Por fin acabó todo
Han sido unos días terribles. Pero ya han pasado.
Todo comenzó en el cuarto de baño, como siempre. Y esta vez no fue culpa de ese misterioso compañero que tiene pillada la hora y deja una sorpresa de característico aroma todas las mañanas sobre el señor Roca. Sin embargo cada vez que, durante estas últimas semanas, trataba de entrar en el cuarto de baño, una trinchera de botes de pintura, cubos, brochas y material pirotécnico me impedían el paso hacia un mundo de desahogo y paz brahamánica.
¿El motivo? El mismo que llevó a nuestra sacrosanta empresa a pavimentar la entrada con unas lujosas baldosas nuevas y a pintar todas las paredes de nuestras inmensas instalaciones: la visita de los príncipes de Asturias.
Porque aquí estuvieron, en esta casa en la que abunda el republicanismo, como bien apuntaba alguno de los comentaristas de nuestra web recientemente (alguno con cierto reproche), recordando entre otras cuestiones aquel documental que narraba qué habría ocurrido si la República hubiera seguido en pie tras el 39. Un documental que, por lo curioso, molaba un web.
El caso es que finalmente se han ido y todo ha vuelto a la normalidad después de aquellos minutos de rigor en los que Letizia entró de pronto en nuestra planta pillándonos a traición (verídico, su aparición en nuestra área de gobierno fue esperada pero sumamente sopresiva, y sigo pensando que entró por la ventana o que se deslizó bajo los guardaespaldas hasta llegar a nosotros).
Lo demás es historia y ya está contado pero, por si alguien tenía alguna duda, sigo siendo republicano. Los príncipes parecen gente simpática. Pero sólo eso es lo que deberían ser. Y punto. Con o sin paso por laSexta.




