hacerlo en este enlace.

Éste es el impresionante cartel que no te puedes perder:

VIERNES 17 DE FEBRERO

*KNALPOT / El dúo amsterdamés Knalpot , formado en 2007, ha destacado en la escena experimental gracias a su sonido definido como “punkfunkelectro” . Si te atrae el free jazz experimental sobre base electrónica, no puedes perderte su explosivo directo.
*TRIÁNGULO DE AMOR BIZARRO / Con tan solo dos discos a sus espaldas, los gallegos Triángulo de Amor Bizarro se han revelado como uno de los mejores grupos indies del panorama. Elogiados por crítica y público, su sonido obsesivo, hipnótico y violento gana enteros en sus tremebundas actuaciones en directo. Mejor directo nacional en 2011 según la revista Rockdelux.
*JUHA DJ / DJ de música electronica experimental y fundador de la radio independiente y con aire futurista Viral Radio, sus sesiones no dejan a nadie indiferente. Experimental, ambient, avant garde y electronica para paladares exigentes.
*LOS PLANETAS DJS / Los miembros más relevantes de Los Planetas, uno de los referentes del indie nacional de la última década, se reinventan como DJs para hacer las delicias del respetable. Siempre sorprendentes, sus sesiones son todo un espectáculo. Eso sí, manteniendo siempre intacto su perfil indie.

SÁBADO 18 DE FEBRERO

*CÁPSULA / La formación hispano-argentina Cápsula ha hecho del garaje rock su seña de identidad. Viejos conocidos del panorama independiente español (con siete discos a sus espaldas), en 2011 han dado una de las sorpresas del año gracias a su último trabajo, In the land of Silver Souls, y por supuesto, a su potentísimo directo. Mejor grupo de 2011 para la revista Ruta 66.
*LÜGER / Con dos discos en el mercado, Lüger han desarrollado un sonido que hace honor a su nombre: una auténtica bala que perfora a todo aquel que se ponga por delante. Herederos españoles del krautrock, su ritmo marcial y su progresividad psicodélica hacen las delicias de los oídos (y cabezas) más exigentes. Creciendo sin parar. “Hot Stuff”, mejor canción nacional en 2011 para el diario El País.
*MACHINEFABRIEK / Rutger Zutdervelt o, lo que es lo mismo, Machinefabriek lleva cuatro años dando que hablar en el panorama de la música experimental internacional. Con cuatro discos a sus espaldas, este holandés se ha consolidado como una de las promesas de la escena ambient/experimental actual.
*TOMÁS FERNANDO FLORES / Uno de los locutores más prestigiosos de Radio 3, durante años al mando del esencial programa “Siglo XXI”, desarrollando aquí su brillante faceta paralela de DJ.

Organizan: Joy Eslava y I´m An Artist

]]>
1328534760
Plushgun - Sala Ramdall http://www.lasextanoticias.com/blogs/post/plushgun___sala_ramdall/25673 http://www.lasextanoticias.com/pictures/1103/751103/pictures_20120118_2001751103_crop1sub4.jpg 25673 Ella se peina y se ríe a la vez. Como si fuera tan sencillo ser así de guapa. La ocasión lo merece. Invitados como estamos a toda una fiesta en palacio. Se pone ropa brillante, cambia el color de sus mejillas y sus labios, sonríe como si fuera mucho más pequeña de lo que ya es. Y yo me pregunto si la fiesta estará a la altura. A su altura.

Somos recibidos con más pompa de la que merecemos y en seguida nos escabullimos, tímidos, a un rincón. Hay trajes de gala, globos de colores, bebidas frías, luces fluorescentes. Estrenan bajista y máscaras de carnaval para todos y mantienen la ilusión de la primera vez: como si llevasen meses esperando poder celebrar algo así. Por mucho que suyo sea el palacio, suya la fiesta y la ilusión. Suyas las ganas de que todos lo pasemos como nunca. Y cuando ves a Dan, a Daniel Ingala, el anfitrión, ya le tienes encima, abrazado. Sin dejarte tiempo para ir a presentarle tus respetos. Su barba te sonríe y sus gafas la miran a ella, como quien mira una magnífica idea cruzando, desprevenida, por su cabeza.

En seguida empiezan a aparecer camareros con bandejas repletas de canciones. Algunas muy sabrosas, todas agradables. Ella se desliza entre las ofertas como el mejor de los extremos. Pica de aquí y de allá y no soy capaz de seguir su entusiasmo. Trato de acoplarme al ritmo pero son demasiados camareros. Hay demasiada gente tratando de agasajarnos aunque a ella parece no importarle. El salón se llena de huecos vacíos y cuando tratas de hacerte con el lugar parece haber más canciones que gente disfrutándolas.

Pero Dan no deja que nos agobiemos. Se acerca y me pasa un brazo sobre los hombros. Con la mirada la busca a ella y en seguida la encuentra enredada en las vueltas de una conversación de descubrir amigos comunes. Ella nos mira y se deja llevar, pasillo a pasillo, mientras Dan nos enseña el palacio de Plushgun. Les dejo caminar a los dos un par de pasos por delante de mí a través de unas habitaciones que han crecido y mucho desde la última vez que lo visitamos. Y con las ampliaciones han ganado nombre, espacio y repercusión. Pero alejándose tanto de las paredes han perdido calor y ese adictivo efecto de rebote que conseguían todos sus sonidos, convirtiendo cada una de sus notas en la pelota de Steve McQueen en “La gran evasión”.

Ella se asombra con cada puerta, con cada ventanal y cada reja. Su capacidad de sorpresa es un maratoniano sonriente. Le encanta la luz de invierno, la emoción del mañana. Se agarra del brazo de Dan mientras baila por los pasillos como una princesa desquiciada. Y claro, no tengo más remedio que seguir su estela, su energía. La de ella y la de Dan. Que desborda simpatía y ganas de agradar. Pero cuando volvemos al salón hay gente recogiendo sus abrigos. Dan se asusta y hace salir de nuevo a algunos camareros con sus mejores bandejas. Y, por supuesto, nadie se puede negar a repetir de “Just Impolite” o de “How we Roll”. La fiesta empieza a agonizar, entre quienes no ven de dónde seguir tirando y los que se niegan a dejarla morir. Y empieza a desmembrarse como un ajusticiado por la Inquisición.

Dan nos ve marchar desde la puerta. Él y sus tres compañeros de palacio nos despiden con la mano y ella les devuelve la despedida a gritos mientras se aleja. Sinceramente agradecida. Pero al volverse y comenzar de verdad el camino de regreso cambia el tono y comenta en voz baja: “falta gente para tanta fiesta”. No hay ni un ápice de hipocresía en sus palabras. Más bien resentimiento con la gente que aún no ha descubierto este palacio y no sabía siquiera que tenía que haber estado aquí, perdiendo la cabeza a su lado. Exactamente como hago yo.
 

]]>
1326913320
The Horrors - Rock Kitchen http://www.lasextanoticias.com/blogs/post/the_horrors___rock_kitchen/25563 http://www.lasextanoticias.com/pictures/3613/743613/pictures_20111228_1313743613_crop1sub4.jpg 25563 Llego agotado, pago mi entrada, paso al recibidor, suelto mi abrigo, mi mochila, el peso de mi alma y me quedo ante la puerta. Comienza el protocolo y tras una serie de ruidos indescifrables el portón metálico se abre. No hay una mano al otro lado del pomo. No hay nada ni nadie. Sólo un denso humo, un vapor ahogado y machacón y una oscuridad salpicada por luces de colores. Doy un paso, la puerta se cierra, hay una tranquilidad desnuda y anónima y en seguida, comienza la magia.

A lo lejos, como la silueta de un tren acercándose, comienza a escucharse una música. Teclados religiosos, bajos de procesión y una guitarra casera, hecha con las cuerdas de los caídos. Se oyen voces, hay gente a mi alrededor, en el mismo estado que yo, veo sus sombras recortadas sobre luces verdes y moradas cuando se encienden y se apagan. Y entonces el ritual comienza a funcionar, cierro los ojos y me concentro en los sonidos, escapo de la gente a mi alrededor, de las luces, del humo y al final consigo escapar también del suelo. Cada segundo se multiplican por diez los metros que me separan de él. Que mis pies consigan rozar algo firme se convierte en una mera ilusión y, sin embargo, hay una constante sensación de estar cayendo. De estar llegando a las profundidades más oscuras y siniestras.

Pero nadie me deja caer. De entre todas las voces desconocidas se eleva, firme y triste, la de Faris Rotter, profeta deprimido y contagioso. Y a su alrededor se orquestan un sinfín de instrumentos. Y es esa música la que se mete dentro de mi cuerpo por todos los orificios que encuentra y una vez en el interior se aferra al alma fuerte, tocando en los resortes adecuados para, en un descuido, arrancármela. Con ella, por supuesto, desaparecen también las vísceras, una a una, para que la batería vaya llenando los huecos con música. Un golpe de bajo me clava un garfio en mitad del espacio creado y a base de guitarras y teclados van tirando de mi hacia arriba, elevándome sin cesar y sin, por supuesto, poder abrir los ojos.

Alguien enciende las luces, La música desaparece por un problema técnico y la realidad se hace patente. Nos quedamos todos mirándonos sin poder, sin saber decirnos nada. Rápidamente las luces vuelven a desaparecer y la máquina de humo se pone a funcionar… Vuelve la música pero ya nada es igual. He visto caras que me han visto. Cuerpos colgados, sodomías, imágenes privadas que han desaparecido en mis ojos, pero que son imborrables en la pantalla de mi mente. Y ya no es tan fácil.

Me concentro. Trato de relajarme y de aparcar para otro momento lo que ya no podré olvidar. Cierro los ojos con fuerza y busco el vacío dentro de mí. Trato de imaginarlo como un enorme frasco de cristal en el que van cayendo, destiladas, las notas distorsionadas que me ofrecen The Horrors. Y rápidamente el suelo vuelve a desaparecer, mi cuerpo empieza a caer y pronto alguien engancha mi columna a algo tan consistente que me quedo colgado, como un saltador de puenting solo, olvidado durante semanas en mitad de una montaña desierta.

No hay mucho más que ofrecer. Paulatinamente va desapareciendo la música y apagándose las luces de colores. Un operario del local me conduce suavemente hasta la puerta, como ángeles de la guarda. El portón metálico se abre sólo para mí y salgo a la recepción. Recojo mis cosas, mi abrigo, mi mochila, mi cansancio y camino de nuevo hacia la realidad sin puerta de escape.
 

]]>
1325074260
John Grant - Teatro Lara http://www.lasextanoticias.com/blogs/post/john_grant___teatro_lara/25443 http://www.lasextanoticias.com/pictures/5573/725573/pictures_20111115_1701725573_crop1sub4.jpg 25443 A la entrada de la sala una joven muy atenta nos proporciona a cada uno un casco de realidad virtual. Una vez localizada la butaca que coincide con tu entrada no hay nada más que conectar el casco con un pequeño terminal que reposa sobre el asiento inmediatamente anterior. Cuando todo el mundo se ha sentado y se ha conectado al programa las luces se apagan y comienza la epifanía…

El bosque se hace cada vez más denso y el camino aparece y desaparece entre la espesa maleza. La luz no llega tan abajo… y los últimos rayos se pierden metros por encima de nuestras cabezas. A cada paso se oye el crujir de ramas y hojas húmedas y al fondo, como los cantos de las sirenas, una voz se va haciendo cada vez más fuerte, protegida por los muros de vegetación. Una voz limpia y potente que, a medida que vamos avanzando, se hace más amplia, cada vez más importante, hasta que termina habiendo voz por todas partes.

Pero ante nosotros no hay manera humana de dar un paso más. Los árboles se abrazan tan intensamente que ni con excavadoras podríamos separarlos. El cuerpo no pasa pero los ojos sí. Y al otro lado, al escudriñar la maleza que nos tapia, se intuye un claro, iluminado por un sol sucio, escondido entre nubes que amenazan tormenta. Y allí, sentado ante un piano negro, un oso desliza sus afiladas garras con habilidad por entre las teclas y desnuda con cada verso ese lugar al que van a morir los sueños.

El oso, protegido por una maleza hermana, recuerda sus primeros años, cuando en los lejanos bosques de Colorado comenzó a probar las drogas y a enamorarse de quien no debía. Comenzó a sentirse extraño, diferente y se dejó caer en una peligrosa espiral de autodestrucción. La verdad y la crudeza de lo que canta hace que mane una leve espuma blanquecina por entre sus colmillos y le dé, a la vez, aspecto de ferocidad y de vulnerabilidad. El oso, enorme, de un pelaje marrón oscuro y una mirada pequeña y perdida, recuerda como sólo se sentía bien cuando estaba borracho. Y lo hace con naturalidad, con franqueza, pero donde pretende posar toda la intensidad que ha creado se cuela un incómodo pitido, un error del sistema…

En mitad del teatro John Grant pide disculpas. Los técnicos corren por entre las sombras tratando de tapar las pequeñas grietas del equipo. Se hacen materiales nuestras miradas, nuestras manos y la dulzura terrible que se esconde debajo de John Grant. En seguida los cables en mal estado están reparados, el sistema arranca de nuevo y todo el teatro desaparece…

El oso recuerda ahora a un amor, un traficante de drogas que le arrastró hasta el fondo. Una pareja que no lo fue nunca y que trató de suicidarse entre sus brazos. Pero su apariencia ya no es tan salvaje, tan penetrante. Parece más bien un hombre disfrazado de oso. Algo no anda bien en el bosque y, durante breves instantes, el claro se convierte en escenario y a cada uno de nosotros le resulta sencillo encontrar otros ojos mirando a través de las ramas. El espectáculo se hace presente y John Grant se desconcentra tanto que incluso el tono se le llega a escapar.

La noche termina, el bosque, destrozado, con árboles caídos, butacas sobre la hierba y espectadores por todas partes, desaparece. Las luces se encienden. En la puerta una amable joven recoge los cascos, destrozando la magia con su realidad. Pero ni los problemas técnicos son capaces de ocultar el valor de un oso que acepta exponerse ante todos tal y como es… tal y como fue. El valor de quien cayó y volvió a levantarse para destrozarnos el corazón de un elegante zarpazo.

]]>
1321372200
The Antlers http://www.lasextanoticias.com/blogs/post/the_antlers/25393 http://www.lasextanoticias.com/pictures/2833/722833/pictures_20111111_1200722833_crop1sub4.jpg 25393 El cuentacuentos se quita despacio la chaqueta y toma asiento. Sin dejar de pasear la mirada por toda la sala cuelga la chaqueta en una esquina del escenario. No tiene prisa. La barba incipiente le completa el aspecto de hombre curtido que su juventud trata de desmentir. Con gestos lentos se sienta en un taburete y dobla meticulosamente cada una de las mangas de su camisa. Cuando ha terminado de remangarse levanta la vista, pero en esta ocasión sus ojos no miran a nadie en particular. Y junto con un suspiro profundo, deja escapar una larga pausa que aumenta un poco más las expectativas.

El cuentacuentos tiene un caracolillo en la frente, un rizo rebelde de su perfectamente descuidada cabeza. Como si tuviese ganas de jugar con nosotros después de contarnos todas sus penas y miedos. Como una manera de decirnos “tranquilos, son sólo cuentos. Cuentos serios, historias duras, pero historias al fin y al cabo”. Sin embargo su voz es profunda y limpia y cambia a medida que la historia cambia. Se hace sincera e intensa cuanto canta la historia del chico que no quería saber nada del amor. Pero a veces llega a convertirse en un hilo fino y doliente si recuerda la del hombre que no temía nada excepto dejar tras él una viuda. Hay tanta intensidad en su manera de dejar caer las palabras que termina sonando a mentira…

El cuentacuentos tiene un reloj con una batería dibujada que no deja de marcarle el tiempo. Crece con la narración, ese reloj, y en ocasiones se hace gigante y atronador, implacable siempre. Remarca las palabras importantes con la fiereza de una guitarra eléctrica. Y a su alrededor, por el escenario, crece un halo de misterio, un ambiente de calma, como si el teclado de una banda indie neoyorquina estuviese sentado justo a su izquierda…

El cuentacuentos desgrana la historia de aquel triste borracho dispuesto a beber noche tras noche hasta que se le cayesen los dientes. Y si uno mira detrás de sus ojos castaños acaba por identificarse con esa borrachera. Con ese drama. Y aunque en principio parece que no quiere contar cuentos antiguos, al final se emociona al explicar aquella historia de un oso que creció y creció dentro del vientre de una mujer hasta que se convirtió en cáncer y la devoró. Y tiene un momento para, bajando la cabeza, repetir con otras palabras lo que dejó escrito Sylvia Plath, “la muerte debe de ser tan hermosa… olvidarse del tiempo, perdonar a la vida, estar en paz.

Y a pesar de la tristeza consigue sacarnos una sonrisa de resignación. O quizá de admiración. Porque dirige cada estrofa con precisión de pastor. Y poco a poco nos va llevando hacia la melancolía, la amargura, la tristeza y la rabia, con herramientas tan contundentes como invisibles hasta dejarnos a todos flotando, expectantes.

Se levanta del taburete sin quitarnos los ojos de encima. Desdobla meticulosamente sus mangas y recoge su chaqueta. Con tranquilidad y una media sonrisa se baja del escenario pero, antes de irse, nos hace un ruego. “Demostradme que no voy a morir solo. No podría soportarlo”. Todos asentimos en silencio, convencidos de que no vamos a abandonarle jamás.

Pero cuando desparece nos damos cuenta del hechizo. Todo es mentira. Son sólo cuentos y él no nos necesita. Ni hay un oso creciendo dentro de ella ni tristeza capaz de tirarle los dientes a nadie. Y en la moraleja demuestra que los cuentos, bien contados, son capaces de casi todo, sin necesidad de hacerlos reales. Porque para que el sapo se convierta en príncipe sólo hay que besarlo… no hace falta matricularlo en Ciencias Políticas.

]]>
1321008600
Micah P. Hinson - Sala Heineken http://www.lasextanoticias.com/blogs/post/micah_p__hinson___sala_heineken/25353 http://www.lasextanoticias.com/pictures/8773/718773/pictures_20111031_1857718773_crop1sub4.jpg 25353 Hay cosas difíciles de creer. Que llegaría un día en el que Micah se subiría a un escenario sin guitarra, con un brazo en cabestrillo y gritara desde lo alto un temazo de francotirador como ‘Lovely Day’, de los Pixies… hubiese apostado dinero en contra. De verdad… Y después verle y oírle destrozar ‘Alec Eiffel’ o ‘Motorway to Roswell’… Convirtiendo uno de los discos más salvajes de mi estantería en un safari sin reglas en el que lo único que importa es lo rápido que vayas. Hipnótico y crudo. Tan bizarro que es literalmente imposible apartar la vista de ese chico frágil y peligroso peinado como Tintín.

Pero al fin y al cabo ese disco de los Pixies se llama Trompe le Monde, esto es, “engaña al mundo”. Y no hay mejores tres palabras que coserle a Micah P. Hinson en sus tirantes. Engaña al mundo, lo maneja, lo atrae y entonces se queda dormido. Miente, adula, conversa, admira, olvida, sueña y hace soñar y después atiza y se vuelve a dar la vuelta y cuando quieres darle un abrazo él ya no está, o está en la barra, o detrás de ti dándote una patada en el culo por preocuparte por cualquier cosa que no sea vivir.

Micah es voz de tabaco y años vagabundeando por Estados unidos, recorriendo el mundo en vagones de mercancías, con un hatillo atado a un palo. Micah es mirada de loco escuálido y atormentado y sentimientos bañados en plata y arena. Y también pinta de animal herido, (brazo en cabestrillo, recuerdo) y por tanto peligroso. Pero sobre todo Micah es talento y libertad. Es la experiencia de haber vivido de todo en un cuerpo suficientemente joven como para poder seguir destrozándoselo. Y por eso tiene toda la libertad del mundo para elegir un disco de entre todas sus influencias y convertirlo en su propio traje de pino. Cabalgarlo como un vaquero manco en un rodeo suicida y caer todo lo mal que le dé la gana… o lo bien que el destino y sus incansables y pacientes Pioneer Saboteaurs estén dispuestos a marcar. Un monumento en el desierto de Arizona, por cierto, merecen estos chicos de Zaragoza que siguen, arropan y adornan al de Memphis con sus mejores galas.

Pero cuando parece que sólo pretende cavar su propia fosa y enterrarse hasta el fondo la función termina. Y en la otra cara aparece el Micah conocido, el que cuenta historias a la cara. Se aprieta al micrófono como si se acercara a cada una de las orejas que le miran y acaricia temas de otros ídolos. De Dylan o de Richard Hawley. O suyos. Canciones que escuchar después de la tormenta. Después de su tormenta. Porque, a fin de cuentas, Micah siempre ha sido su propio huracán, demoledor. Se ha destrozado una y otra vez y una y otra vez se ha vuelto a levantar. Excesos, velocidad, accidentes pero siempre hay un tema más. Siempre una canción a la salida capaz de resumir todos esos golpes y tirones que ha recibido tu cabeza y tu estómago y que, en realidad, y eso Micah lo sabe muy bien, no son más que sensaciones. 

Y al acabar, cuando ya ha dejado claro que hay cosas que sabe hacer muy bien y que hay otras que no tanto pero que da igual, porque si quieres hacerlas TIENES que hacerlas. Cuando acaba, digo, y todos empezamos a buscar la calle pensando en qué sol saldrá mañana en la cabeza de este chico… vuelve. Solo. Se planta en mitad de una sala apagada, sin músicos… o mejor, con los músicos al borde del escenario, atentos para ir en su ayuda al primer tropezón. Y allí, con su voz de anciano contador de historias, salpicada de gallos ancestrales, lo explica: trata de aguantar un día más porque, a veces, el mundo te puede regalar una canción de Micah.

Y entonces, por un momento,  todo tendrá sentido.

 

]]>
1320084600
Manel, Teatro Lara http://www.lasextanoticias.com/blogs/post/manel__teatro_lara/24823 http://www.lasextanoticias.com/pictures/5473/655473/pictures_20110628_1805655473_crop1sub4.jpg 24823 Hay un cambio de juego. Impecable. Guillem levanta la cabeza y desde el cruce de la Calle Verdi con Vallfogona, la pone en la esquina de la Corredera Baja de San Pablo con Pez… justo en el pecho de todo Madrid. Una visión de juego increíble la de este Guillem. Quizá explica demasiado cada uno de sus pases, pero oye, son demasiado buenos como para perderse un verso… Claro que a su espalda tiene a uno de los mejores pulmones del medio campo indie. Marti se llama. Incansable, con el bajo… manteniendo el ritmo del concierto y único con la flauta en el corte ante cualquier mínimo avance del aburrimiento. Incansable por la banda de las guitarras Roger sube y baja y en ocasiones incluso pone buenos centros, templados, sonrientes, medidos, limpios. Arriba, con todo funcionando como un reloj, Arnau falla pocos remates, golpea seco en cuanto le permiten medio metro para demostrar lo que sabe hacer. Y madre mía qué fácil lo hacen. Qué fácil lo ven. Con lo complicado que es… con la cantidad de detalles que hay, con la cantidad de trampas que te pueden tirar…

No caen en ninguna. Solventan con imaginación los pases más complicados. Y si hay que imaginarse qué puede haber tras tus deseos se minimizan, echan a correr con habilidad entre las piernas de la realidad, convierten lo mínimo en máximo y juegan contigo hasta que te descubren el truco con una sonrisa, una chistera al viento y cara de malos.

Les buscas la espalda y juegas con su profundidad… Pero no hay manera, porque antes de que parezca que se están despegando del suelo y que su cabeza va a echar a volar como una cometa o como un boomerang mal lanzado, ellos echan pie a tierra, se giran, echan el balón atrás, tocan con su portero y comienzan de nuevo, despacio, recordándose que soñar está muy bien, pero la vida que no han vivido simplemente no existe.

Parece, a veces, que los chicos de Manel vean precisamente eso, la vida, por un cristal más limpio que el de los demás. Que tras su ventana la realidad entre iluminada, sencilla. Como una de esas vidrieras de catedral que convierte un sencillo rayo de luz en una revelación. La revelación de darse cuenta cómo pasan los años, qué es lo importante de cada día. Parecen que ven con más tranquilidad que nadie que lo importante no es no equivocarse, sino tener asumido que más tarde o más temprano lo vas a hacer.

Y así, fieles a su filosofía en esto de hacer música, de dar pases, sin sobresaltos, sin excentricidades, sin peinados arriesgados ni declaraciones de portadas, han conseguido rendir al país entero. Incluso en Madrid hay señores con bigote que se ponen de pie cuando pasean su sonoro catalán por la capital. Sin dolores. Sin dramas. Y ya aparecen por cualquier escenario desde las pequeñas salas hasta los grandes festivales… porque hay ganas de escucharles…

Es natural.

 

]]>
1309277400
Pulp, Primavera Sound http://www.lasextanoticias.com/blogs/post/pulp__primavera_sound/24783 http://www.lasextanoticias.com/pictures/693/650693/pictures_20110620_1453650693_crop1sub4.jpg 24783 Hay un tipo… no, espera. Vuelvo a empezar. Hay un SEÑOR subido a unos tablones. Las luces le hacen parecer más delgado de lo que es. Lleva gafas grandes y el pelo perdido, alborotado, muerto. Él habla y todos los demás escuchamos. Y cuando digo todos quiero decir TODOS. Y ese todos somos muchos. De verdad, cientos, miles… decenas de miles. E incluso un buen puñado de gente que no está aquí, no sentimos sus voces ni rozamos su sudor, pero escuchan las mismas palabras y sienten el mismo cansancio. Él, desde lo alto, nos mira sin vernos y nos cuenta que él no sabe nada. O casi nada. Dice que las cosas que ocurren en el mundo día a día tienen la habilidad de escapársele sin llegar nunca no ya a entenderlas sino a poder mirarlas con detenimiento. Pero, dice, que lo que sí que es capaz de hacer es entender aquellas cosas que por ser excesivamente grandes o suficientemente torpes, se plantan delante de él y no hay manera de esquivarlas. Como casi todos podemos…

Cosas como que el día a día se convierta en un pequeño infierno. Como esa sensación de no ser, únicamente por no tener. Sentir que cada concierto es una válvula de escape, es un no mirar atrás y todavía más, no mirar hacia adelante porque ya no queda nada. Es imposible no ver esa enorme soledad al sentir que todo el que debería echarte una mano y ponértelo fácil se preocupa sólo por su propio bienestar. Y Jarvis Cocker hace tiempo que se dio cuenta. Porque poco a poco nos han ido apartando tanto del espíritu crítico que hemos llegado a un punto en el que parece que nada importa. Nada nos importa.

Pero no es así. Porque en todos esos reductos que nos han creado para entretenernos, para mantenernos alejados de todo, sin iniciativa, la gente todavía es capaz de pensar. Nos abren las puertas de los festivales y allí acudimos como ovejas, sin protestas. Nos plantamos ante cualquier grupo, coreamos canciones y nos escapamos al Bar Italia a tomar la penúltima. Y suponen que así estamos entretenidos y que con eso nos vale. Una mano de pintura, dos fiestas y a correr. Pero se ve que nunca se pararon a escuchar la letra. Y no necesitamos más.

Y hoy ha llegado el día en el que no podemos dar otro paso, en el que nos sentamos en mitad de la calle y nos negamos a seguir detrás de ese palo que hace demasiado tiempo que ni siquiera tiene zanahoria. Sentados en medio de la calle no somos tan adorables como en mitad de un festival, no somos tan inofensivos. Y nos levantarán a golpes, nos sacarán de en medio con toda la razón que la televisión esté dispuesta a darles. Y por la noche nos acercaremos a ver a Pulp, al borde del mar. Cantaremos sus canciones y ser felices no nos impedirá volver mañana a la calle, a seguir dejando claro que este burro está harto de caminar sin saber hacia dónde va. Y volverán los palos y volverá la rabia de ver cómo se ríen de ti, como te ningunean. Como se empeñan en difamarte y en abrazar su silla bien caliente y mullida. Y volveremos al suelo hasta que se den cuenta de que lo que hay en las calles no es una minoría anárquica y despeinada. Que lo que hay en todo el mundo no es nada más que gente normal y corriente, GENTE COMÚN. Y los que llevan tiempo modificando el orden natural de las cosas… no somos precisamente nosotros.

She came from Greece she had a thirst for knowledge…”. El escenario grande se viene abajo. La gente salta y baila con una sensación casi perdida, que no nueva. La sensación de saber que gritar y bailar y beber y dejarse llevar noche tras noche y perder el control y follar con desconocidos y amanecer despistado, solo y triste no es lo único que podemos hacer. Que hay un paso más. Que hay tanta gente normal que es imposible perder la batalla.

]]>
1308574860
Tricky, Sala Heineken http://www.lasextanoticias.com/blogs/post/tricky__sala_heineken/24633 http://www.lasextanoticias.com/pictures/1323/631323/pictures_20110519_1814631323_crop1sub4.jpg 24633 El pasillo es largo, estrecho. Goteras inagotables salpican de sonidos una oscuridad intermitente. Los fluorescentes que en otro tiempo iluminaron todo ese cerebro ahora, tintinean. Creando destellos de una lucidez que asusta. Iluminando sordidez. Los pasos son inseguros. Titubeas. Hay constantes codos que salvar, innumerables saltos a lo desconocido. Tuberías que transportan ideas perturbadas recorren el techo pegadas a otras que sólo llevan talento. Abrazadas. La humedad genera un latido monótono y al avanzar pierde el sitio. Otro codo y aparece una luz que no te deja. Hay más. Un punto que se convierte en vano, ventana, puerta, nuevo mundo, sala de estar y en medio, en un trono, Tricky.

De un salto de pie. Al segundo sin camiseta. Y desaparece la luz. Se intuye mirada fija, media sonrisa. Alguien tira de ti y no hay manera. La puerta por donde has entrado ya no es puerta. Una rata corre en su lugar. ¿Salidas? Sólo hay una. Caminas detrás de él hasta que la voz quema tus ojos. Y no es la suya. Es voz de mujer. Tranquila, punto de dulzura. Pero lo que ves sigue saliendo de un callejón de barrio bajo. Huele a peligro y a desengaño. Las gotas se han convertido en una base lenta, balsa de dramas. Un lugar donde apoyar las angustias y transportarlas. El pecho se hincha pero nada entra, las manos se retuercen. Los ojos buscan una luz a la que agarrarse pero nada surge. Nada es. Cambia, modifica, dinamiza. Vuela sin llegar siquiera a existir.

Alguien te empuja. Con violencia. Desde un costado. Suficiente para salir volando pero en seguida otro empujón desde el lado contrario. Energía proyectada desde todo los puntos consigue dejarte inmóvil. Hay manos, cuerpos, gritos, felicidad e histeria. Las bocas te rugen el oído. Los brazos te aprietan la existencia. Saltos a tu alrededor, alguien escupe. La luz parece clarear y vislumbras una turba. Demacrados, anónimos. Demasiada vida y sobre ellos, levitando, la imagen de un Tricky en éxtasis, poseído por miles de incondicionales. Prestando su cuerpo a todos los exorcismos del mundo. Fieras hambrientas de fama disponen de él. Y él se deja devorar.

Pero a un gesto desparece el hambre. Queda una habitación limpia, de luz blanca y paredes acolchadas. Y sin embargo nunca expuesto en medio, Triky. Quieto como una verdad esquiva toda la luz proyectada sobre él. Un anfiteatro de manicomio. Una locura convertida en espectáculo. Es su momento, la explicación. Su conducta errante, bajando escalón a escalón desde Massive Attack. Buscando siempre el escalón inferior. El paso menos. Micro en mano, lo que no queda por decir. Métodos para expresarse, útiles herramientas de un sistema privado e incomprensible. El mensaje queda claro, pero no llega. Se pierde en la luz. Lo pierde la luz. La falta de luz. Su exceso de luz. Cerebro excesivo, excesivamente iluminado.

Los conductos de comunicación funcionan. Son estrechos pero funcionan y las cosas van llegando. El último paso convierte a Tricky en humano. Y por tanto desaparece. El pasillo termina y se convierte en la calle Princesa. El final. Hay regusto de genio y también de perturbado. Nadie parece capaz de caer tan alto ni demostrar ser capaz de subir tan bajo.

Y cuando te giras, a tu espalda nada queda. Pero al volver los ojos hacia dentro lo encuentras. Ahí está. Escapando, una vez más, de su propio final.
 

]]>
1305821700
White Lies, sala Heineken http://www.lasextanoticias.com/blogs/post/white_lies__sala_heineken/24613 http://www.lasextanoticias.com/pictures/9583/629583/pictures_20110517_1117629583_crop1sub4.jpg 24613 Perdona, tengo una deuda pendiente. Tengo que ser consecuente y volver la mirada a hace algún tiempo. Allá cuando la juventud se empeñaba en enseñarnos la cruda realidad… soñar sin descanso y huir sin parar. Vivir eternamente corriendo detrás de tus sueños. Viéndolos escapar. Deseando a quien no se fija en ti y dándole la espalda a quien te busca. Aquellos años en los que la vida se empeñaba en demostrarte que ya nada era un juego. Que la vida se va y te deja con las palabras sin decir, con el estribillo a medio componer. Una época tan difícil como creativa, cuando con cada frase, con cada borrón demuestras que nadie es mejor que tú. Que todo está en tu mano y que no hay metas, sino simples pasos que dar. Cuando aún no sabes que todas las ideas absolutamente geniales que brotan de tu mente, como actores en un casting eterno, no son originales. Alguien, antes que tú, había pensado en todo eso… en todas las sensaciones que te rodeaban como vírgenes de un harem y no resultaron ser más que rameras de barraca portuaria… Cuando ser joven no era nada más que estar rodeado de mentiras blancas…

Déjame que vuelva sobre mis pasos. Que repita tardes de marzo cuando mayo está empezando a caer. Que encuentre de nuevo el eco de Harry McVeigh gritando, con su cara de adolescente pendenciero y sensible, que no quiere desperdiciar su vida. Rascando con precisión de relojero el ánimo de todo aquel que tiene la suerte de escucharle. Que quiere marcar con habilidad de martillo neumático todas las noches de bailes definitivos y promesas definitivas, imposibles de cumplir. Necesito volver a aquella noche de verdadero fervor, de alegría compartida y sonrisas blandas. Cuando éramos más jóvenes y más pobres y por tanto más felices, más sencillos, más de verdad.

Aunque en realidad nada fuese del todo cierto.

Las luces se encendían fuera mientras todo se iba apagando por dentro. Hacía más calor del que esperábamos y había más gente de lo que podíamos llegar a imaginar. White Lies aparecieron en el escenario cuando tú pensabas que todo podría haber sido mucho más fácil. A mí, sin embargo, me faltaba el ánimo. Hora y media después tú decías que los chicos ahora sabían hacia donde ir, aunque no les conviniera el destino. A mí me parecía que aquel oscuro lago era mucho menos profundo de lo que parecía… y por aquella misma razón era aún mejor. La juventud obsesionada con problemas menores, tan dolorosos y simples que bastaba con dedicarles una canción para completar un exorcismo de saltos y euforia.

Una manera tan sutil de ser feliz, que convierte toda la gravedad de años de filosofía, en palabras.

Tardé un par de meses en darme cuenta de todo esto. De la superficialidad que escondía esa música, esos anhelos, en lo más profundo de sus notas. Y tardé al menos dos meses más en ver que aunque no hay concierto lo suficientemente importante como para cambiar el curso de una vida, su función no es esa. Sólo se trata de disfrutar, de encontrar respuestas sencillas a problemas reales. Sin pretensiones. Sin ser nadie especial. Asumiendo que la música es capaz de hacerte feliz a base de intensidad y sinceridad.

Nada más.

]]>
1305624480
Standstill. Rooom http://www.lasextanoticias.com/blogs/post/standstill__rooom/23802 http://www.lasextanoticias.com/pictures/3112/593112/pictures_20110315_1253593112_crop1sub4.jpg 23802 En el escenario se recorta la silueta de una desgracia. Una llamada en plena madrugada y cuando quieres darte cuenta te encuentras en mitad de un drama desconcertante. En un momento tienes que tratar de elegir las mejores palabras para firmar la despedida. Para ponerle el punto y final a una relación que empezó hace ya demasiado tiempo como para tener ahora la cabeza la suficientemente despejada. Ya nada ves de lo que hay delante de ti. Imágenes antiguas deslizan ideas. Cada objeto de tu pasado, de tu infancia se convierte en esencial. Y ni siquiera eres capaz de sentir nostalgia o tristeza por lo perdido. Sólo recuerdas aquella sensación de domingo por la tarde, sentado ante la ventana, soñando, ilusionado. Esperando que tu vida futura fuera decente. Esperando que vivir fuese, con el tiempo, algo mejor que aquello. Sin embargo después, cada año iba demostrando que no había mucho más que vivir. Que las risas, las carreras, los fuegos artificiales no tardaban en perderse, en difuminarse. En pudrirse y en convertirse en avalanchas contra las que había que protegerse. Y la infancia se fue poblando de instantes que nunca terminaron de ser definitivos… Quizás por esa misma razón había que salir a la vida, de frente. Valiente.

Sin embargo las mismas palabras que sirven para dar un paso adelante sirven también para echarse atrás. Sólo hay que cambiarles el tempo, el ánimo. Ahí es cuando te das cuenta de que poco a poco te has ido engañando a ti mismo. Defraudando, cerrándote salidas. Ignorando tus propios reproches. Te vas dejando caer en una espiral de desgana que te va reduciendo el espacio. Recortando el mundo hasta convertirlo en una sola habitación. Esperando que alguien surja y te aleje del cine, la radio, los vicios, la filosofía barata. Aunque en realidad sólo hace falta tener ganas de salir de ahí… ganas de dejar de interpretar un papel que no es el tuyo. Ganas, sobre todo, de mirar hacia adentro, de conocer todos los siniestros personajes que se esconden dentro de uno. Aprender que por mucha fuerza que parezca tener la juventud no habrá ni un solo joven que consiga retenerla eternamente. Sólo hay que sentarse a ver pasar una a una todas las decadencias del mundo. Y confiar en que alguien sea capaz de amarte tan decadente como hayas conseguido ser y así, sin proponérselo, salvarte.

Y cuando la encuentras, o mejor, cuando ella te encuentra a ti, todo cambia. En ese momento, cosas que no parecen tener importancia, la asumen. Gestos sencillos, sonrisas, frases sueltas de conversaciones sonrientes, se convierten en la razón de ser del siguiente paso. Confías en ti porque hay alguien a quien le parece importante lo que tú eres. Lo que eres capaz de vivir. No espera que hagas nada, es más, si se te ocurre tropezar no te sujetará, pero te mirará divertida a tu lado, asegurándote que cada caída superada no es más que una manera más de sobrevivir. De sobrevivir, piensas tú, gracias a ella. Capaz de volver a despertarte la ilusión. La misma que tenías de pequeño en la noche de reyes. Porque ella también parece saber qué necesitas, que anhelas. Y aunque todas las relaciones del mundo tienen sus averías, la paciencia y la constancia son los mejores mecánicos. Y las cunetas están para pararse a pensar, a revisarse, a comprobar cuánto trecho se ha recorrido y por dónde nos va a llevar el camino que queremos coger. Y volver a la carretera, tirarse de cabeza a vivir, y dar cada paso con la fe de un elefante. Sin perder de vista el objetivo final, olvidando todo lo circunstancial. Teniendo claro que lo único que nos quedará será, simplemente, lo que hayamos podido construir entre los dos. Ya sea una vida propia o una nueva vida. La confianza de crear juntos algo que respira. Y en el escenario, esta vez, se recorta la silueta de una alegría.

]]>
1300190820
Nudozurdo, Sala Caracol http://www.lasextanoticias.com/blogs/post/nudozurdo__sala_caracol/23631 http://www.lasextanoticias.com/pictures/7823/587823/pictures_20110304_1914587823_crop1sub4.jpg 23631 Nudozurdo es ese chico que se sienta abrazado a sus rodillas a mirar el mar durante horas. La cabeza protegida por los hombros altos. La mirada escondida en el flequillo. Ese chico que no sonríe, que no habla demasiado, que no parece que le preocupe lo que piensen de él. Un chico alto, de manos afiladas, con tanto talento escondido que posiblemente su propia madre piense que su hijo es un simple perturbado más. Con sospechas terribles sobre los ruidos y las luces que se escapan por debajo de la permanentemente cerrada puerta de su habitación.

Nudozurdo se sienta al final de la clase, con la mirada clavada en su libreta llena de letras cruzadas sin aparente sentido. Siempre auriculares en sus orejas, escupiendo una y otra vez temas de Joy Division, de Jesus & Mary Chain. Su silencio obstinado, impertinente, reduciendo su conversación a unos parcos “gracias” y “adiós” y la sensación de intuir que pasan millones de cargueros a la deriva por su cabeza, crean un hipnótico efecto. La gente tiende a acercarse a él, porque atrae todo ese ruido, tantas ganas de pasar desapercibido, de alejarse no ya solo del camino marcado sino de todos los caminos conocidos. Preparado para abrir un esperadísimo concierto y presentar un ansiado tercer disco con una balada lenta cantada con voz de mujer, con otra voz que le permita alcanzar el ansiado segundo plano.

Pero a Nudozurdo la atención le abruma, le asusta un poco incluso. En conversaciones consigo mismo se pregunta a dónde le ha llevado esconder lo que siente, por culpa de su orgullo. Cuando todas las heridas que le ha provocado no han dejado de sangrar para adentro. Por eso sus canciones (pesadas, rebosantes, secas, perturbadas, salvajes, pero salvajes a la manera de los animales salvajes, sin amaestrar, no dóciles) son contradictoriamente optimistas. Toda una huida hacia delante de las propias miserias. Una manera de compartir todo lo que se ha quedado clavado en la garganta, como una mala tarde de mayo imposible de digerir.

Y ante toda la tristeza que viaja a mil kilómetros por hora a esa altura que queda entre el pecho y la cabeza, Nudozurdo propone su propia terapia de escape: guitarras que imaginan realidades mejores, que tiran de ti hacia arriba, alejándote, mientras bajos pacientes y baterías constantes te clavan en el presente, en una realidad constantemente soportable y, precisamente por eso, definitivamente cruel. Separándote el alma en dos y repartiendo tu cuerpo por mil espejos distintos.

Nudozurdo quiere acostarse con una chica guapa, por supuesto. Pero también tiene claro que entre todo lo que hay dentro de su cabeza, sin ordenar, como la habitación de un adolescente, se esconden las claves para conseguir llegar frente al espejo el día de mañana. Sólo él es capaz de decirse cómo demonios se hacen todas esas cosas que no piensa hacer. No al menos todavía. No si es como esperan que lo haga. No así. No tú. Y, por supuesto, no yo.

Una vez, en una fiesta, bebió de más. También es verdad que nosotros tampoco estábamos muy sobrios. Pero el alcohol se le agarró por dentro y perdió un poco los papeles, toda su tranquila pero dañina forma de ser. Llegó incluso a gritar que era el hijo de Dios. Pero gritaba con tanta clase, con tanta seguridad que muchos de los que allí estábamos le creímos. Fue capaz de contagiarnos el poder, nos sentimos inalcanzables. No había pena capaz de correr tan rápido. Y sin embargo, al llegar la mañana, volvió a quedarse callado mirando al mar. La resaca nos dijo a todos que el que nos había parecido el hijo de Dios no era más que Nudozurdo
 

]]>
1299259800
Primavera Club 2010 http://www.lasextanoticias.com/blogs/post/primavera_club_2010/22603 http://www.lasextanoticias.com/pictures/6413/546413/pictures_20101207_1814546413_crop1sub4.jpg 22603 Por delante el mar y por detrás el asfalto. La brisa de la primavera y el viento helado y seco. Te quitas y te pones. Barcelona iluminada de noche y la noche fría de Madrid. Un antes y un después de todo lo que suena. Conciertos como mojones por los que hay que pasar. Calzadas de notas entre el Primavera Sound y el Primavera Club. A la cara y a la espalda. Dos festivales. Una idea. Dos orejas distintas por las que llegan dos canales enfrentados y convergentes.

Por delante, a la cara, Triángulo de Amor Bizarro. Insolente, recargado. Rápido. La cara oculta de ellos mismos. Enfrentados a sus propios discos. Son las versiones, sus discos, de unas canciones arrolladoras en directo. Originales de verdad, básicas y primordiales. Ocultas tras capas y más capas de sonidos, ruidos, voces, distorsiones. Tan atronador que antes que los aplausos sonaban suspiros tras cada tema.

Por delante, a los pies, Holy Fuck. Cuatro pistolas que disparan al suelo. Improvisaciones con saña, bailes catárticos. Billetes de tren irrechazables a destinos inexplorados. Hay que subirse, hay que viajar y que el destino te aterrice donde haya sitio. En el lugar en el que los teclados imposibles te quieran dejar. Todo con las luces apagadas, con la complicidad de una sala que hace temblar todo el círculo. Un suelo tan frágil ante sus sacudidas que cualquier cuerdo no tendría valor de marcar un solo paso más de su baile olvidado.

Por detrás, al aburrimiento, The Rural Alberta Advantage. Soñando con un pasado campesino, marcando las diferencias entre el folk y tocar una flauta. Predecibles, caminantes al paso de una modernidad conocida, de un estilo manido y poco sincero. Luces de unas fiestas de un pueblo sin arraigo, desconocido hasta para sus propios habitantes.

Por delante, al corazón, John Grant. A pelo, llenando con un pequeño piano todo un espacio por crear. Sincero, sentido, generador de un silencio y un respeto digno de un predicador. Propietario de una voz que da que hablar, marcando territorios, coronando desconocidos. A medio camino entre lo antiguo y lo inexplorado, con defensores del tamaño de un templo y actitud de parroquiano de bar. Tal cual. Peleando con su propia genialidad por ser uno más.

Por detrás, al orgullo, Edwin Collins. Al orgullo y la pena. De quien lo fue todo y ahora ya casi no es nada. Nadie. De quien sobrevive a un varapalo de tal magnitud que sólo le queda el valor. Pero no el tono. Perdida la voz y la afinación se aferra al escenario como el último reducto donde demostrar quién fue, aunque ya no sea. Reflejo de lo injusto que es vivir. De la rabia que da ser un ser humano siempre, de día y de noche, delante de los tuyos y no perder la capacidad de darte cuenta de que todo lo que peleaste por ser, hace tiempo que no hay manera de traerlo al hoy de nuevo. Es irrecuperable. Nada más.

Por delante al sentido común. Y al flequillo. Cuchillo como una mañana de lluvia en casa. Como un domingo de juego de mesa y gin tonic. Lógico, sencillo, correcto. Básico. Paso a paso construyendo la siguiente lección del indie patrio. Con la convicción de quien sabe que no está haciendo nada mal. De quien sabe que no es el número uno de la clase, pero que nunca bajará a segunda. Y que muy mal se tiene que dar la temporada para que Europa no se fije en ellos.

Y te quitas el abrigo pensando en el Forum. Pasado mañana la cosa será distinta. O quizá será igual. Será como darle la vuelta a la entrada y ver qué queda de verdad en la parte del año más fresca. Más amable. Más sonora. Hasta entonces, recuerda estos segundos. No hay más.

 

]]>
1291742400
The Walkmen - Sala Ramdall http://www.lasextanoticias.com/blogs/post/the_walkmen___sala_ramdall/22332 http://www.lasextanoticias.com/pictures/763/540763/pictures_20101123_1719540763_crop1sub4.jpg 22332 Entradas Agotadas tiene poco tiempo. Se escurre en la noche de un viernes frío y húmedo y evita el contacto directo con la modernidad de The Drums y el buenrollismo de Vampire Weekend. En una pequeña sala hablan de sus cosas, se beben un litro de cerveza y escuchan a un grupo del que no esperaban recibir tanto: The Walkmen.

Rápido, tienen poco tiempo. Sus agendas cada vez tienen menos hojas y sus relojes menos números. La música empieza a sonar y la voz de Hamilton Leithauser cautiva desde el primer tema. Canciones basadas en repeticiones, en detalles, en tonterías. Cimientos hechos de serpentinas y confeti, tan bien revestidos que se convierten en edificios indestructibles, rotundos, geniales.

Cuando un castillo está en el aire no hay manera humana de ponerle un foso. Y todo le llega.

Y dentro del castillo hay una voz que te atrae. Una de esas voces que se quedan enganchadas en los focos, en mitad de un breve silencio, que flotan, que cuajan, que tardan demasiado tiempo en difuminarse, en perderse. Y tu cabeza no es capaz de borrarla.

El tiempo traerá más tiempo. Y entonces Entradas Agotadas tendrá tiempo para conciertos grandes y para otros pequeños. Tendrá tiempo de verdad, no como ahora. Y tratará con mimo a quien nos cuide las orejas. Como The Walkmen. The Walkmen no merecía esto, pero merecía algo. Así que tienen esto. Si quieren algo más que vengan otra vez.

Estamos trabajando por organizar mejor nuestras vidas. Así podremos servirnos más y mejor de nosotros mismos. Mientras tanto perdonen las prisas.
 

]]>
1290529800
Crystal Castles en La Riviera http://www.lasextanoticias.com/blogs/post/crystal_castles_en_la_riviera/22251 http://www.lasextanoticias.com/pictures/8343/538343/pictures_20101118_1728538343_crop1sub4.jpg 22251 Vamos, no pierdas el tiempo. Ven, pasa. No mires atrás y no hagas preguntas. Estás en tu casa, con los tuyos. Quizás ahora no los reconoces, pero son los tuyos, son como tú. Este perfecto ejército de epilépticos está a tu servicio. Dispuestos a rodearte y a perder tanto el control que cuando tú lo pierdas absolutamente nadie se dará cuenta. Será tan sencillo como dejarse llevar. Dejar entrar el torrente por tu boca, por tus orejas, que corra por tus entrañas y atemorice a todas tus células. Será como pasear por un bosque oscuro de noche, salpicado de histeria. ¿Puedes oírlo? Es el sonido de la salvación. De la locura y de la salvación a través de la locura. Son Crystal Castles.

Perdóname señor porque te pierdo de vista. La cabeza se me va, bracea, boquea buscando aire y cuando me asfixio tu imagen se difumina. Perdóname señor porque tus contornos se borran en mis ojos, porque tu mancha se limpia y tus dedos no me tocan ya. Perdóname porque es una secta tan potente que es muy difícil resistirse. Afloja los nervios, relaja la desconfianza y libera la mente hasta el absurdo. Las peores ideas las convierte en obviedades. Y hay un batería al fondo, oculto tras una manada de jóvenes poseídos y una cortina de humo y sudor, marcando un ritmo imposible. Un ritmo que tú no podrías seguir, señor. No con esa incómoda túnica y esas sandalias tan poco preparadas para la pista.

El texto de la revelación está escrito en golpes de sampler, en teclas distorsionadas hasta la saturación. Es un libro sagrado, incorruptible y físicamente pesado. Su autor tiene manos y pies y unos brazos largos que le llegan hasta el alma de todo el que le lee. Tiene rodillas que se doblan y a veces incluso voz, pero no tiene cara. Tiene pelo y barba, y una capucha eterna que le cubre mientras escribe las frases que hay que seguir. Son frases que se te clavan por la repetición. Una y otra vez. Con pesadez y constancia. Una capucha que nos cubre a todos haciéndonos uno solo. Una capucha para unir a un pueblo. Y cuatro frases por canción. Sencillo, directo, fácil, poderoso, perfecto para calar y aducir. Un terremoto de arriba hacia abajo que no deja de ascender.

Y su profeta, qué decir de ella. Si sus primeras palabras las dijo con sus pies, caminando sobre su público como si fuese la elegida. Convirtiendo gritos en notas y susurros en oraciones. Meciendo el templo con su media melena. Regalando pantalones de boxeador y mostrando mallas ajustadas. Los ojos perdidos porque su mirada estaba en cada uno de nosotros. Sin quitarnos los ojos de encima. Controlando sin necesidad de levantar la cabeza. Todo en ella está tan poco tiempo que nunca sabes cuándo se fue ni tan siquiera si alguna vez ha estado. Como su voz. Si no grita no la oigo y no sabes si es porque no tengo que oírla, porque se ha callado o, sencillamente, porque la han devorado en las primeras filas en señal de sacrificio reflexivo. Y cuando se muestra, su voz, está tan distorsionada que anula todos los aspectos de tu voluntad, alejando al sentido común de tus pies. Muerta y sin aristas de ningún tipo. Va de frente, a por todas, con la inconsciencia de un toro bravo puesto de MDMA.

Así que ven. No lo dudes más. Pero ven con todo. Ven si tienes fuerzas. Si eres valiente de verdad. Si tienes ganas de venir y vas a ser capaz de soportar una hora a este ritmo. Pero olvídate de la inconsciencia gratuita. Olvídate del todo vale. Aquí nada vale.
 

]]>
1290097200
The Posies, sala Heineken http://www.lasextanoticias.com/blogs/post/the_posies__sala_heineken/21773 http://www.lasextanoticias.com/pictures/5771/515771/pictures_20101011_1208515771_crop1sub4.jpg 21773 Entre Seattle y Malasaña hay cerca de 12.000 kilómetros. Pero entre la Sala Sol y la Heineken de Madrid no hay tanto. Sobre todo si las dos se convierten en el hogar de los años 90. Al menos de mis años 90. De lo que me interesaba y me hacía sentir diferente en los años 90. En la misma noche homenaje a Carlos Berlanga y concierto de los Posies. Mi adolescencia llamándome para quedar. ¿Por qué los Posies al final? Porque, cruda y sencillamente, Carlos Berlanga está muerto y los Posies no, ni mucho menos.

Un muerto no es capaz de escupir tanto y tan lejos como Ken Stringfellow. Lo hace cada vez que canta como para liberar el sobrante de rabia que las canciones no le terminan de gastar. Porque tanto él como Jon Auer tocan y saltan como si fuesen adolescentes, se visten como adolescentes, se pintan las uñas de negro como adolescentes descarriados e incluso se peinan como se peinaban los adolescentes hace 20 años pero, ay el tiempo, ya no son tan adolescentes. Son dos tipos de 42 años, con callos en las manos de tocar y un gusto insultantemente sencillo para la música. Una especie de marineros de rock dulce y pop salado.

Con las guitarras se cagan en dios y con el tono de voz le dan gracias por la vida que les ha tocado vivir. Bofetadas con los trastes y caricias con las cuerdas vocales. Lo han hecho toda la vida y lo repiten en Blood & Candy, que acaban de sacar a la luz. 17 años después del Frosting on the Beater y estos chicos siguen sacando discazos, o al menos a mí me sigue interesando el rumbo que llevan marcado desde que zarparon.

Y todavía, de vez en cuando, el bueno de Jon Auer –sudadera de capucha, media melena cortada en dos por lo que ya empieza a ser un generoso cortafuegos, papada generosa, blanco como la noche, adorable y aterrador, lo mismo te compone un temazo que empieza a disparar a discreción desde la ventana de su casa- se pone a puntear. Eleva el mástil de su Gibson al cielo como si el escenario fuese un barco en el que casi nadie quiso embarcar y entra en trance… y a veces aún crea instantes en los que realmente merece la pena estar así, una cuarta por encima del suelo.

Y el viaje que propone este navío sigue siendo el mismo que ha hecho desde que estos dos lobos de mar botaran su barco estrellando un Fracaso en su casco. Un crucero por mares tranquilos, agradables vientos salados en la cara, vistas tan infinitas como evocadoras. Y después por tormentas rizadas, abismos y crestas como dientes de sierra. Cambios de ritmo como ataques de epilepsia, como ataúdes de alfileres, como goles en el descuento…

No se cansan los Posies de los escenarios. Llevan tanto tiempo navegando por tantos, en tantos lugares, que ya no le tienen miedo al naufragio. Otean el horizonte, charlan entre ellos del estado del mar, se hacen bromas como agradables marineros aburridos. Conocen tan bien este mundo que aunque no quisieran seguirían disfrutando. Capaces de repetir un tema sin que nadie se lo pida sencillamente porque no se han quedado a gusto con cómo ha salido. Y siguen consiguiendo que todos los peces nos quedemos muy quietos, saltando y bailando, de acuerdo, pero muy quietos en el fondo, sin perder de vista ni uno solo de los gestos que nos regalan. Y no pretenden pescarnos. No se molestan si nos vamos unos años a echarle un ojo a otros barcos que pasen cerca, o viajando hasta el fondo a admirar lo que queda de otros pecios. Porque saben que al final siempre volvemos. Siempre que sigan haciendo lo que saben hacer, porque es muy fácil disfrutar esa cosa que los Posies hacen que es cantar tan bien que duele.

]]>
1286793180
FIB Heineken 2010 http://www.lasextanoticias.com/blogs/post/fib_heineken_2010/20763 http://www.lasextanoticias.com/pictures/1913/481913/pictures_20100818_1016481913_crop1sub4.jpg 20763 Y en el último minuto The Sunday Drivers empatan el partido. Vaya pedazo de concierto se marcan para terminar su carrera. Cuando pensábamos que los de Toledo sólo podían aburrirnos nos dejan totalmente picuetos. Así que ¡bieeen! Saltitos y brazos en alto. Después Bigott, bien, gracias. Y el mundo entero se agolpa para ver a The Prodigy. Un momento… ¿a quién estás llamando negrata? ¿Y desde cuando Prodigy llevan guitarras y batería? ¿Quién me ha tenido engañado toda la vida? Klaxons hacen ruido, sonrío… no, es mentira. Sólo salto. Y en la Pista Jack Daniels rezo para que no se haga de día y cuando miro, ¡zas! El sol está en la playa olvidándose de que ha dejado el café en el fuego. Demasiada indignidad. Así, a primera hora de la mañana del domingo, se va el sábado.

Llegué el jueves. Salté en marcha del coche de mi cardiólogo justo cuando pasaba ante el festival. Y vi el valor de Cohete, apartando al sol, entreteniendo a los valientes. Después piscina. ¡weeee! Y de fondo El Hijo, tan profundo que la gente no tiene más remedio que acercarse en procesión... ¡apunta! (con rotulador verde apunta:) “p r o c e s i ó n”. Charlotte Gainsbourg impresiona si has visto “Anticristo”. Ahora, cantando… fail!. Y Brendan Benson no se merece el poco caso que le estoy haciendo. No deberíamos jugar a pelota y bicicleta. De lejos Love of Lesbian le explican a los guiris que esta fórmula funciona en este país. Y desde ahí hacia arriba. The Temper Trap tienen la llave de la casa de la diversión y han montado una fiesta… que se solapa con la de Kasabian. Fiesta y más fiesta… estoy demasiado viejo para esta mierda. ¡Qué bien Broken Bells! ¡Y qué lejos! ¡Cuántas cosas! Mira, ¿eso no es el sol? Oye, ¿sabéis dónde hay un after? ¿No? Pues mejor. A dormir… buenos días caballeros… qué van, ¿a trabajar? Nosotros es que somos fibers, ¿sabe? Voy a meter los pies en Red Bull.

Qué quieres que te diga, el año que viene venimos tres días solo. Yo el domingo soy un bonito cadáver… bueno un cadáver a secas… Se me han escapado Standstill en el Verde mientras yo me buscaba en la piscina del apartamento. Sólo veo el final de Two Door Cinema Club y oye, resucitan a un muerto estos… Y si Lily Allen dice que viene es que viene… casi seguro. Y si no viene habrá que bailar capoeira con… ¿The Pinker Tones? ¡Vengahombre! Es domingo, mejor no preguntes. Echo & the Bunnymen, “congratulations for the world cup”… que sí, que sí… “Iniesta aquello, La Roja lo otro…”. Oye, ¿esto es rock? Sí. Pues ya era hora. Y después, veamos lo último en cine mudo: Gorillaz. Momentos inolvidables… Bruce Willis, Clint Eastwood, Pearl Harbour… creo que ese el punto… si alguien me llega a mirar tendría que haberme bajado al suelo de nuevo… El año que viene habrá que volver, porque si con este cartel nos lo hemos pasado así… ¡hasta aquí puedo leer!

Qué bueno es Chinarro… así da gusto ver un concierto de día, tirando de la resaca. Levantando el viernes como si fueran ángeles. Perdona, ¿tenéis pastillas contra el mareo? No, tengo de las que marean. ¡Cua! Y de ilegales a Julian Casablancas con la facilidad que dan polvo y asfalto. Un momento, ¿a quién estás llamando negrata? (¿otra vez? Oye, funciona) ¿este tema no es de los Strokes? Casablancas era Strokes. Pues debería estar prohibido que en solitario tocaran los temas de grupos anteriores. Díselo a Peter Hook, que todavía vive del primer disco de su vida… da igual, para los que nacimos tristes este es un disco especial. Empieza Hot Chip. Explota un fiber a lo lejos… se oye el ¡pum! y huele a cansancio y a cerrado. Un tipo se sube a hombros de alguien totalmente en pelotas. ¡Y allí otro! No, espera, se ha caído de espaldas. Otro ¡pum! Y de aquí a Vampire Weekend no hay dios que controle esto. Y en medio de tanto vampiro de finde, bailando tanto que no tiene gracia, me acuerdo de que Rosendo ya definió el FIB sin pretenderlo… “Nunca dos días iguales… Y TODOS LOS DÍAS IGUAL”.

]]>
1282120080
Devendra Banhart, Joy Eslava http://www.lasextanoticias.com/blogs/post/devendra_banhart__joy_eslava/20572 http://www.lasextanoticias.com/pictures/6603/466603/pictures_20100722_0956466603_crop1sub4.jpg 20572
No more dramas”. Bien claro lo ha dicho. Nos lo ha dicho ahora, entre los pelos de su barba contenta, pero ya nos lo había dicho bien claro cuando sacó este disco. Se acabaron los dramas. Se acabó el sufrir y el llorar. Todo un augurio para ser 10 de julio y volar entre todos nosotros un aire de campeones del mundo a medio creer.
 
Devendra Banhart empuja el buen rollo- quién nos lo iba a decir-. Vestido pulcramente de rojo, con una chaquetilla amarilla, este chico dice mucho más de lo que calla. Y dice que quizá no pueda ayudarte pero que, qué diablos, al menos te va a sonreír. Y ayuda; y hace que la sala se menee como una playa caribeña. Y todos los que le miramos con la felicidad asomada a los ojos, olvidamos que mañana hay cosas que hacer. Que está a punto de entrar una nueva semana en la que habrá que ir a trabajar, la cita con el médico, arreglar esos papeles, no te olvides del dentista… todo eso desaparece y el núcleo ardiente y líquido de nuestros cerebros se planta en el hoy, en el ahora, en el ya y no hay dios que lo mueva de ahí.
 
A este muchacho doloroso y feliz lo vieron crecer las calles de Caracas y su castellano es tan dulce como caribeño. Juega con nosotros, con las palabras, con los cambios de ritmo, con los tonos, los idiomas, los géneros musicales, la guitarra, el teclado, las cuatro pistas, pruebas de sonido, reminiscencias, Caetano Veloso, Beck, Nick Drake, Manu Chao, danzas tribales, Joy Eslava y el ron. Ese ron al que da pequeños tragos mientras avanza por una especie de viaje tranquilo y relajado en el que ha convertido esta noche.
 
A su alrededor, por cierto, la banda The Grogs actúan como actuaría una cla perfecta. Sonríen cuando tienen que sonreír y desaparecen cuando el artista se pone profundo y ambiguo. En grupo, tocando, parece como si de repente hubiesen puesto paredes y techo a una actuación callejera, atrapando el momento, con la multitud agolpada asombrada ante ellos también, cazándonos a todos en una jaula de solera e historia madrileña.
 
Pero entre canción y canción Devendra deja mucho más. Deja detalles de ser humano real. Porque no olvida que a él mismo le descubrieron cuando alguien más importante de lo que parecía le escuchó en una pequeña sala de Los Angeles. Por eso ofrece guitarra y escenario a quien tenga algo que cantar. Y ese alguien se llama Ricardo, que sube y toca y canta un tema escrito la noche anterior. Todo parece nuevo y torpe menos Devendra, que poco a poco comienza un humilde acompañamiento al que se une el resto de la banda, elevando a Ricardo al nivel de compositor y convirtiendo sus inspiraciones nocturnas en toda una canción.
 
Creando momentos. Disfrutando el instante. Como cuando tenía 7 años y se subió por primera vez a un coche. Vomitó, sí, pero también escuchó una canción que ahora versiona, sacando una alegría de cada uno de los dramas que le ha ido regalando la vida.
 
Delgado, escurrido, débil, oculto tras un nombre que siempre pensé que era de mujer hasta que le vi los pelos, Devendra parece pequeño, callejero. Un perro listo que ha ido dando tumbos, de casa en casa, de país en país, buscando siempre una corriente a favor que le acerque a algún lugar mejor, despreocupado y moderno… hippie, eternamente enfrentado con el diablo y con Dios. Pero no puede ser. Hace falta tener ayuda de alguno de ellos para haber estado saliendo con Natalie Portman.
 
Devendra mola.

]]>
1279786080
Día de la Música. Circo Price http://www.lasextanoticias.com/blogs/post/dia_de_la_musica__circo_price/20253 http://www.lasextanoticias.com/pictures/6953/456953/pictures_20100702_2008456953_crop1sub4.jpg 20253 Corre. Chinarro está a punto de empezar y no nos lo podemos perder. Quizá sea lo mejor de la mañana. Sí, lo sé, es domingo, mediodía y quieres dormir pero no hay opción. Es el Día de la Música y hay que vivir. Coño, hay que vivir. Mírale, serio, sereno, desafiante. Esa barba es el punto que le faltaba para que el mundo se dé cuenta de que Antonio Luque es el gurú del indie español. El espejo donde mirarse, las manos que imitar, la poesía que leer. Tiene muchas cosas que contarte pero no es el tipo de persona que te persigue para explicarlas… No. Te tendrás que preocupar tú por aprenderlas.

Y los chicos de Hola a Todo el Mundo parece que se las saben bien. Van paso a paso en cada canción. Construyendo unas melodías agradecidas a base de fundamentos y melenas. Hippies como los 70, directos como los 80, oscuros como los 90 y sinceros como estos últimos años. Llevan tiempo aprendiendo y merece la pena no quitarles una oreja de sus xilófonos, banjos, campanillas y demás sonidos diferentes que aportan. Han conseguido convertir a Triángulo de Amor Bizarro en épicos. Con la ayuda de esa voz que gasta Chinarro tan de señor. Tan rotunda y frontal. Cantada con las manos en los bolsillos y la frente salpicada de existencia.

Hay un in-pass. Perfecto. Tú busca un café, yo recorro los puestos del mercado que le han acoplado al Price. No sé si comprar los relatos de Nacho Vegas con regusto a Bukowski asturiano. O la biografía de Fernando Alfaro… la cantidad de cosas que se deben de ocultar en esa cabeza… me decido por un par de recopilatorios de Jabalina y de Elefant… hay que pagar por la música de vez en cuando, para que no se nos olvide quién hace bien las cosas…

Así, en plan dominguero, con periódico (Mondosonoro de cabecera) y pan (dos cedés), me planto en primera fila sin pegarme con nadie. Una pena. Nunca he lamentado tanto no estar rodeado de gente en un concierto. Es una verdadera lástima que millones de personas no puedan pegar botes al ritmo de estos chicos franceses. No creo que se afeiten los cuatro, pero tienen ganas de arrancarles los pelos a los amplificadores y van a conseguir que salgamos a comer completamente agotados. Te mueven hasta con el nombre, The Popopopops nos enamoran a todos. Ahora vuelves… una pena, te has perdido media sesión de baile francés…

Será por eso que el otro francés invitado no viene. Benjamin Biolay tenía que acompañar a la solvente Christina Rosenvinge. La ley del aprovechamiento de los medios. Cantando poco, tocando flojo y la Rosenvinge ya es la princesa del cuento. Una pena que su príncipe azul francés no haya podido venir, pero casi mejor. Chinarro sabe cantar incluso en el idioma de la Revolución. Esta rana no necesita que nadie la bese. No ha venido aquí a cambiar.

Vamos a comer y volvemos rápido. Me han hablado maravillas de Band of Skulls y de FM Belfast, pero creo que necesito más horas en cada día… Vuelvo para ver a Manel, y los chicos de Barcelona también tienen poco tiempo para demostrar que el folk se puede cantar en catalán y que quede bonito. Una pena que tengan que explicar las letras en castellano antes. A mí me gustan tal cual suenan, con esa Gent Normal que me hace sonreír y con temas como Al mar, que son de esos que te hacen desear estar enamorado.

Una cerveza, o quizás dos para recibir a Nacho Vegas. Debería estar prohibido que le vieran los abstemios. Nacho es el envés del mal. Está en la cara oculta del infierno, liándose un pitillo y componiendo la banda sonora de todos nuestros entierros. Es tan grande que deprime. Su aspecto no anima mucho más. Declaro, además, mi profunda admiración por Abraham Boba, su pianista, y por su peinado de concurso.

Pido perdón a Fanfarlo y le dejo una nota a Delorean. Me rindo. Tengo que dormir. Mañana es lunes, hay trabajo, juega España. Esto es un mundial, coño… y hay más Día de la Música.

Cuando Villa mete el segundo a Honduras salgo de El Cartel, el bar que hay junto al Price y paso a ver el final de Standstill. Una debilidad. Creo que este año nadie va a hacer mejor disco que ellos en este país. Y acaban con clásicos. Quisiera no mover la cabeza como un animal empapado escuchando Cuando, pero soy incapaz. Tengo ese tema escondido en el pecho.

Bajo a la pista a recibir a porta gayola el fin de fiesta. A mi lado los chicos de Polock firman autógrafos, se hacen fotos. Tú dices que han estado bien. Te creo. A mí me ha gustado más Busquets. Para gustos, bandas. Se apagan las luces, la gente se anima. Hay ganas de bailar. El escenario está a oscuras y sólo se ven dos “x” iluminadas. Salen, por supuesto, los muchachos de The xx. Tienen clase. Renuncian a casi todo y aún así son agradables. Pero pronto se pasa el efecto. En casa, escuchando el disco, es distinto. En directo cuesta trabajo mantener la atención. No hay batería, sino un chaval tocando con sus dedos en unos botones que hay frente a él. Parece un tipo cabreado por haber olvidado el pin de su tarjeta de crédito. Se acaba la magia y sólo llevan cuatro temas. Sube algo con Basic Space pero no consiguen lo que logran en el salón de mi casa. Aplausos. Abrazos. Un placer. ¿Nos vemos mañana? No, es cierto, mejor mañana cada uno en su casa. Habrá que digerir toda esta música.
 

]]>
1278094620
Benjamin Biolay - Sala Heineken http://www.lasextanoticias.com/blogs/post/benjamin_biolay____sala_heineken/19302 http://www.lasextanoticias.com/pictures/2952/432952/pictures_20100526_1455432952_crop1sub4.jpg 19302 ¡Qué bueno es! Corro detrás de las palabras tratando de encontrar las que descifren todo lo que pasó por mi cabeza y por los dedos de mis pies aquella noche y no soy capaz. No doy con ellas. Pienso que quizá todas las palabras sean pocas y, también, que pocas palabras sean demasiadas. Que los sonidos que salieron de ese escenario… mejor aún, que los sonidos que llegaron a mis oídos sólo los podré escuchar yo de aquella manera… son mis sentimientos… mi modo de vivir esas canciones. Nunca tendré la posibilidad de explicar lo que Benjamin Biolay consiguió generar en mí.

Esa sensación de estar admirando a un tipo especial… que mezcla la clase de Jean Paul Gaultier con la extrema delicadeza moral de otro Jean Paul, Sartre. Un hombre que pasea un traje elegante por las profundidades más sórdidas. Las profundidades de la chanson francaise. Porque su manera de cantar, su voz, coloreada por el humo de sus incontables cigarros, es tan profunda como mirar a tus propios cadáveres a los ojos. Doloroso y valiente. Sincero como un ataque al corazón.

Biolay viaja subido al escenario. Y deja en tu mano seguirle o no. Eso no parece importarle… pero si se gira y te ve detrás sonríe, con esa humilde sonrisa de desesperación francesa que tanto parece animar quien la ve y tan poco parece hacerle vivir a quien la recibe. Él va de la suavidad más cómoda a lo áspero como la tos. Y desde ahí salta sin ningún pudor al vacío del drama, sin perder jamás la elegancia.

Y tiene el suficiente valor como para recoger todo lo que queda de la chanson francaise y convertirla en música de baile. O en un discurso cantado. O en un melodrama a dos voces cediéndole a su atractiva arpista el protagonismo en unos largos minutos en los que él se ausentó.

Biolay es capaz de hacer canciones tan redondas que da miedo escucharlas demasiado, por si acaso la rutina termina matando las sensaciones que producen. Es responsable de un disco soberbio, que se hace personal en los oídos más que en la garganta. Pero además está rodeado de una calidad musical muy trabajada. Donde, desde la constante batería hasta los lamentos del theremin, empujan a ese tobogán en el que montamos todos. Y poco a poco, al salir de la sala, uno a uno vamos cayendo en la espiral dibujada con mano firme pero lenta.

Manos en los bolsillos, silenciosa voz profunda, el flequillo cubre un solo ojo, la cabeza se ladea, la mirada no busca, vaga, el paso al caminar es un dormir una noche en la calle, hace frío, el cuello de la chaqueta sube, empieza a llover, muy fino, como agujas, alguien baja una persiana a lo lejos y, más lejos aún, ladra un perro, sobre el silencio de la noche se yergue el sonido de los pasos propios, de un arrastrar sin meta, de la respiración constante, del ascender del humo del cigarro, la boca sabe aún a ginebra y a tabaco y a más de un amor que casi parecía olvidado, pero la memoria ya no busca qué recordar porque todo se ha perdido y, precisamente por eso, todo, absolutamente todo, está aún por conquistar.

Herido y abandonado en la trinchera sólo quedan batallas que ganar.

]]>
1274879100
Love of Lesbian en casa de Lorenzo Castillo http://www.lasextanoticias.com/blogs/post/love_of_lesbian_en_casa_de_lorenzo_castillo/19243 http://www.lasextanoticias.com/pictures/283/430283/pictures_20100521_1230430283_crop1sub4.jpg 19243 Voy a la cocina. De la nevera saco una cerveza y me la sirvo en una jarra de cristal. La compré en Dublín y sólo la uso en ocasiones especiales. Desde la ventana se ve la noche acercarse a la ciudad. Hay gente en la calle pero bastante menos que en casa. Doy un trago a la cerveza y sonrío… no todos los días tienes a Love of Lesbian tocando en el salón.

Y ahí sí que no hay hueco para artificios. Ante más de ochenta personas sentadas en el suelo no hay resquicios para maniobras de escapismo. Más aún si en primera fila, a tus pies, se sientan unas adolescentes fanáticas. Ese público que sigue a Love of Lesbian allá donde vaya y que echa para atrás a un montón de indies que reniegan de los de Barcelona. Esos que, aunque escuchen grandes temas, cierran los oídos por culpa de esas niñas que gritan en la primera fila de los grandes pabellones. Ya se sabe el repelús que da el éxito a un montón de musicólogos.

Aunque algo de culpa tienen los lesbianos. Empeñados en hacer el payaso en todos los circos que montan. Juegos de palabras, letras humorísticas, disfraces, bailes entre el público… actos que les acercan tanto a sus seguidores que llegan a restarle algo de credibilidad a su pop redondo e iluminado. Piezas de orquesta de cámara del siglo XXI que pegan dentro con mucha facilidad y, sin embargo, se empeñan en acercarse demasiado para asegurarse el toque. El ídolo se empeña en hacerse colega y uno siente que no era necesario.

Por eso, acostumbrados a tratar de reducir grandes espacios con carisma, el salón se les hace demasiado pequeño. A ratos angustioso. Salen nerviosos y se ve. Se ve cómo las manos sobran y, si no tocan algún instrumento, vagan en gestos torpes alrededor de los bolsillos del pantalón. Se ve como se buscan con miradas cómplices tratando de encontrar algo de calma común. Todo está demasiado cerca, todo demasiado a la vista. Así que a tomar por el culo con la cortesía y las frivolidades. A pecho descubierto y con la delicadeza que exige la vecindad pegando la oreja al otro lado del muro.

Afrontan canciones olvidadas, recortes de sus discos en versión acústica y sentida. Incluso se atreven con una joya escrita por Antonio Vega que consigue erizar los pelos de las alfombras. Se han visto enredados en un cuerpo a cuerpo con la música y después de dudar y recibir un par de golpes han sacado su calidad y ahora pasean por la casa como si fuese suya.

Tan cómodos se sienten que el concierto empieza a parecerse al que dieron hace un mes en el Circo Price. Santi Balmes se cuela entre las primeras filas para cantar algún tema, relajado, rodeado de miradas muy cercanas de admiración de mujeres de espíritu quinceañero. Alguna, además, no tiene más de quince años. Y hacen bromas y hacen reír porque son realmente graciosos… y eso les vuelve a alejar de ese halo de banda importante, de músicos sensatos con historias trascendentes que contar. Ahora parecen sólo buena gente, unos buenos amigos que han invadido el salón de casa para hacer música, oye, más que decente.

Y así, como amigos que saben cantar y no como una banda que ha podido firmar algunas de las mejores canciones pop en castellano de los últimos años, se van. La gente sale detrás, la noche ya se ha cerrado. Y con este sentimiento de triste paz me quedo divagando mientras recorro los pasillos… ¿quién va a limpiar todo esto?

]]>
1274438220
Gil Scott-Heron – Joy Eslava http://www.lasextanoticias.com/blogs/post/gil_scott_heron_–_joy_eslava/19142 http://www.lasextanoticias.com/pictures/4602/424602/pictures_20100513_1156424602_crop1sub4.jpg 19142 Juro que no conocía de nada a este hombre. No sabía ni que, para muchos, de su cabeza surge todo lo que hoy es hip-hop, ni que había grabado más de 20 álbumes. Desconocía que era un tipo de 61 años, con la cara marcada de sonrisas, con facilidad de monologuista para la palabra y una visera perenne que esconde ojos de sabio. Por no saber ni siquiera sabía que era negro pero ya ves, uno tiene que seguir siempre los consejos de los buenos amigos y ahí estuve yo, en mitad de la magia que se empeña en crear Gil Scott-Heron.

Pero en seguida todo parece una reunión de viejos conocidos. Ese hombre lleno de huesos y verdad empieza a hablar y con su voz y su tono de amigo contando sus anécdotas con la nube de ceniza del volcán, te hace relajarte y sentirte uno más, un compañero de instituto que ha montado una banda, un hermano. Pero después se sienta ante el teclado y, mientras juega con él, comienza a hablar y a cantar y supongo que así es como sonaría si Dios se dedicase profesionalmente a doblar documentales de la BBC. Esta es la famosa poesía cantada… o las canciones habladas…

Tras un par de temas sacados de debajo del pecho, aparece el resto de la banda. Todos relajados, todos sonrientes, todos con camisa y chaqueta. Percusionista, teclista y saxofonista. Y todo, absolutamente todo, desde las notas que salen del saxo, al humo que trata de conquistar el vetusto techo de la Joy Eslava, parece sinceramente improvisado. La gente aplaude con calma, como si temiera romper algo. Y entonces el saxofonista deja su instrumento y toma una larga flauta plateada que siembra de cariño para recolectar nota tras nota… y prometo que yo seguiría a ese flautista al fondo de un río profundo rodeado de niños y de ratas, saltando y sufriendo si él lo pidiera con su flauta.

Hay un punto de jazz, de blues, de darle vueltas y más vueltas a una frase de notas, una y otra vez sobre el mismo tema, susurrando por orden y a la carrera sobre los teclados, el saxo o las congas… Ese punto que impone el jazz en el que los aplausos no tienen por qué estar al final de una canción, en el que los músicos se turnan por el respeto y las bocas abiertas de par en par, en el que se van pasando la atención como quien se pasa la pelota que hipnotiza a un público con agujetas de sonreír. Ese punto en el que cada canción tiene la duración que tiene, y cuesta saber, una vez han decidido ponerle punto final, si se han pasado tocando cinco minutos o cuarenta. O si es que realmente llevabas esa frase en tu cabeza desde que naciste y ellos sólo han ido despertando el músico que nunca quisiste ser.

Y lo más sorprendente es que en esa atmósfera de paz, calma y sonrisas, se posa un ambiente constante de derrota, de gente que han visto escaparse la batalla entre sus dedos de artista, una sensación de fragilidad humana con la certeza, eso sí, de que más adelante habrá días mejores. Más adelante pero no hoy. Hoy el día ha sido tan bueno que no hay más remedio que darlo por perdido, porque con este ánimo no hay dios que llore las letras de Gil.

]]>
1273745580
Furguson, sala Siroco http://www.lasextanoticias.com/blogs/post/furguson__sala_siroco/18561 http://www.lasextanoticias.com/pictures/2093/402093/pictures_20100330_2034402093_crop1sub4.jpg 18561 Pica el calor y la humedad en esta recién estrenada noche de primavera junto a la costa. Matamos el agobio del tiempo de espera y de la multitud apiñada junto al escenario grande contándonos historias. Algunos, los de aquí, reconocen no haber dado ni un duro por ellos la primera vez que se los encontraron tocando. Hace muchos años ya… sería en 2009 más o menos, en la Sidecar, supongo. O en la Apolo2, más preocupados por confraternizar con las camareras que por prestar atención a un grupo de adolescentes. Alguien cuenta que giró la cabeza y acodado en la barra dijo con estampa de Cary Grant:

“No saben cantar. Sólo gritan. Ponme un whisky, preciosa.” Y era verdad. Entonces no sabían cantar. Ni les importaba lo más mínimo. Pero bueno, ni siquiera habían sacado su primer disco en aquella época.

Los de allá, los de Madrid, no tuvimos tanta suerte y esperamos bastante más para poder verles en directo. A principios de 2010, creo recordar que fue. Allí llegaron con su primer disco caliente como un pan de las 5 de la mañana. Aquella joya que se llamaba “My friends are my culture” y que todavía alguno guardamos como una pieza por la que podrían morir miles de indígenas si mi vida fuera Hollywood. Aquel primer agarre de este rockódromo por el que no han dejado de subir desde entonces los chicos de Furguson.

Un grupo de chavales de universidad que espera a nuestro lado nos escucha como a profetas, pese a que ahora las respuestas las tienen ellos y nosotros somos los que preguntamos. Sin embargo aprovecho la audiencia creada y cuento que entonces, lo que más me llamó la atención era de dónde venían. Mis amigos de Barcelona ríen y me burlan, pero para mí, en aquel entonces, la música venía de Granada, de Zaragoza, de Gijón o de Madrid o Barcelona. Capitales de provincia, ciudades más grandes o más pequeñas pero con salas, tiendas y lugares donde compartir inquietudes. A nadie se le podía imaginar entonces que en un pueblo perdido de poco más de 2.000 habitantes se hiciera música de la buena. Aquellas fueron, realmente, las primeras noticias de Gurb que tuve en mi vida.

Cuento también que me impresionó la juventud y el descaro. No pasaba ninguno de los 22, pero en aquel primer concierto que dieron en Madrid demostraron lo que querían hacer. Salvaje timidez. Sin despegar los ojos del suelo nos pegaron una pedrada en la cabeza; un silbido, un saludo. Lo acepto, desde entonces han tenido bolos mejores, pero aquella noche de sábado en la sala Siroco la recuerdo como si hubiese sido la semana pasada. Allí demostraron que había toda la (mala) intención del mundo de montar una banda. Que había ganas de liarla. Demostraron que sus orejas habían tragado con horas y horas de música. Y que cuando hay imaginación e iniciativa el virtuosismo pide copas en la barra mientras las chicas guapas se fijan en ellos. Demostraron también que no pretendían perdurar (incluso se olvidaron la guitarra y tuvieron que tocar de prestados). Pero venían desde tan lejos que le arrancaban la piel a tiras al mundo antes de comérselo, eso sí, con una mueca de preocupación en su cara.

Calla la música de continuidad, se intuyen sombras entre los instrumentos. El mundo se olvida de las historias de los abuelos. Hay músicos de verdad en el escenario. Comienza a sonar No return. Perfecto, empiezan con clásicos. La gente salta y grita y yo sonrío, recordando como aquella primera vez soñé exactamente con esto, con verles aquí, en todo lo alto. Imaginé todos los detalles, los gritos, el ambiente, las luces, el calor… Y ahora me dejo mecer por la marea, orgulloso como si hubiese sido yo el inventor de la mismísima guitarra…

]]>
1269974820
Clem Snide + Arizona Baby, Sala Heineken http://www.lasextanoticias.com/blogs/post/clem_snide_+_arizona_baby__sala_heineken/18501 http://www.lasextanoticias.com/pictures/8922/398922/pictures_20100325_1441398922_crop1sub4.jpg 18501 Tarde plomiza en Madrid. Tarde de perros. Pesada, cargante. Lluvia tonta, como de juguete, incómoda y aburrida. Charcos como redes en la puerta de la sala Heineken. Y dentro Inhabitants teje una banda sonora para tardes como esta. Lentos pasajes calzados, punto por punto con tela fuerte de músicos serios. Melodías preñadas de una voz serena. Serena y domada. Con bridas. Canciones al paso, al trote vaquero algunas, con talento de escuela, de aroma sólido. Telas clásicas pero seguras, bien hechas. Al punto tanto aburridas, planas como llanuras. Al punto esquivas como emboscadas, como lomas. Suma la cerveza, el ambiente de fiesta de escuela. De compañeros y boletos para viajes y tendrás la introducción perfecta para los actores principales.

 

Clem Snide el primero. Invitados extranjeros a una noche de folk patrio basado en países lejanos. De Boston estos, de Madrid los de antes, de Valladolid los que cerraron. Y aunque una trayectoria que roza los 20 años ponía a los de Boston como cabezas de la noche, quedaron en medio del bocadillo. Flanqueados por el country español. Y fueron los del lejano Oeste (lejano Oeste de España, se entiende) los que menos sonaron a Almería. A escenario de cartón. Brillantes, elegantes, parlanchines, maleducados (“Quiero tener sexo con todos vosotros pero no tengo tiempo”) en un castellano de colegio. Y surgen, como dardos, sospechas. ¿No era noche de folk? ¿No era noche plomiza, de lluvias y melancolías? Pues no. Un batería deschaquetado en un antaño impoluto uniforme coronado con gorra de béisbol, aporrea la batería como un gorila, sin darse cuenta de que delante de él hay tres tipos en traje. Y uno de ellos toca el violonchelo. Aunque él tampoco parece haberse dado cuenta de qué va esto. Su violonchelo es ahora un contrabajo ahora una guitarra eléctrica, punteando con un arco que sangra buen gusto. Un tipo sacado de una revista de moda. Pelo corto a cepillo, barba rasurada. Sonrisa de medio lado. Cómplice con el patrón del grupo. Eef Barzelay, una caricatura de sí mismo, un hombre que juega a ser niño. Pistolero del desconcierto. Canta de espaldas al micrófono, busca a sus compañeros, ahora se pone serio, ahora manda callar (aunque no consiguió impedir que todos escucháramos qué querían para cenar las camareras del local). Un tipo sensible y divertido. Un grupo curtido en mil mareas que disfrutan siendo bárbaros. Unos Beatles borrachos en una feria de ganado. Capaz de tocar en lo profundo con lances tan dulces como “Something beautiful”. Capaz de sacar sonrisas y lágrimas interpretando a capela sin avisar “Nature Boy”, una canción con más años que un western…

Un western del que acaban de salir Arizona Baby, por cierto. Directamente desde Pucela, la cuna de los forajidos y los sheriff de puertas balanceantes. Surge su música acelerada y concisa al tiempo, temas para títulos de crédito y saltan las bromas. Que si en Arizona no hay peluqueros, que si eso no es barba sino unas pestañas muy largas, que si puntea porque se le ha quedado enganchado un mechón entre las cuerdas, que si no son escobillas sino baquetas con pelo largo... Pero entre vello, cabelleras y crines se escapan tres músicos serios como malos de película. La percusión crea un tren de ritmo que se encargan de asaltar dos guitarras desincronizadas. Y la voz de Javier Vielba sube y baja de ese tren como un forajido con dudas. Y él mismo también baja, del escenario, con la guitarra, para tocar con todos, para meternos en su película de agradables tardes al sol, de pastos de ganado y terrosos paisajes desolados. Y el talento de Rubén Marrón con la guitarra es más que capaz de hacer de pantalla donde proyectar todos esos colores. Y hay momentos en los que la música es tan sugerente que lo único que lamentas es que no haya más sillas y mesas por aquí para poder montar una buena bronca. Como Dios manda. Como manda el guión.

 

]]>
1269525180
Shearwater, Sala Moby Dick http://www.lasextanoticias.com/blogs/post/shearwater__sala_moby_dick/18453 http://www.lasextanoticias.com/pictures/6601/396601/pictures_20100318_1320396601_crop1sub4.jpg 18453 ¿Y ese tipo quién es? No lo sé. Pero graba su voz de ultratumba para jugar con ella después. Y se quita y se pone la bufanda y hace gárgaras con agua y toca llaveros de sonidos y todo lo graba y todo le sirve para jugar y en mitad del juego se calla y empieza por otra parte diferente. Dicen que se llama David Thomas Broughton. Espero que sea su nombre real, porque si es nombre artístico habría que despedir a su representante. Sube a dos músicos de Shearwater y los pone a tocar con él. Con él y con otro tipo que lleva toda su actuación en el escenario de espaldas, toqueteando aparatos, haciendo ruidos, jugando con él. Entre los cuatro se marcan un tema profundo, sentido y conmovedor. Tanto que David aplaza un punteo para ir a abrazar a sus dos colaboradores. Les abraza y después se va… sin terminar, porque lo importante ya está hecho.

El señor Broughton, desde su eclecticidad, ha conseguido fabricar un clima de verano tardío. De sol de invierno calentito en mitad de la noche helada de Madrid. Por eso cuando empiezan a tocar, Shearwater nos deslizan por la suave garganta de la imponente ballena que controla el escenario de esta sala. Vamos encabezados, en ese descenso agradablemente atroz, por la voz de Jonathan Meiburg  hecha para ocasiones más solemnes. Como si el aire que respiramos en esta sala se fuera a terminar de un momento a otro y esa melodía fuera su último uso. Y ahí vamos… naufragando con una sonrisa en la boca…

La sala respira respeto. Renacen los acordes una y otra vez y a mí se me erizan los pelos de la nuca, surge una incierta brisa helada a mi espalda que se cuela bajo mi camiseta, los hombros se me tensan y brazos y antebrazos se quedan indefensos. Entrecierro los ojos sin proponérmelo y suelto un profundo suspiro callado. Estoy, en una palabra, emocionado.

No hay tiempo. Arranques rockeros de repente, inesperados y algo ajenos al estado emocional general, pero oye, cuelan. Pasan como toques de atención, como ligeros llamamientos al pueblo. Y entonces recuerdan que en su Texas natal no suele hacer el frío que hace aquí. Que han escapado de Barcelona bajo la nieve para llegar, por primera vez en su vida, a Madrid. Y se arrancan con un elogio de la nube y del mal tiempo sutil, profundo, enmarcado en un silencio demasiado severo. Como dice el mismo Jonathan demasiado silencio para tratarse de un público español. Increíble por no escuchado nunca. Seco. Colgante. Limpio. Un tipo con pinta de dios vikingo (melenas de los años ochenta y camisa desabrochada sin mangas) se levanta de la batería y se acerca a golpear un xilófono con la delicadeza de una enfermera de pediatría. Mientras las manos del teclista se escurren como cangrejos al sol por entre las notas, dejando un velo de frío y bruma que cuesta cortar con aplausos. La canción se funde, desaparece y hay segundos en los que los músicos nos miran mientras nadie entre el público es capaz de reaccionar…

Se oyen hielos cayendo en copas. Se oye “dos pintas de cerveza” que alguien pide en voz baja. Se oye incluso el rasgar de entradas de la puerta. Se oye al frío llorando fuera y la emoción de Shearwater. Incluso escucho cómo se hinchan sus egos, poco propensos a hincharse.

Y después terminan. Pasean un leopardo de las nieves con gravedad y las luces se encienden y la música enlatada se hace con un lugar que, hasta hace sólo un segundo, parecía más un altar que un bar de copas.

]]>
1268915520
Local Natives, sala Moby Dyck http://www.lasextanoticias.com/blogs/post/local_natives__sala_moby_dyck/18293 http://www.lasextanoticias.com/pictures/1462/391462/pictures_20100308_2000391462_crop1sub4.jpg 18293 Si el director de la escuela de los niños del coro se los hubiera llevado de excursión a Glastonbury y a Reading e incluso, por qué no, al FIB y al Primavera Sound, seguro que la mayoría de esos niños encantadores ahora estarían tirados en alguna cuneta, trabajando de camareros en pubs oscuros, pinchando en discotecas templos del garrafón o, incluso, escribiendo sobre música en cualquier blog de mala muerte. Pero unos pocos valientes de todos aquellos chavales, digamos cinco o seis chiquillos con talento (cinco), habrían montado un grupo de música y se llamarían Local Natives. Seguro.

Por eso, después de una más que digna actuación de Secret Society, salpicada por algún comentario entre tema y tema que no fue bien recibido por el respetable (si eres telonero no está bien visto criticar a la banda que teloneas), cuando veo salir a los Local Natives con su primer disco debajo del brazo, lo primero que pasa por mi cabeza es la serie “Cuéntame”. Y no sólo porque el guitarrista sea clavado a Antonio Alcántara, no. Sino porque las primeras notas que oigo también me desplazan a tiempos pasados. A tiempos en los que el folk (sea lo que sea eso) importaba.

Suenan bien, es agradable y placentero pero en seguida agarran bien fuerte la estabilidad que ellos mismos crean y la tiran al suelo y la pisotean. El guitarrista deja de ser guitarrista para ser cantante. El tipo que cantaba sólo se dedica a los teclados. El bajista intercambia su instrumento con otro guitarrista y todos hacen coros y todos doblan sus voces para revisar aquello que dejaron en el colegio. Así que si levantas la vista de tu cerveza y miras hacia adelante te encuentras con cuatro tipos en fila, los cuatro con un micro y los cuatro jugando con sus gargantas como Los Cazafantasmas jugaban con sus rayos de luz. Y detrás de ellos un batería más que resultón tiene que mantener toda esa arquitectura de voces con pinta de estar ya un poco harto de tanto coro, tantos dobles y triples estribillos superpuestos y tanta dulzura.

Y es que, más que músicos, estos chicos parecen ingenieros de luces iluminándote un despertar junto al amor de tu vida. Pero eso tiene su riesgo: tanto juego de voces les da un punto soso. Aburrido. Como una carta de recomendación de Plácido Domingo que los chavales tratan de sacarse de encima a base de una ración extra de percusión y de unos crescendos que por empezar muy abajo terminan salvando un importante desnivel. Tanto que prácticamente son pistolas en la sien para que les prestes atención y no te despistes ni un segundo.

Y acabas saltando y amagando algún que otro baile y dando palmas y sonriendo. Y te sientes bien aunque sea tarde y tengas sueño y pienses que no es el concierto de tu vida pero que ésta parece muy buena gente. Un poco demasiado modernos (si se me permite), pero buena gente. Y aunque la sospecha de estar viendo un grupo de perroflautas con talento se confirma cuando el grupo cuenta que acaban de llegar desde Roma en furgoneta y el del bigote de Guardia Civil reconoce haber vivido en Granada un año, no caben reparos. Son buenos. Y tienen pinta de llegar a ser mejores, si les respetan las lesiones y esas gargantas se mantienen al menos tan bien como desde su época del colegio a hoy.

Y si, ya sé que los chicos del coro eran franceses y Local Natives de California. Pero eso, ¿a quién le importa?

 

]]>
1268075100
Klaus & Kinski, Sala Heineken http://www.lasextanoticias.com/blogs/post/klaus_&_kinski__sala_heineken/18073 http://www.lasextanoticias.com/pictures/3863/383863/pictures_20100217_1854383863_crop1sub4.jpg 18073 Puede ser un encuentro casual. Una melodía que se cuela dentro de ti, una voz tan blanda que endulza, que se clava como una chincheta de azúcar, que molesta tan levemente como un pellizco. Pero es suficiente. Por eso eres capaz de reclamar que repongan tu honor. Tú no estás para escuchar memeces de ese tipo. Y claro, de primeras te indignas y exiges un duelo a primera sangre. Amanece en la ciudad y desde lo alto de una colina te plantas ante Klaus & Kinski. Les miras detenidamente y sólo ves cuatro chavales de Murcia jugando a hacer canciones. “Tontipop” dirá alguno. Marina, la que pone la voz, no parece capaz de defenderse. Alex cambia tan compulsivamente de guitarras que ni siquiera sabe que se la está jugando, el bajista, Paco, se remanga el jersey y sonríe y Leandro, el teclista, silba mirando hacia otro lado mientras maneja las programaciones que hacen de batería. Parece muy fácil hacer sangre en ellos. Demasiado sencillo. Y lo es. Tocas una y otra vez con tu espada en su cuerpo lento y abultado. Tu honor está restaurado.

Pero cuando estás llegando a casa con el acero envainado en el cinturón, te das cuenta de que esos chicos tan sencillos y aparentemente débiles, esos chicos que parecían morir a cada palabra tuya, a cada crítica, ahora están tomando cañas, riendo, divertidos mientras tú sangras por dentro. Ellos no han tocado primero. No lo necesitaban. Ellos han tocado mejor.

Porque realmente tocan muy bien. El error, calculas mientras curas tus heridas tendido en el lecho, con “Tu hoguera está ardiendo” sonando de fondo, es medir el peligro por el tono de su voz. La adormecida voz de Marina. Klaus & Kinski se construye sobre las guitarras compulsivas de Alex Martínez. Un tipo que fabrica melodías pop sólidas como catedrales góticas. Que trata, acorde tras acorde, de arrancar toda la tontería que se pueda acumular a su alrededor. Y cuando dejas de escucharles esas melodías siguen corriéndote por dentro. Esos guitarrazos compulsivos pasean por tus venas con las manos a la espalda. Y cuando te das cuenta la sangre sale de tus orejas. Y también de las plantas de tus pies que se niegan a dejar de bailar.

Y mientras bailas alguna frase se hace audible. El murmullo suave y arrullador de Marina se va alineando hasta convertirse en palabras y lo que dice hace otra herida. Y la niña que parecía tonta le ha buscado la vuelta a tu conciencia. En tu cabeza se forman ideas que descomponen el cerebro más sano. Pasión juvenil tan irracional como la que sentía Franco por la mano incorrupta de Santa Teresa, un teléfono de la esperanza harto de escucharte que te invita al suicidio, o un bolero para describir una de las pasiones más deshumanizadas de la historia. Y así, a base de abrazos y adorables empujones te van llevando al borde del precipicio.

Y esto ya no es “tontipop”. O sí, eso les da exactamente igual. Da igual porque ahora estás herido de muerte. Infectado por el virus de Klaus & Kinski. Estúpidamente adictivos. Quemando su primer disco en casa, en el coche, mientras duermes y contando las horas para poder escuchar el segundo. Que viene, por cierto, con toda una declaración de intenciones: “Tierra, trágalos”. Y volverás a perder. Volverás a caer ante el poder de los murcianos que se ríen de tus prejuicios. Y no hay manera de evitarlo.

 

]]>
1266414900
Sunn o))), Caracol http://www.lasextanoticias.com/blogs/post/sunn_o_____caracol/18021 http://www.lasextanoticias.com/pictures/902/380902/pictures_20100211_1138380902_crop1sub4.jpg 18021 “Oye, que no voy”. Así de sencillo empieza un drama. Y yo me planto solo en Caracol, ignorante y abrumado. Con pocas referencias y miedo real, literal, llenándome los bolsillos del abrigo. Eso sí, cuando entro me ilusiono. Eagle Twin, los teloneros, hacen ruido, mucho. Es más, sólo son dos pero son capaces de hacer sangrar las paredes del local a base de talento y mala hostia. Uno, Gentry Densley  canta como si lo fueran a prohibir, como si le arrancaran los brazos mientras tanto. El otro, Tyler Smith, toca la batería como si le fueran a dar diez euros por cada golpe que atice. La camiseta xxl de grasa y tatuajes que gasta el amigo Smith me pone sobre aviso: esto es Metal.

Y lo confirmo al echar un vistazo a mi alrededor. Gente de negro. Calaveras, huesos varios, letras góticas en cazadoras, en camisetas, un tipo con muletas que nunca desentona en un lugar como este. El cantante y el bajista de Nudozurdo (¿a ver si esto va a estar bien al final?), el tipo aquel, ¿cómo se llamaba? Johann, aquel que salía en la MTV y luego en Cuatrosfera y que no para nunca de sonreír (y alguien que sonríe todo el tiempo en un ambiente como este es lo más parecido a encontrarse una manada de pumas poniendo una reclamación en un restaurante de lujo). Hay mucho pelo, mucho. Hay flequillos de todos los tamaños, perillas, bigotes, barbas, patillas, melenas heavys, melenas modernas sobre los ojos…  muchos piercings en todas las partes que veo y en muchas que no quiero imaginar… y más de dos y más de tres con tapones en los oídos… y ahí me empiezo a preocupar. Esta gente sabe a lo que viene.

Sí. Vienen a un concierto de Sunn o))) (lo de la “o” y los paréntesis es por el logo de unos amplis de donde sacaron el nombre, pero que nadie se ahogue intentando pronunciarlos). Oigo un siseo suave, parece como si nos empezaran a gasear pero es sólo humo. Mucho. Tanto que empiezo a no ver ni quién está a mi lado. Ni cuánta cerveza me queda. Y pronto se aparta el telón y recortados sobre una luz verde consigo ver unas siluetas de monjes con guitarras. Sacan un acorde muy distorsionado de sus instrumentos y lo mantienen. Y lo mantienen. Lo mantienen. El volumen sube y parece que van a estallar algunas cabezas. A mi lado una chica cierra los ojos y se deja llevar por la vibración, en trance. Yo no llego. Me cuesta respirar. Hay mucho humo, hay mucho ruido. Hay un ambiente cargado de sonido, pesadez y magia negra. Me agobia. Y empiezo a pensar que es exactamente eso lo que pretenden.

Después de lo que parece un mundo la vibración se vuelve más aguda y por fin frena. Entonces uno de los monjes se acerca a un micro y comienza a jugar con la voz. Gutural, profunda, salvajemente anestesiada. Así sonaría la muerte si te llamara al telefonillo. Crece el miedo, pánico. En mi cuerpo el cerebro ha empezado a moverse dentro de la cabeza y el oxígeno ha salido a la puerta a fumarse un cigarro. De repente me fijo en que todo el mundo está clavado, mirando hacia delante con atención aunque ante nosotros no hay más que humo y ruido. Nada se ve, nada se intuye. Tengo la sensación de que estamos todos mirando cómo atraca un carguero en el puerto de Dover. Por eso, y por todo lo demás, decido huir.

En la calle el mundo me golpea ante el cambio brusco de presión. Lo que hay dentro de mí se agita como si quisiera salir y pegarme una paliza mientras lo que hay fuera, la noche, trata de calmarme con frío y silencio. No ha pasado más de hora y media desde que entré. Miro hacia Caracol pensando que ahí dentro está ocurriendo algo importante. Me siento como si acabara de escapar del juicio final. Señoría: yo soy hijo del pop, nieto del rock. Huérfano del Metal.

 

]]>
1265884980
Primavera Club http://www.lasextanoticias.com/blogs/post/primavera_club/17311 http://www.lasextanoticias.com/pictures/3571/363571/pictures_20091224_1445363571_crop1sub4.jpg 17311 Parece buena idea. Un festival de música en pleno diciembre en Madrid y Barcelona. Exactamente igual que los festivales de verano excepto por el hecho que en vez de escenarios lo que hay son diferentes salas. Varios clubes de la misma ciudad. La gente del Primavera Sound pone experiencia, organización y su excelente gusto musical para organizar el Primavera Club. Pero no es más que una utopía. Ni Madrid (Barcelona es más asequible) es una ciudad fácil como para desplazarse rápidamente de un local a otro, ni son buenas fechas. La ciudad está colapsada y la mayoría de la gente también, aunque de fiestas, cenas y celebraciones.

Por eso, por ejemplo, sólo conseguí ver media canción de un Sr. Chinarro que se ha vuelto a tirar a una piscina vacía. Tras años arrastrando sus directos por malas salas y tirando de bandas mediocres, ahora, que ha conseguido una banda decente y un repertorio más que sugerente, ha decidido tocar las canciones de su primera época. Las que nadie conoce. Una nueva apuesta a los números que no están en la ruleta. Y una bocanada de aire viciado que da gusto recibir en la cara en mitad de este invierno musical helado que a veces parece cubrirnos.

Sí conseguí, a cambio, ver la mínima expresión de Standstill. El grupo barcelonés está al borde del que será su tercer disco en castellano y aún son capaces de ver el pasado de hardcore en inglés que les vio nacer. Con el tiempo, dicen, se vieron ante letras que no necesitaban gritar. En Caracol se presentaron con dos guitarras y dos voces (una de ellas, la de Enric Montefusco, bendecida por la sonrisa del drama), y el resto del grupo en la barra. Como desnudar un canto rodado hasta dejarlo en una china que se te clava en cada sentimiento que provoca. Una manera de cantarte desde el hombro, convirtiendo la intimidad en algo multitudinario.

Black Heart Procession dejaron una cosa clara: son tan buenos músicos que es posible que no necesiten ni siquiera nuestra admiración. Serios, correctos, habilidosos incluso rasgando una sierra para conseguir sonidos tan hondos que podían haber dolido. Pero serios, tanto que era demasiado sencillo despistarse por entre el interesante pasaje oscuro que proponen.

Tara Jean O’Neal también es oscura. Pero ella consiguió que la gente prestara atención. Es más, la mayoría la mirábamos como si anunciara uno de los fines del mundo más maravillosos que pudiésemos admirar. La capacidad de atracción de esta chica pondría en jaque a cualquier policía local si le diese por la música callejera.

Y también me quedé sin ver grupos por los que hubiese sido capaz de viajar: los atascos se llevaron a Beach House, capaces de transportarte al calor veraniego en este invierno tan crudo; las comidas de empresa a Bigott, la clase convertida en pelo aragonés; y las visitas navideñas a Cymbals Eat Guitars, el verdadero hambre de hacer algo nuevo.

Pero hubo un momento en Caracol en el que me sentí como un enano en lo alto de un árbol. Salía humo de todas partes y cuando nos quisimos dar cuenta había guitarras como sables en todas direcciones. Desde detrás de la cortina traslucida A Place to Bury Strangers cayeron sobre nosotros impidiéndonos cualquier posibilidad de respirar. Parapetados tras una niebla tan densa que no les hubiera reconocido ni aunque se hubieses vuelto a casa sentados a mi lado en el metro. Ni aunque la banda de Nueva York la formen mi madre y dos amigas. Porque entre la bruma parecían tres pero sonaban como cuarenta ángeles cayendo a la vez del mismo infierno al piso que haya justo debajo. Una lápida de sonido en tres dimensiones entre la que jugaba una voz calada en dos. Un adictivo bombardeo de sonido sin un segundo de tregua. Una guerra fabricada sólo para el placer de construir belleza en mitad del caos.

]]>
1261662540
Editors (Vista Alegre) http://www.lasextanoticias.com/blogs/post/editors__vista_alegre/17242 http://www.lasextanoticias.com/pictures/9853/359853/pictures_20091216_0945359853_crop1sub4.jpg 17242 Cuando escuché “In this light and on this evening” pensé que les habían tapiado las ventanas. Alguien había ocultado la luz del sol y había llevado a los Editors a un lugar oscuro y lejano. Requisadas las  guitarras luminosas. Obligados a hacer música para la que no nos habían preparado. Adiós a ese rock de sonrisa franca y regusto nostálgico. Aquí empieza un camino distinto, oculto, hasta ahora, entre la maraña y por el que se han lanzado con sus teclados y sus bases rítmicas propias de la electrónica. Y ese camino, nos guste o no, les aleja definitivamente de sus dos primeros discos.

Dos discos que nos alegraron, a algunos, la existencia. Responsables de algunas canciones que mis pies reconocen a la primera nota. Joyas que sonaban en directo como regalos de navidad. Por eso la aventura de Editors por el camino abrupto y difícil del que se reinventa en la oscuridad puede causar terror, pero si observas bien, por esa senda se puede llegar a deslumbrantes miradores hacia un nuevo mundo por conquistar: las pistas de baile. Y una cosa está clara, el talento no es hacer buenas canciones de rock. El verdadero talento reside en saber cómo se hacen bien las cosas, da igual donde escondas el registro. El talento es tener buen gusto y buenas maneras y eso, gracias a dios, les sobra.

Sin embargo, no tuvieron nada de suerte con su puesta de largo en Madrid. Porque el talento de Vista Alegre es acoger grandes partidos de baloncesto e incluso alguna corrida de toros que otra. No está preparada para conciertos y es realmente desesperante ver que se siguen programando conciertos allí una y otra vez. Un sonido infame en muchas partes del coso. Como quien escucha el concierto haciendo botellón en la puerta, de lejos. Cada golpe que Ed Lay le daba a la caja de su batería sonaba cuatro veces y convertía alguno de los himnos de esta banda en un puré de notas indigerible. Y para colmo el sonido, quizá por vergüenza torera, decidió irse durante cuarto de hora. Quince minutos que helaron al respetable como si nos hubiera cogido un toro a cada uno de nosotros.

Un lote muy difícil para crear un clima suficientemente ventajoso como para firmar una buena faena. Menos aún si salpicas ese repertorio que no hay oreja capaz de olvidar con algunos de sus primeros pasos por ese nuevo camino que transitan ahora. Pasos que, como es lógico, no son zancadas abrumadoras sino que están más cerca del traspiés. Cada “ole” que escapaba de la grada se sucedía de un reprimido bostezo. Una verdadera pena.

Salí de Vista Alegre con la misma sensación que la del torero que sabe que ha dejado escapar el triunfo. Sé que subido a los hombros del incuestionablemente carismático Tom Smith podía haber salido por la puerta grande de los grandes conciertos. Pero no pudo ser. Como quien no ha podido disfrutar una comida deliciosa por haberse quemado con los entrantes.

Ridículo y frustrante al mismo tiempo.

Pero salí de allí convencido de que ese sendero que parece tan tenebroso y difícil habrá que recorrerlo para seguir, aunque sea de lejos, el camino que han tomado estos chicos.

]]>
1260953640
The Antlers (3-12-2009) Sala Caracol http://www.lasextanoticias.com/blogs/post/the_antlers__3_12_2009__sala_caracol/17141 http://www.lasextanoticias.com/pictures/7052/357052/pictures_20091209_1104357052_crop1sub4.jpg 17141 Hay alguien que quiere abrir tus ventanas y llenar tu casa de bolas de colores. Son los mismos que están dispuestos a llevarte de la mano por un hospicio, un lugar al que quizá nosotros llamaríamos simple y fríamente “unidad de cuidados paliativos”. Pretenden que veas los pasillos, que aspires el olor a desinfectante y plástico. Que les acompañes hasta una habitación particular. La habitación de una mujer. De su mujer. Y que veas cómo dentro de ella crece un oso salvaje que la devora día tras días. Que la convierte en una desconocida para el mundo. Que la aleja de ellos y así, también, de la vida.

Por supuesto ese oso se llama cáncer.

Sin embargo el equipo técnico revienta y pierden la magia, el hilo de la historia. El concierto se para durante quince minutos y la gente se despista.

Hay alguien que quiere contarte la vida de Sylvia Plath. Treinta años de días atormentados llenos de pasión, poesía y depresión. Treinta años de creatividad brutal, marcados por un éxito literario tan grande que cada resquicio de imperfección se convertía en un abismo. Treinta años de amor y dedicación a unos hijos a los que hacer el desayuno justo antes de meter la cabeza dentro del horno, abrir el gas y ver alejarse los problemas. O trasladándolos sólo. Porque ellos saben que cuando alguien se va, sus problemas recaen en la persona que más cerca ha estado de ellos. Por eso se niegan a dejar cerca de la cama de su mujer uno de los libros de Sylvia Plath. Por eso el hijo pequeño de la gran poetisa vivió solo, apartado en Alaska y se suicidó igual que su madre.

Pero algunos finales de canción se les escapan en difuminados. Demasiado ruido, demasiada pausa. Teclados, guitarra y batería no dejan de sonar cuando la mayoría comenzamos a perder la atención.

Aunque si te atrapan, si todo acompañan y consiguen alcanzarte y llevarte con ellos en su historia, The Antlers son uno de esos grupos capaces de hacerte cerrar los ojos, despegar varios metros del suelo y elevarte en una canción repleta de luces azules y verdes, rodeado de millones de respuestas que acaricias mientras esperan que lentamente vayan llegando las preguntas.

Hay una banda neoyorkina que quiere contarte algo. Quiere que sepas que sólo le habla a su mujer cuando ella duerme, sedada, en la cama del hospital porque teme que su voz la enfade. Que ella ya sólo encuentra traidores en el lugar que ocupaban sus aliados. Ahora maldice y chilla, pero pese a todo ellos pasan cada segundo de sus vidas en el hospicio. Porque a veces, por un segundo, ella regresa a su lado, les sonríe y les toma de la mano. Y entonces se va despojando de todo lo que le queda: un anillo, una palabra… un suspiro.

Ellos sólo pretenden decirte que nunca se separaron de ella. Que seguían durmiendo a su lado, junto a su espalda, cuando tuvieron que firmar el epílogo. Cuando la vida a su alrededor dejó de ser hospicio para convertirse en morgue.

]]>
1260353340
The Wave Pictures (Neu! Club) 27-11-2009 http://www.lasextanoticias.com/blogs/post/the_wave_pictures__neu__club__27_11_2009/16763 http://www.lasextanoticias.com/pictures/4221/354221/pictures_20091203_1017354221_crop1sub4.jpg 16763 ¿Qué harías tú si tuvieras una banda? Es decir, ¿qué harías si, por ejemplo, fueses un pintor de brocha gorda de algún pueblo de Gales y te decidieses a montar una banda con un par de amigos también pintores? ¿Y si esa banda se resiente porque el chico que hace de batería decide irse a la Universidad? ¿No elegirías a un amigo que va a todos los conciertos cutres que habéis organizado hasta la fecha? Yo estoy convencido de que lo haría. Y The Wave Pictures es exactamente lo que hicieron.

Pero vamos más allá, ¿Qué harías para crecer? ¿Para conseguir que tu banda sea algo más que una banda de pueblo? Ellos lo que hicieron fue ir a Londres y grabar maquetas hasta que se les cayeron los dedos. Maquetas llenas de canciones que contaran cosas tan tontas capaces de marcarte la vida. Y esas maquetas no se las mandaron a las discográficas, no. Fueron a parar a los artistas que más les gustaban y, oye, dio resultado porque en poco tiempo recorrían Estados Unidos teloneando a Herman Düne.

Avísame cuando te empiece a cansar con tanta pregunta pero, ¿qué harías tú si tu banda empieza a tener éxito? No un éxito brutal, de grandes estadios y olvido para mañana, sino ese éxito que consiste en que se hable de ti en cualquier parte del mundo en voz baja pero con ilusión y sonriendo. Yo, si yo tuviera una banda así, creo que haría lo mismo que The Wave Pictures. Me llevaría a algunos buenos amigos que tengan un puñado de canciones decentes y tocaría sus canciones justo antes de mi propio concierto, para que la gente les conozca también. Y si se oye hablar de mi banda por una sola canción trataría de tocarla la primera en mis conciertos, para que a todos se les pase pronto la euforia y la gente se dé cuenta de que hay mucho más.

Y si quisiera el destino que esa banda galesa imaginaria que me pertenece, un día, a finales de noviembre, diera un concierto en una de las salas más decentes de Madrid, estoy seguro de que trataríamos de hacer lo que mejor sabemos: tocar canciones crudas, sin efectos, ni complicaciones. Y si a ese batería que antaño fue groupie le apeteciera cantar una canción le dejaríamos hacerlo, ¡y ya veremos quién toca la batería!

Y trataríamos de esconder tras nuestra cara de niños malos, de pintores galeses que llaman a tu puerta con una escalera enredada en el brazo, nuestra verdadera personalidad: alquimistas del buen rollo. Pero cuidado, también fabricantes de temazos capaces de hacerte sangrar las suelas de tanto bailar, con cuatro cosas (a saber: voz, guitarra, bajo y batería).

Y la gente saldría de los conciertos de mi banda galesa pensando que aquella podía haber sido su historia. Que están realmente cerca de ser The Wave Pictures porque, de verdad, no se puede ser más normal.

]]>
1259832120
The Horrors (25-11-2009), Joy Eslava http://www.lasextanoticias.com/blogs/post/the_horrors__25_11_2009___joy_eslava/16652 http://www.lasextanoticias.com/pictures/1431/351431/pictures_20091127_1327351431_crop1sub4.jpg 16652 Hay un momento, cuando están sonando los Horrors, que parece que algo se ha roto. Repasas el puñetero escenario con la mirada buscando alguna carrera, un pipa preocupado tratando de solucionar un grave problema, arreglar un cable, una cuerda, un micrófono… pero no. No amigo mío. Allí arriba no se acaba de romper nada. Lo que se ha roto está justo al otro lado. Dentro de tu cabeza. Porque todo lo que hay ahí arriba lleva tiempo bastante tocado.

Cuando vinieron por España con su primer disco debajo del brazo, la impresión de que algo se había roto era mucho más fuerte. Hace dos años, en la sala Moby Dick, en Madrid, esa impresión la tuvieron tanto los que fueron atendidos por el SAMUR en la puerta, como los que se quedaron con las ganas de ver el concierto entero. Les echaron después de destrozar el mobiliario.

Porque The Horrors tenían algo muy claro. No podían ser un grupo más. “Strange House” era una patada en la puerta y un grito: Sheena is a Parasite. Tarjeta de visita, mensaje de bienvenida y puñetazo en la cara todo en uno. Y un videoclip que dice: “buenos días, somos los Horrors, vamos siempre de negro, hacemos esto y estamos mal de la cabeza”. Pero detrás de la pose, las pintas y la excesiva oscuridad de esa extraña casa que fue su primer disco, ya se podían ver algunas sombras interesantes: concisos, contundentes y sobre todo, adictos a algo que supone los tres primeros pasos del éxito: actitud, actitud y actitud.

El problema es que, después de esos tres pasos alguien se tiene que preocupar por caminar. Y los de Londres han tirado por lo más difícil. Decidieron encender una luz y buscarse las melodías más limpias que les quedaban en los bolsillos llenos de barro. Un barro modelado con la tierra que sale de las guitarras de Joshua Third, y de los pedales de distorsión que él mismo fabrica. Artesanos de la locura, deforman con su mirada de perturbados todo lo que está mal dentro de su cabeza para sacar algo capaz de tenernos a todos una hora con los sentidos alerta. Por si acaso.

Porque una cosa está clara, ya no son los de la Moby Dick. En la Joy Eslava apartaron cualquier objeto susceptible de ser destrozado, pero no hizo falta. Unos cuantos valiums antes de salir al escenario modulan la energía hasta dejarla en el término correcto que, por supuesto, no es el medio. Siguen destilando actitud y eso les mantiene a flote cuando el repertorio se queda corto. Cortísimo si no tuviera la fuerza que tiene. No más de una hora de concierto. Algo más de tres cuartos para repasar los cortes de su segundo disco, “Primary Colours” y diez minutos de locura en los que tuvieron tiempo de explotar cinco bombas de flequillo del primer álbum. Al estilo que se vio en la Moby Dick pero sin la intervención de ambulancias, gracias al cielo.

Al final lo único que cayó fue el telón, pero cuando lo hizo la sensación general era la de quien lo deja en el punto más alto, como el que se siente incapaz de estropear lo que ha llevado una trayectoria ascendente desde el principio. Desde que estos cinco chicos decidieron crear una banda. El próximo paso siempre es el mejor y las huellas dejadas sólo son lugares de los que avergonzarse.

O algo así.

La simple realidad es que ellos se quedaron felices y tranquilos y nosotros también. Saliendo por nuestro propio pie de una sala que todavía parecía un garaje.

 

]]>
1259325240
Yann Tiersen + Matt Elliot (19-11-2009) http://www.lasextanoticias.com/blogs/post/yann_tiersen_+_matt_elliot__19_11_2009/16511 http://www.lasextanoticias.com/pictures/9502/349502/pictures_20091123_1230349502_crop1sub4.jpg 16511 Entramos en La Riviera. Es pronto, la sala medio vacía. En el escenario, a oscuras, esperan varias guitarras, un bajo, la batería, teclados, sintetizadores, un xilófono, un banjo, un violín… Y en una esquina, envuelto en humo y oscuridad, rasga una guitarra Matt Elliott. 

Lo reconozco, en ocasiones me interesan más los teloneros. No lo puedo evitar. A pesar de que sus conciertos sean cortos. De que nadie haga caso. Del insoportable murmullo de fondo. A Matt Elliott todo eso le da igual.

El 12 de agosto de 2000 el submarino nuclear ruso Kursk sufrió una explosión que lo mandó al fondo del helado mar de Barents. El accidente acabó casi instantáneamente con la vida de todos sus tripulantes. Sin embargo una veintena de hombres sobrevivieron seis días encerrados en una tumba de metal a más cien metros de profundidad. A oscuras, con una temperatura de cuatro grados, sin posibilidad de salir de allí, viendo subir lentamente el agua y sintiendo cómo se acababa el oxígeno. Cuando consiguieron rescatar el submarino dentro sólo encontraron cadáveres. Ese es el tipo de historia que inspira a alguien como Matt Elliott.

Comenzó con la electrónica, pero pronto lo abandonó todo por una guitarra y convirtió su música en un naufragio opresivo, minimalista. Y cuando toca en directo, todo lo que aprendió emerge a la superficie. Su música se convierte en un lienzo cubierto una y otra vez por capas de pintura. Grabando y reproduciendo su guitarra y sus gritos, tocando sobre su sonido y volviéndose a grabar, girando alrededor de sus propios coros. Incluso en algún tema, los ecos de su voz, ronca y grave como alta mar, hacían pensar, por un momento, que los fantasmas de los marineros del Kursk estaban en el escenario, cantando y tocando con él.

Después apareció Yann Tiersen pero Elliott se quedó para acompañarle a él y a su banda. Tocó la guitarra, cantó, y mantuvo intacto el ambiente de fondo del mar que había intentado crear sobre las conversaciones del público. Y aunque hubo algunos temas en los que parecía que a quien acompañaban todos era al de Bristol, pronto Tiersen se fue haciendo con el escenario. Porque pensar en Yann Tiersen es recitar despacio la palabra “virtuoso”. Un músico completo, original, un fabricante de estados de ánimo. Capaz de arrancarle una sonrisa a la mujer más dulce del mundo. Capaz de sorprender a la madre patria con la caída del muro de Berlín. Capaz de hacer llorar a toda Francia por la pérdida de uno de sus símbolos. Y aunque a pesar del clamor popular no tocó ni piano ni acordeón, dejó claro que guarda en sus bolsillos de tipo despistado las claves para conmover con un sinfín de instrumentos.

A medio camino entre el compositor clásico y la estrella de rock, Tiersen se pasó la noche sacando melodías limpias de su guitarra que ensuciaba con arte y oficio. Digno, solvente, agradable, a veces conformista. Sin embargo en un momento tiró de magia y consiguió lo que parecía imposible: callar al público.

La banda se hizo invisible y Tiersen tocó su violín. Tocó como si Paganini se hubiera disfrazado de Angus Young. Un vendaval de notas incesantes que se iban depositando sobre nuestras cabezas, captando toda la tención de la sala. Un torrente imparable de tristeza y melancolía. Incluso se podía escuchar el ruido de los taburetes al moverse, al fondo de la sala. Porque allí, a nuestra espalda, estaban sentados los fantasmas del Kursk. Con la mirada perdida, bebiendo ese vodka que nunca sacia la sed. Sufriendo aún su agonía, pero admirando que alguien sea capaz de rescatar, al menos, la belleza que guardaba su sufrimiento.

]]>
1258976160
Lovely Luna (10-11-09) Teatro Lara http://www.lasextanoticias.com/blogs/post/lovely_luna__10_11_09__teatro_lara/16462 http://www.lasextanoticias.com/pictures/6652/346652/pictures_20091116_1954346652_crop1sub4.jpg 16462 Yo, que tengo dos hermanas maravillosas que me acompañan, a veces, a los conciertos, puedo decir que no tengo problema en compartir con ellas cualquier cosa, pero que me costaría bastante compartir mi esternón. Quizá les sorprenda esta afirmación, pero a los gemelos Chang y Eng no les sorprendería en absoluto. Estos dos hermanos nacieron el 11 de mayo de 1811 en Tailandia unidos por el duro hueso del pecho y consiguieron fama y dinero recorriendo el mundo como atracción de feria. Ahora, además, han servido de título al último trabajo de Lovely Luna.

El esternón de Xoel y Félix es el autobús del colegio en Coruña y miles de horas perdidas hablando de música. Desde la adolescencia más anónima a su conocida madurez. Félix en solitario y Xoel como Deluxe. Una aventura que le llevó al cielo del indie patrio y a la que puso fin hace un año, temiendo que el éxito de Deluxe acabara con Xoel.

Pero Xoel y Deluxe, como Chang y Eng, aunque eternamente unidos el uno al otro, también se empeñaron en convertirse en dos, en tener historias por separado. Los siameses se casaron con dos hermanas y tuvieron diez hijos Chang y doce Eng (qué hacía el otro hermano mientras perpetuaban la especie es algo que nunca sabremos, me temo). Xoel siempre ha encontrado refugio en Lovely Luna. Entre otras cosas porque Lovely Luna siempre ha construido refugios sobre dos guitarras. Música de cuento con la que han rellenado tres discos irregulares en los que han escondido alguna que otra joya.

En el precioso, coqueto e incómodo Teatro Lara madrileño, Félix y Xoel dejaron bien claro que aunque sean más siameses de corazón que de esternón, la vida les ha llevado por caminos distintos, aunque no paren de converger. Mientras Félix combate su timidez con arrojos de sinceridad y mira para otro lado cuando se declara, Xoel disfruta cada segundo que pasa en el escenario. Juega con las notas, divierte al público y a los músicos (como invitados, una espectacular flautista: María Toro y el Chanante Julián López a la trompa) y derrocha carisma por las seis cuerdas de su guitarra.

Más de un año después de separarse con éxito de Deluxe en una delicada operación, a Xoel se le ve relajado, excepto cuando trata de versionar a Van Morrison, (llevando a sus cuerdas vocales a las afueras de Belfast, que no está mal, pero no es precisamente el barrio del león). Parece que tenga ganas de seguir siendo Xoel, por muchos años, sin MIEDO al éxito que pueda venir.

Y es una suerte tenerle de vuelta. Porque el final de los siameses suele ser bastante traumático. El de Chang y Eng fue terrible. Deprimido, Chang se dio a la bebida y murió una noche de enero de 1874 mientras dormía. Por la mañana encontraron los cadáveres de los dos hermanos. La autopsia de entonces reveló que Chang murió de una embolia cerebral… y Eng de miedo.

Así que habrá que gritar: Deluxe ha muerto. Viva Lovely Luna. Viva Xoel. Y que nuestros esternones sigan cada uno su camino.

 

 

]]>
1258397700
Skunk Anansie, La Riviera, 05-11-2009 http://www.lasextanoticias.com/blogs/post/skunk_anansie__la_riviera__05_11_2009/16363 http://www.lasextanoticias.com/pictures/4902/344902/pictures_20091112_1552344902_crop1sub4.jpg 16363 Me sobresaltó su voz. Como si un viento de rabia se hubiese levantado entre mi adolescencia y el mundo. No tenía más de dieciséis años y aquella era la voz del cambio. La que marcaba el camino que había que NO seguir. Aquella voz me acompañó en millones de viajes en metro, con un discman Phillips que no había Cristo que lo mantuviera sonando. Caminaba uno como un funambulista para que no saltara el lector. Y mientras tanto ella gritaba aquello de Little Baby Swastikkka y a mí se me ponían los pelos de punta al ver tanta “k” junta, tanta rebeldía modelada con manos de mujer, la bofetada que salía de la tarta.

Luego fue la imagen. Aquellas piernas largas y negras como noches de invierno. Y la cabeza pelada y la boca inmensa, deformada de tanto gritar. Y los ojos de quien te mira preguntándose “¿es que no has entendido absolutamente nada?”.

Aquellos londinenses maduraron conmigo. Cuando se pegaban a mi piel con Chalie Big Potato yo ya había aprendido que se pueden hacer medios tiempos como Secretly y seguir siendo un rebelde. Que un simple gesto puede decir mucho más que todo un concierto.

Skunk Anansie se disolvieron hace diez años, como mis ganas de cambiar el mundo. Ellos trataron de sacar adelante sus carreras musicales por separado y yo traté de no molestar demasiado a lo que mis compañeros de litros en el parque llamaban “el sistema”. Ahora suenan las trompetas de nuevo. Avisan: preparaos, la revolución aún está por llegar y todavía queda un plato de gelatina con alambres que tragar. Diez años después se han vuelto a reunir para sacar adelante un disco más (Smashes and Trashes), recopilatorio, con versiones y tres temas nuevos. Y uno se echa a temblar porque quizá toda aquella rabia metida a empujones y patadas en tres cedés inmaculados se ha esfumado. Quizá lo único que queda son las ganas de volver a figurar, de que se hable de ellos y tratar de rehacer unas carreras que cuando se separaron no terminaron nunca de despegar.

Así que el jueves pasado, en La Riviera, yo estaba, lo reconozco, con más miedo que ganas. Temiendo que mis dioses desafinaran como humanos. Pero no. No. Aquello que vi allá arriba, en el Olimpo que los escenarios guardan a unos pocos, no era un ser humano. Tardé tres canciones en darme cuenta de que había tres tipos más a su lado. Tres músicos como la copa de un pino rockero, por cierto. Y pese al sonido regulero que ofrece La Riviera había una sensación de éxtasis general. Como si estuviésemos escuchando a un predicador lisérgico y asustado. Reconozco que después de escuchar algún temazo como Cheap Honesty busqué, en la mochila que ya no tengo, el botón de “repeat” de mi Phillips. Reconozco que me sentí joven de nuevo y reconozco que Skin me infunde un aterrador respeto. Salté cuando pidió saltos, canté cuando ofrecía el micro al público, aplaudí cuando presentó a la banda y cuando habló de la tienda de camisetas me fui para allá con la cartera en la mano. Si hubiese pedido un riñón me lo habría arrancado con mis propias manos.

Hubo conexión. Entre ella y yo. Y quizá algo tuvieron que ver las 1.799 personas más que había allí. Pero por un instante, entre canción y canción, sus ojos volvieron a sus órbitas y sonrió como si se hubiese encendido un puñetero foco en su cara, iluminándonos a todos con millones de dientes y parecía una chica con algo especial que ofrecer. Nada más.

Quizá entre todos nos hayamos hecho mayores. Quizá no fuera la revolución que esperábamos, pero oye, fue un momento especial. Y eso ya es decir mucho.

]]>
1258038060