"O Fabuloso" siembra las dudas
Se habla estos días de la posible incorporación del sevillista Luis Fabiano al Real Madrid. A favor, su inmensa temporada en el Sánchez Pizjuán y sus excelentes números con Brasil. Delantero potente, que maneja bien todas las suertes del área: remate de cabeza, disparo potente, buenos reversos, incisivo...
A punto estuvo de marcharse tras un primer año bastante discreto, pero al final, ha logrado dar la razón a los que confiaron en él. Es más, después de asegurar el pase del Sevilla a octavos de final de la Liga de Campeones mandó un recadito: “Todos mis goles van dedicados a aquellos que me silbaron y pidieron mi salida”.
Por ahí, por su difícil carácter, es por donde entran las dudas. ¿Tiene calidad para vestir de blanco? Probablemente sí. Dos ejemplos sirvan para que su posible fichaje quede, al final, en agua de borrajas. El primero, pasó la temporada pasada en La Romareda. Una dura pelea con el defensa uruguayo del cuadro maño, Carlos Diogo. Ambos expulsados, y ambos dando una imagen imperdonable del fútbol español, y por ende, de sus respectivos equipos. Dura sanción y demostración de un carácter algo problemático. La segunda, el desplante a Manolo Jiménez en el trascendental duelo ante el Fenerbahçe hace apenas dos semanas cuando fue sustituido con la eliminatoria todavía en el aire. Puso por delante el ego personal que el bien del conjunto, algo nunca loable.
Esas dudas son las que se siembran los despachos del Paseo de la Castellana. Sus números invitan a hacer un esfuerzo por vestirle de blanco; su personalidad, puede costarle no ver cumplido uno de sus sueños. Quedan dos meses para deshojar la margarita, porque todavía está muy presente cómo Antonio Cassano desperdició una oportunidad maravillosa de convertirse en uno de los jugadores más grandes del Continente. Su inmenso talento quedó de lado por sus continuas muestras de indisciplina. Y es que, para jugar en el Real Madrid, no sólo basta con ser un gran jugador, sino que también hay que parecerlo.




