Madina y la hidra
Al Thierry detenido se le caían babas sin cabales a cada decibelio; esposado, seboso y sucio, veía acercarse el bosque de Birnam en los objetivos y en los flashes de los cámaras que esperaban la salida del caldo más avinagrado de Burdeos. Entonces, la cabeza de la serpiente se transformó en cabeza de hidra, y de la repugnancia pasó al ridículo a golpe de víscera, berrinche y sudor. No le hicieron falta más que un par de exabruptos y algún gora para que, donde queríamos ver a un mierda, viéramos a un loco. Después se cerraron las puertas del Megane y Thierry se fue a París a escuchar su condena.
Hoy, en el Sexto Grado, hemos preguntado a Eduardo Madina por el folklore de Thierry. Madina no se altera cuando habla de ETA, ni parece que se le acelere el pulso, ni desenfunda un índice acusador de atril y mitin para meternos por los ojos dos cojones y firmeza ante el terrorismo. Madina mira menos de un segundo al suelo cuando recibe la pregunta, nos parece que busca un recuerdo, pero encuentra un par de textos y responde que Thierry podrá aprovechar la cárcel para "leer más y gritar menos".
Entonces, uno se imagina a Thierry mareado por veintitantos años de huida de peonza, cada vez más encerrado de gafas para adentro, alimentándose como un pollo con el odio que regurgitan cuatro pájaros que van de un lado a otro de la frontera. La endogamia empobrece la mezcla y a Thierry se le enturbia tanto la mirada que ya no vale ni para tuerto en el país de los ciegos. Entonces viene Madina y da en el clavo: lee, Thierry, te secará las babas, quizá te devuelva al mundo, hasta es posible que tú te veas ridículo y te recuerdes como un loco. Hasta es posible que dejes de comprenderte y no creas haberte comprendido. Hasta es posible que seas tú quien vaya, algún día, al encuentro del bosque de Birnam.




