Me levita la familia
Me levanto de la cama y mi mujer está levitando, a tres palmos del suelo (estimo que un palmo son unos 25 centímetros, por tanto, hagan la cuenta). Tiene los ojos cerrados y se ha colgado un cartel que dice: “Don´t disturb, cariño, estoy reflexionando”. El cartel es del NH de Fuengirola y nunca me llama cariño, así que sospecho que lo ha robado ya escrito. Pero el mensaje es claro y no me atrevo a molestarla.
Salgo del dormitorio y veo a mi hijo en picardías, caminando desde la entrada hasta su despacho. Ya he dicho alguna vez que mi hijo es travestí y se cree Angela Merkel, así que al verlo tan pensativo he deducido que estaría resolviendo alguna cuestión de Estado, pero no.
¿Has visto a mamá?, dice. Sí, contesto. Yo me he levantado igualita, en cuanto cierro los ojos dos segundos, floto, dice. Como soy el cabeza de familia tengo que teorizar: digo que el portero ha cambiado la gravedad del edificio, que en cuanto venga el de la caldera nos barometriza hasta la media terráquea, y pongo cara de interrogación. Angela se palpa la blonda del suje y me dice muy seria que no sea ignorante, que lo que ocurre es que las mujeres de esta casa se han levantado hoy con el nirvana fácil. Y da un pasito, cierra los ojos, dice mira cómo reflexiona tu niña y empieza a flotar.
Las dejo a las dos flotando. Imagino que reflexionan para votar mañana, pero temo que después de haber conocido la liberación del espíritu la democracia representativa les sepa a poco.
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