Semana Sádica
El sadismo
Si lo vemos con distancia, la Semana Santa es un ejercicio de sadismo; el de mayor raigambre y tradición, de acuerdo; capaz de unir en torno a una talla a fanáticos y curiosos que acaban sintiendo algo parecido al misticismo, puede ser; que es precioso ver a la Virgen en la Madrugá a hombros de una muchedumbre de hormigas desbocadas, discutible percepción; pero todos estos argumentos no nos alejan ni un milímetro del sentimiento que mueve la Semana Santa: el sadismo.
Lo cierto
Analicemos los hechos: varón, cetrino, de barba descuidada y cabello graso portando una cruz hacia el Golgotha. Como todos los montes, el Golgotha es cuesta arriba cuando se va y cuesta abajo cuando se viene. El sujeto no viene porque muere allí, crucificado, quizá desangrado, quizá por asfixia, quizá convulsionado por el dolor, en cualquier caso, tiene una muerte horrible, sin duda, una muerte para olvidar.
El mensaje
Sin embargo, no sólo no se olvida, sino que se conmemora, se festeja y hasta se recrea con voluntarios masoquistas que quieren sentir lo que sintió el Redentor en la cruz con un ladrón a cada lado y cuatro, o tres clavos, según versiones, en el cuerpo. Deberíamos preguntarnos por qué ocurre esto. Los forofos afirman que el Calvario es la muestra de humildad mayor de Jesucristo, que aceptó una muerte horrible pudiendo haber hecho un despliegue de superpoderes y haber dejado a todos los romanos fritos. Pero, ¿no era la Palabra el principal mensaje del hijo de Dios? ¿Qué mensaje es el que glorifica el sufrimiento? (¿Lamela?) ¿No se perpetúa con esta reproducción anual del dolor el odio hacia el opresor más que el mensaje revolucionario y buenrrollista del Cristo vivo?
La vergüenza
Conmemorar la muerte más que la vida suele hablar mal del artista. En este caso, creo que deja mal a los fans y en una posición incómoda a Jesucristo, que estos días tendrá que andar de puntillas por el Cielo, con miedo a encontrarse con otros muertos ilustres, como Elvis, Ayrton Senna o Rasputín, temeroso porque ellos pueden echarle en cara que, con obras menores a la suya, aún se los recuerda más por su vida que por su muerte, y porque nadie va por ahí en su nombre derrumbándose en el baño, estampándose contra un muro ni haciéndose asesinar por tres vías.




