Un moderado que nunca lo fue
Las páginas de Público cuentan que la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) vive una guerra abierta entre los partidarios del extremismo protagonizado por la agrupación durante la pasada legislatura y el sector moderado.
El caso es que desde que Juan Antonio García Casquero ha tomado la Presidencia de la AVT los medios de comunicación que más a menudo informan sobre este grupo presentan al personaje como alguien que choca frontalmente con lo que representaba Alcaraz. Que quiere devolver la AVT a derroteros más pacíficos. Que huye del extremismo.
Sin embargo no comparto esta opinión. Quizás porque hace unos meses, frente a la puerta de la Audiencia Nacional en la que declaraba Alcaraz, García Casquero se puso chulito con la Policía cuando aún no se sabía que iba a suceder al antiguo presidente de la AVT. Llegó allí a jalear a su líder y, en vez de cumplir como todo el mundo con la petición de los agentes, preocupados porque la puerta de la Audiencia fuera bloqueada, García Casquero se plantó con El Mundo bajo el brazo y pasó de la Policía. Luego, cuando un emocionado Alcaraz salió por la puerta tras declarar por aquellos delitos de injurias famosos, Casquero coreó su nombre como el que más, le palmeó la espalda, le aplaudió. Le mostró, en definitiva, su más firme apoyo a uno de los hombres más extremistas y a mi juicio manipulados que han pasado por esta España.
Ahora, sin embargo, caemos en el error de presentar a Casquero como un tipo moderado. Tan moderado, supongo, como se ha vuelto el propio Mariano Rajoy. O la Iglesia, que ya no suelta tan a menudo sus barrabasadas como en tiempos recientes. Y no, ninguno de ellos es moderado. Simplemente se ha adaptado a los nuevos tiempos para salvar el tipo.




