Dilema periodístico
Acabo de leer un post de Blogoff en el que se reflexiona sobre "Cuando no informar salva vidas". En resumen, sobre esos momentos en que un periodista obvia un acontecimiento con el objetivo de que a alguien no le metan un tiro en el entrecejo, por poner un ejemplo.
El post está relacionado con The New York Times y su periodista David Rhode, que fue secuestrado por los talibán hace siete meses y que, finalmente, consiguió escapar a puro huevo de las garras de sus captores.
The New York Times mantuvo durante todo el tiempo que estuvo preso Rhode una lucha constante para evitar que otros medios de comunicación (Wikipedia incluida) se hicieran eco de la noticia, lo que habría revalorizado la vida de Rhode y, por tanto, habría podido provocar una amenaza considerable de los talibanes a su persona. Si Rhode alcanzaba importancia mediática su cabeza valía más, como en el Oeste. Y eso obstaculizaba las negociaciones para su liberación.
Pero el caso de Rhode es sólo un ejemplo, como bien señala el autor de Blogoff, que recuerda cómo el director de un medio debe enfrentarse cada día al siguiente dilema: publicar el acoso escolar o no hacerlo; publicitar las agresiones adolescentes grabadas con el móvil u obviar esa realidad; hablar de la última carta chorra de un terrorista o considerarla papel higiénico.
Es complicado, a qué negarlo. Personalmente en algunos casos no sabría qué hacer y supongo que me vería obligado a decidir en cada situación, ya que si bien es cierto que publicar una carta de un terrorista puede darle una publicidad que no merece también es cierto que no hacerlo puede suponer negarle al público una parte de la realidad.
Aún así, ¿no obviamos a menudo los medios multitud de informaciones por sistema? Y no precisamente con el objetivo buscado de salvar vidas. A veces, incluso, obviar determinadas informaciones nos lleva a permitir asesinatos.
Todo esto puede sonar a moralina, pero soy el primero en reconocer que nuestro gremio está cayendo en una peligrosa vorágine en la que a menudo (corrijo, el 95% del tiempo) nos limitamos a colgar teletipos sin acompañarlos de análisis alguno, o de informaciones necesarias para comprender la realidad. Quizás porque el periodismo ya no se preocupa de comprender la realidad.
Y ahora es cuando digo que no, que de pequeño no quería ser Robert Fisk o Kapuscinski (aunque ahora, de hombre de pelo en pecho, los admire y respete). Lo que quería era llevar unas espuelas y vivir aventuras y esas cosas, y el periodismo era una excusa perfecta para clavar esas espuelas en el filo de la navaja que separa el bien del mal y todas esas conradianas verdades. Y tampoco me interesaba lo más mínimo que otros, a través de mis informaciones, pudieran comprender la VERDAD, concepto siempre tan relativo aunque su existencia sea una certeza.
Sin embargo a estas alturas de la historia, tras muchas vueltas y reflexiones, tengo clarísimo que los periodistas somos responsables muy a menudo de la muerte y de la vida. No podemos ser completamente individualistas. Hemos conseguido un poder inimaginable incluso para nosotros mismos. Y casi siempre lo utilizamos (aunque sea al servicio de otros) para fines que o importan un carajo o importan lo justo.
¿A dónde quiero llegar con todo esto? No lo sé. No lo tengo claro. Sólo quería volcar estas reflexiones en alguna parte y El Zabuqueral me pareció un lugar tan bueno como cualquier otro.
Mientras estas reflexiones siguen su curso sólo queda entonar el "mea culpa" y tratar de buscar esa alternativa deseable y necesaria. Aunque lleve tiempo y nunca se alcance, supongo. O se alcance en lugares, artículos o piezas informativas muy determinadas que, contra corriente, siguen peleando por ofrecer una información diferente, analítica e inteligente.
Ésa que se aleja del turbulento mundo de lo establecido y nos acercan algo más a la esencia del mundo.




