Una ley excluyente y un partido sin líder
De Izquierda Unida cada vez nos acordamos menos. Quizás porque el sistema electoral está concebido de tal manera que un millón de españoles importan más bien nada.
Hablar sobre la necesidad de reformar la Ley Electoral quizás nos pilla informativamente lejos, pero lo cierto es que es un debate que debería plantearse en serio y con ánimo de cambiar las cosas a mejor. Todos los españoles somos conscientes de que no es normal que un partido con una importantísima cantidad de votos en toda España tenga sólo dos diputados en el Parlamento, mientras PNV o CiU gozan de una representación injusta.
Aunque Izquierda Unida comenzó una batalla para conseguir un cambio en la Ley, resulta bastante complicado para un partido como éste llevar a cabo una lucha efectiva cuando todavía no está decidido su futuro.
Mientras la Ley sigue como estaba Gaspar Llamazares acaba de asegurar que, aunque no se va a presentar a la reelección como líder, quiere "facilitar el acuerdo" entre los sectores enfrentados, que básicamente se dividen en dos. Aquellos que se acercan más a la línea socialista y los que proponen mantenerse (o regresar) a los orígenes del PCE al que siguieron tantos ciudadanos tras su legalización.
El problema es que Llamazares no puede mediar en un conflicto del que forma parte. Y mientras ese conflicto no concluya, e Izquierda Unida cuente con un buen líder, la batalla de la Ley Electoral está perdida.




