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EL JARDÍN
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Listado de posts por la categoría ' Cibersueños '

La vecina golosa (CBS)

La chica del ascensor está conectada, es la de la cara golosa del otro día. Le mando un ronquido y me abre una ventana emergente. Me pregunta tonterías inconexas, porque el cerebro cuando duerme es fundamentalmente inconexo, lo de las tonterías ya es cosa suya. Me pregunto si será tonta o si es que se lo hace. Ella me dice que ni lo es ni se lo hace.

Entonces descubro que puede leerme el pensamiento. Y ella me escribe que claro que sí, que si voy por ahí con la sesión abierta no tengo secretos. Intento entrar en la carpeta de sus miedos y veo que pone acceso denegado, y ella dice que sólo puede entrar ahí la administradora, que es ella, o alguien con invitación y con licenciatura médica. Le digo que soy médico y ella dice que de eso nada, que lo que soy es un pervertido y que deje de mirarle las fantasías eróticas.

Le intento hackear el sistema, pero se me adelanta y me enseña una película: salgo yo con tres años corriendo por el salón de la casa de mis padres, el plano es subjetivo. Tiro del mantel y sigo corriendo. Mi padre se mueve. Mi madre se mueve. Los dos se lanzan en plancha hacia algo y mi abuela dice ay el niño. Se me cae la cafetera en la tripa y empiezo a llorar. Estoy abrasado. Lloro. Grito. Pienso en Jaimito, mi peluche verde, el que siempre gana. Deseo estar con Jaimito. En el fondo, deseo ser Jaimito. Me duermo o me desvanezco, el caso es que dejo de sentir dolor.

Cuando me despierto estoy en el coche. Mi padre conduce y mi madre me lleva en brazos. Llegamos al hospital y me atan pies y manos a los barrotes de una camilla diminuta para que no me toque la quemadura. Un médico me cura y noto cómo me hierve la piel. Noto cómo frota un algodón y la herida me quema. Después noto una crema fría y una gasa. Y esparadrapo. Y me inyectan algo.

Entonces ella dice qué. Y yo contesto que me lo habían contado, pero que no lo recordaba. Se desconecta. Y yo, sin querer, me despierto, huyendo de algo de lo que no quiero huir pero que se ha acabado, y me cuesta comprender que estoy en una tumbona, en mi piso de Madrid, y que han pasado más de veinte años.

El hombre que se folló a Goldberg (CBS)

Estaba comiendo en un restaurante moderno de comida pequeña y plato grande, solo, leyendo el periódico en analógico. Entonces, algo me ha reventado en el pecho, la catarata que absorbe al río, el suspiro que se traga el viento: Sentir, sentirlo todo en un segundo, sentir sin esperarlo, cuando la guardia está baja y el cuerpo abierto, dispuesto de inconsciencia. He llorado dos pensamientos por detrás de las lágrimas. He llorado en el restaurante, sin motivo. He llorado. La camarera me ha traído un helado, se ha detenido y me ha mirado las lágrimas, una por una, desconcertada, a punto de preguntarme si necesitaba ayuda narcótica de algún tipo. Ni me he movido ni he dicho, creo que ni he respirado. Diría que era estupefacción o sorpresa, pero ni siquiera, no había pensamiento: sólo un cuerpo retorciéndose, por fuera, lágrimas.

Al salir, he recordado esa música. Esa música que llevo incrustada en el cerebro, en algún rincón de la memoria, subyaciendo desde hace unos días; ese piano que no se detiene y que a veces no escucho pero que permanece, siempre, por debajo, acelerándose, pidiendo paso, gritando y susurrando, de puntillas, y perdonando vidas y pidiendo socorro. Ese piano.

Cuando he llegado a casa me he dormido. Sabía que tenía que estar allí y allí estaba, entre traumas y síndromes, entre Yocasta y los vampiros, una carpeta nueva entre tanto mueble viejo. En su interior, sin dejar de sonar, el piano; al piano, Glenn Gould, agachado y tarareando mientras se deja los dedos y el alma exprimiendo a Bach, follando con las Variaciones de Goldberg, torcido como un árbol viejo, con la vida supurándole por los dedos. Nunca nadie ha hecho el amor tanto, nunca nadie lo había hecho tan bello.

Ahora busco a quien me introdujo este troyano en el subconsciente, tengo que susurrarle una música que le trae lágrimas a la belleza y deja el cuerpo desbordado.

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Cibersueño 2. Pedro y el mono

Pedro, el portero, me dice que le han llegado quejas de los vecinos. Le pregunto que qué clase de quejas, que las quejas son algo muy amplio; la queja es abstracta, le digo. Baja la mirada y me responde que quejas; quejas debidas a mis sueños, porque los emito aptos para todos los públicos y, en realidad, no son aptos ni para el Marqués de Sade, y dice Marqués de Sade con una mano alzada, declamando, con la vista puesta en el infinito del tubo fluorescente del vestíbulo.

Después me pide disculpas por la sobreactuación y me ruega que, ya que voy de exhibicionista por el hipermedio, ya que no uso ni contraseña en la sesión ni me he capado los puertos, que al menos tenga a bien restringir el uso de mis sueños a los menores. Y yo le digo que pongan un fireware los que no quieran verme el subconsciente, que ya está bien de poner palos en los radios del procesador de los artistas. Y Pedro, con su mono azul, me lanza la mirada que le lanzaría Lázaro Carreter a Ramoncín si se encontraran en un diccionario, una mirada que dice: alma de emesedós, tú no sabes lo que es un fireware. Y me voy. Y Pedro se viene conmigo, en el ascensor.

Se pone serio y dice: He visto a otros como tú antes, hazme caso y cápate los puertos, no estás hecho para esto, hijo. Le respondo que ya vale de monsergas y que me importa tres bits y medio que el hijoputa del noveno me descargue el subconsciente y lo venda en un top manta. No es sólo eso, me dice. Tú no estás hecho para soñar en wifi, acabarás dependiendo de ello. Los ojos te brillan, tienes mono, no puedes parar. Detente antes de acabe con tu vida de despierto. Y yo, que estoy empezando a sentir escalofríos en la espalda, salgo del ascensor y le llamo 386 a 33 megahercios. Y a él se le queda cara de maquintos. Llego a casa, me tomo un par de lexatines y me echo la siesta en la tumbona que he puesto en la entrada, que es donde mejor se coge el wifi. Es la cuarta siesta que me echo hoy y me siento como Dios.

Cibersueño desde hace meses

Al principio no le di importancia: un par de pop-ups en mitad del sueño y ni siquiera todos los días. Después empezó el phishing, o algo que parecía phishing, pero por entonces yo no imaginaba en ningún caso que aquello pudiera ser phishing. Un día, mientras me estaba durmiendo, en ese rato en que se empieza a escuchar música en la trasera del cerebro y uno comprende mansamente que ya no puede mover los brazos y que se le va a caer el libro en la cara, una ventana emergente me cruzó el hipotálamo y me dijo que había un error de conexión: quedé horrorizado, pero ya era un hombre vencido y me dormí. Aquél día no me asaltó ningún pop-up en sueños.

Han pasado ya unos meses (cuatro, lo recuerdo porque coincidió con mi mudanza) desde que comenzaron mis cibersueños, en este tiempo al ancho de banda de mi inconsciente se le ha multiplicado el tráfico: recibo emails de otros dormidos, participo en un foro sobre pesadillas especializado en vampiros, que son mis favoritas, leo prensa (el Morfeo Times, sobre todo) y me estoy descargando algunos sueños célebres en plan pirata, pero aquí no es delito porque la SGAE no duerme. El otro día me puse un sueño de Kubrick, que me había recomendado un dormido de Australia que trabaja de noche y coincide conmigo en el chat, y me pareció un pestiño, además a mí lo de soñar con subtítulos no me pone nada.

Ayer subí con una vecina en el ascensor y, después de mirarme y remirarme con cara golosa, me dijo que me pusiera contraseña en la sesión, que ella sólo entraba atraída por mis intimidades, pero que el del noveno me estaba pirateando el subconsciente, lo sabía porque lo había visto en un topmanta (expresión que aquí multiplica su significado). Me alarmó. Como hago con todas las cosas que atañen a la comunidad de vecinos, le pregunté al portero, Pedro, y me ha dicho que esto es porque es un edificio wifi y que si quiero estar totalmente seguro de que la red no se me cuela en los sueños lo mejor es que me cape los puertos, y a mí, la verdad, me acojona la idea.

Os seguiré contando.

Gómez

El Jardín surgió del estiércol y ahora aspira a convertirse en el segundo pulmón del mundo, por delante de la selva amazónica y por detrás de Imperial Tobacco. Gómez nació en las Islas Marianas del Norte. Pasó su juventud en Helsinki, Finlandia, donde se formó como periodista y se convirtió en ciudadano europeo. Dejó el periodismo por la empresa privada. Se afincó en Canadá e hizo fortuna en la pesca del fletán negro. En un viaje a Las Vegas, EEUU, lo perdió todo. Ahora presenta el tiempo en laSexta.

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Últimos comentarios

En Ganador del I Concurso de Micros

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Por HombreRevenido / 07 de Septiembre de 2008

Muchas gracias al jurado y a todos. Es un gran honor que seguramente no merezco. Además, qué casualidad, "microjoyita" fue el término exacto que utilizó la última mujer que me vio desnudo.

En Ganador del I Concurso de Micros

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Por pitagoras / 07 de Septiembre de 2008

¡Enhorabuena al ganador! yo tambien prometo participar para la proxima!!! No me habia enterado mu bien jajaja pasatelo bien en el concierto!!! Ya nos contaras... pd: aqui algo que solo tu puedes entender.... VIVAN LAS MATEMATICAS =D

En Ganador del I Concurso de Micros

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Por Ender Muab'Dib / 07 de Septiembre de 2008

Pero en la Academia de Chimpancés seguro que ha sido uno de los infinitos monos que están infinitamente golpeando sobre máquinas de escribir. Así tuvo que ser muy fácil ganar, Hombre Revenido. Bueno, hay que decir que la idea ha sido genial, no se me hubiera ocurr...

En PP en fase anal

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Por David / 07 de Septiembre de 2008

Ana: a mí me en realidad lo del culo me da igual, me preocupa más lo de "parte de atrás" jajajaja. Aquaman: en realidad estoy totalmente con usted. De hecho suscribo ahora mismo su propuesta de poner lo de "en nuestra universidad te lo pasarás TETA". Es mucho mejor, voto...

En Sobre cabras y corderos

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Por Becario For EveR. / 07 de Septiembre de 2008

Ana, ?qué haces todavía de becaria?, con crónicas así y gracias a tus explicaciones uno se queda alucinado. Ya tienes mi voto para pasar a "titular".

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