Cuestión de adaptarse
Finales del mes de agosto, Royston Drenthe se estrella en mitad de la calle Alcalá de madrugada. Las alarmas en el Club saltan ante los problemas de adaptación del jugador holandés. Su golazo en la Supercopa ante el Sevilla invita al optimismo, pero queda enterrado en la nada. Sus apariciones son esporádicas, su pasotismo en los entrenamientos indigna al cuerpo técnico, y lo paga, semana tras semana, con su exclusión de las convocatorias. Drenthe es un joven apagado, peleado con el planeta, y empeñado en buscar miles de excusas a su nula aportación al equipo. Se plantea incluso la posibilidad de cederle en el mercado invernal, pero desde el Club se cierra esa opción porque se confía en su proyección. El técnico alemán habla con él, pero su respuesta tarda en llegar.
Cambio de año, su novia cerca de dar a luz, apariciones positivas en la Copa del Rey, que dan al ex del Feyenoord una perspectiva diferente de la realidad. Su aspecto no le ha ayudado a que la gente le mire con cariño –rastas, vestuario poco acorde en diversos actos, aire de pasotismo…-. Además, Schuster le exige cada día, consciente de su potencial, y que el equipo está inmerso en varios frentes para confiarlo todo a trece jugadores.
Ahora, Drenthe es feliz, es otro. Sigue siendo como el niño pequeño al que los mayores deben cuidar y evitar que se salte el guión. Siempre bromeando, siempre más pendiente de vacilar a los compañeros que de los ejercicios. Drenthe es así, si se aplica, podrá llegar lejos, si deja a un lado el profesionalismo, tendrá muy cerca la puerta de salida. De momento, ya se ha puesto un llavero del Madrid en las llaves de su flamante Audi blanco. Un paso más. Adaptarse, quedarse y, probablemente, triunfar. El camino contrario le llevará al olvido. La pregunta es clara, ¿sabe Royston Drenthe de los privilegios que goza?




