Fiesta del pasado domingo en el Bernabéu. Bernd Schuster concentra a todos sus jugadores una hora y media antes del encuentro. Tiene que hacer siete descartes, teniendo en cuenta que los blancos no se juegan nada, y que, salvo Van Nistelrooy y Metzelder por motivos de forma, y Codina como recompensa a su trabajo en la sombra durante estos once meses, da igual quién forme en el once.
Afición, prensa y directivos entenderían que los menos habituales tuviesen minutos. Ante el estupor general, el alemán saca un once muy similar al presentado en el Camp Nou. La peor noticia no es esa, sino los descartes. Entre ellos, Míchel Salgado, en el que podría haber sido su último partido oficial como jugador del Real Madrid.
Desde que comenzó la temporada era conocedor de su papel. Secundario sí, pero suficiente para ganarle el pulso a un talentoso brasileño como Cicinho. En algunas fases le superó el canterano Miguel Torres, pero no ha podido con la fuerza, juventud y calidad de Sergio Ramos. Aún así, ha tenido minutos de calidad, y confesaba a sus más íntimos que quería despedirse del Bernabéu jugando.
Schuster le negó ese derecho. Le mandó a la grada, y le torció el gesto. Lo aceptó como buen profesional, pero le ha quedado esa espinita. Al finalizar el encuentro, llamó a sus hijas, y celebró el título junto a ellas. Con su bandera de Galicia anudada al cuello dio la vuelta de honor y estuvo tan activo como el que más, pero dos detalles marcaron el que puede haber sido su adiós.
Cuando la fiesta estaba a punto de echar el telón, llamó a sus dos íntimos del vestuario, Raúl y Guti. Cogió la copa, y posó junto a ellos en un retrato para el recuerdo. Añadiendo un gesto. Sus cuatro dedos marcaban el número de ligas conquistadas desde su llegada en el verano de 1999. Pocos minutos antes, con la plantilla al completo en el atril saltando y botando, rompió el protocolo y se fue a buscar a los actores secundarios, a los que nadie ve, pero que todos saben que son imprescindibles.
Fisioterapeutas, médicos y recuperadores abandonaron la sombra del banquillo y se unieron al festejo de la mano de ‘Il Due’. En un noventa por ciento, habrá sido su epílogo como jugador del Real Madrid. Por eso, y por los títulos ganados, entre ellos, dos Ligas de Campeones, una Copa Intercontinental y otra Supercopa de Europa, Bernd Schuster debería haber estado a la altura del lateral de Las Nieves. Cocinero antes que fraile, nunca debió negarle el pan al panadero. Como diría el cantante sudamericano Coti, “si te vas…”. Que te vaya bonito Míchel.