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EL JARDÍN
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Los que subimos al tren II

La vieja del gallo cerró la puerta de nuestro compartimento de un golpe cuando salió el revisor. Después se lamió la mano y la pasó por el marco, buscando corrientes, aire intercambiándose, como si no quisiera que se deteriorase la endogamia de nuestro oxígeno mil veces respirado.  Se giró,  sonrío sin mirar a nadie, acarició la cresta del gallo como quien toca un arpa y se sentó de nuevo.

-El maquinista da una fiesta esta noche en el Salón de Juego. ¿Irá, verdad? –me preguntó mientras deslizaba el índice por el gallo. El chico de la guitarra soltó una carcajada por la nariz, la narcoléptica se abrazó a mi rodilla y el tipo sin billete y con tomates musitó un “joder” de pocas ganas y mucho sueño.

-Sí –mentí.

-Búsqueme después de los cigarrillos, le presentaré a un superviviente.

Asentí.

-Usted se parece tanto a Bergseth.

Volví a asentir.

-A él lo subieron a otro tren.

Y comenzó a llorar, como todos los días a las cinco de la tarde, musitando cosas sobre Bergseth, el Socavón, valores en oro e hipotecas premium.

-Eran tan jóvenes, ahora sólo quedamos mi madre y yo.

Y abrazó al gallo, que asintió, hizo gárgaras de gallo y me guiñó un ojo.

Los que subimos al tren I

cuento futurista


Dijo que había perdido el billete y el loro del hombro del revisor no se creyó nada, pero lo dejaron seguir durmiendo del mismo lado; descalzo, con tomates, sin cinturón. Yo leía uno de esos periódicos azules que se pusieron de moda después del Socavón Bursátil:


“El Niño Mono de Múnich anuncia recortes evolutivos.”


No pude leer el resto de la noticia porque el tren frenó y la cabeza de la chica de al lado se derrumbó sobre mi regazo como las paredes de la City sobre Londres el día que se extinguió la Libra. Tenía veinte años, llevaba vestido hasta debajo de la rodilla, la permanente recién hecha y las mejores caderas de este lado del Muro. Además, era dulcemente narcoléptica.


-Nunca debí haber subido –dijo el chico de la guitarra desde el portamaletas.


Nadie le hizo caso. Ni siquiera el revisor, que volvía al pasillo haciendo señales Morse con la perforadora de billetes:

“La vía se va a quedar corta… La vía se va a quedar corta…”


El loro me buscó a través del cristal antes de perderse por el pasillo. Supe que él también había descifrado el mensaje.

(continuará, a lo mejor)

Zapatos de viga rota

Te contaré la historia de tus zapatos.


Esos zapatos, tus zapatos, se hicieron para mí. Deja que te cuente la historia de la viga destruida que hay en tu zapato. Deja que te cuente la historia de cómo se hicieron los zapatos, cuando termine, termino. 

He visto tu pie esta mañana, es lo primero que he visto, tu pie blanco, sin pintar, recién salido de la loza y el agua y la toalla de algodón de Indias. Lo primero que he visto, tu pie, en el zapato. Blanco tuyo limpio tu pie en el zapato.


No soy fetichista, aunque tampoco hago ascos, nunca hago ascos porque hacer ascos empieza donde uno decide comenzar a terminarse. Deja que te cuente la historia de ti en el zapato. Subida al zapato.


No te muevas, escucha y no te muevas. A veces el silencio duele. Sostenlo, como tú te sostienes sobre el zapato de viga rota; sin temblar, no tiembles, no ahora.


Tenías las piernas cruzadas y un aire de París en el chaleco. Primero vi el zapato del suelo, después el cruzado, balanceándose, casi frenando con el autobús, casi llamándome. Después te vi el chaleco. Después la cara. Después los ojos. Vacíos, como si no llevases esos zapatos de viga rota.


Te bajaste. Un pie delante del otro. Toc, toc. Tú no sueles ir en autobús. Estabas envuelta. El pasillo se abrió cuando tú pasabas. No tuviste que empujar a nadie ni pedir permiso. Cuando me arrastré por lo que quedaba de tu estela, te olí.


Después caminaste. Luego caminamos. Llegaste a una casa que no conocías y ahora vas a escuchar la historia de tus zapatos de viga rota. La vas a escuchar, y esta vez, tampoco te vas a quitar los zapatos.

Aquellos maravillosos casquetes

Ni dios se lee la Science, pero de cuando en cuando los periodistas del verde la citamos. La cita en sí viste mucho de cara al personal, pero sospecho que todos los jornaleros de dos datos y media fuente acabamos fusilando el teletipo de Efe o de Europapress, que, a su vez, habrá venido al mundo como consecuencia de otro fusilamiento, el de las notas de prensa de la revista referencia de marras.

Es triste, pero en esta cadena de control ce, control uve duerme el periodismo moderno. Dicho esto, procedo a tirarme el pisto, que es una expresión popular para decir que voy a empezar a alardear, cuando debiera significar más bien que procedo a mancharme el atuendo con pimiento, tomate, cebolla, aceite y vinagre, pero éste es otro asunto que no debe ocuparnos, porque esto que voy a escribir es un plagio a una publicación científica con el que intento ganar algo de crédito, y no una disección inoportuna de la fraseología de la calle, cosa que no tiene que ver con la Science en absoluto, ni con el cambio climático, ni con los loros, ni con los trópicos, ni con los casquetes, que con los casquetes ha empezado la cosa, aunque sólo para titular con algo que remitiese lejanamente al sexo, que siempre es un gancho, dicen, aunque también es una forma de reequilibrar en la cuenta de resultados las carencias debidas a la falta de contenido. Vayamos pues, con el contenido.

Digo ya que voy a hablar de cambio climático, por si alguien prefiere no seguir leyendo, que sé que la cosa carga un poco y bastante tenemos ya con las bolsas y el Euribor y la China Popular, que de aquí a 15 años nos va a sodomizar a todos, y ya nada va ser como era, y espérate a la India, o a Irán, pero China, como China, como el día que despierte China, el día que nos meriende a todos y eructe nuestra crisis, como eso no hay nada para amargarse la tarde. Por eso, si usted prefiere no llevarse más disgustos, pues oiga, no siga leyendo, que esto tampoco es bamboleo, bambolea, alegría y cutis fino. Además, el cambio climático es un coñazo, más que el desfile, se lo digo yo, que le sigo los pasos. Y veo que camina deprisa pero despacio, y cuando hay novedades siempre son de esas que hacen que uno se pregunte: ¿Pero esto no lo habían dicho ya? Pues no, faltaba un matiz, siempre hay un matiz, un matiz diminuto.

Pero no sólo voy a hablar de cambio climático, también voy a hablar de animales, que es todavía más aburrido, porque uno no se identifica con ellos. ¿Empatía con un animal? Cosa de vegetarianos con el cerebro a dos por hora de darle tanto al puerro, al puerro. Enfermos. Así que si no es usted uno de esos tipos que huelen a lino sucio, pues oiga, pinche por ahí, o busque porno, que a veces la búsqueda es más estimulante que lo buscado, y las erecciones sorprenden en el mismo Google, la antesala, qué esplendor.

Por cierto, también voy a hablar de migraciones, que es algo que huele a puchero vacío, pero de otro. Y de la Universidad de Connecticut, aburrimiento máximo. Y de un profesor que es una eminencia. Y luego tengo que dar una de arena, y dejar un buen regusto final, para lo que necesitaré, por lo menos, un párrafo. Y ya llevaré escritos dos como mínimo. Y más de tres no voy a poner, porque luego no lo lee ni mi madre, que la pantalla (será la pantalla) genera rechazo, y el lector se cansa. Pobre lector. Y todavía tendré que aportar algo. O hacerlo pretendidamente gracioso, que es una forma de huir del vacío. Y poner enlaces. Y meter negritas. Y darle una vuelta. Y ponerlo picadito. Y un cojón. Lo miráis vosotros si os interesa, que yo ya me lo sé.
Aquí está: http://www.sciencemag.org/cgi/content/abstract/sci;322/5899/258

Es la revista, está en inglés y para leerlo entero hay que pagar, pero así es más gratificante que leyendo el teletipo y en el café lo miran a uno de otra manera cuando piensan que uno lee estas cosas. De todos modos, viene a decir que las especies tropicales se van desplazar a regiones más frías por culpa del calentamiento global, lo de la viñeta, vamos.

Visita a Francia

No tengáis miedo de entregarle la vida a Cristo.

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Gómez

El Jardín surgió del estiércol y ahora aspira a convertirse en el segundo pulmón del mundo, por delante de la selva amazónica y por detrás de Imperial Tobacco. Gómez nació en las Islas Marianas del Norte. Pasó su juventud en Helsinki, Finlandia, donde se formó como periodista y se convirtió en ciudadano europeo. Dejó el periodismo por la empresa privada. Se afincó en Canadá e hizo fortuna en la pesca del fletán negro. En un viaje a Las Vegas, EEUU, lo perdió todo. Ahora presenta el tiempo en laSexta.

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Por Carlos / 04 de Diciembre de 2008

La chica se destaca no solo por las fotos sino también por las respuestas a tus preguntas. Me ha gustado mucho la entrevista, y me ha encantado que se cabrease cuando le rechazaron el proyecto del diseño del libro, olé por Marta, por algo está ahi, por empeñarse e...

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Raquel, me encantan tus artículos. Aunque no he estado nunca en la India, al llerlos me parece que estoy viviendo la experiencia. Sigue ilustrándonos con tus artículos, me gustan los mensajes positivos de todo lo que cuentas. Un beso. Elo

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Por Leonardo / 04 de Diciembre de 2008

Cansado estoy de entrar en el blog y hallarme en un estanque. ¿Qué pasa, querido bloguista, tan pronto sucumbes al desaliento? Ánimo, que ésta es tarea de largo aliento, y como Sísifo el bloguero ha de llevar su piedra cada mañana o una de cada pocas y subir...

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Por Lo Guerra / 04 de Diciembre de 2008

Me gusta esto de llevar al gran público material fresco, aunque muchas veces sea difícil acercar el gonzo a todo el que se acerca en busca de información "estándar"... Saludos desde BCN!

En Porno

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Por anhera / 04 de Diciembre de 2008

increible que no lo entienda alguien.. O.o Me ha encantado. Es corto, con contenido y divertido. Aunque lo parezca no es nada facil contar cosas en poco espacio, y que encima gusten :)

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