Grotesca entrada, cruel destino
En Huelva hubo muy buenas noticias para el Madrid. Recuperó aire en el liderato, volvió a contar con Pepe, y Robinho demostró que su ausencia ha pesado demasiado. Pero esas buenas nuevas quedaron empañadas con la entrada de Quique Álvarez a Arjen Robben.
Con la lesión de Robinho, el holandés había cogido peso en el equipo, se le veía más entonado, más feliz, más integrado en la dinámica del grupo. Destacó sobremanera en los choques ante el Valladolid y la Roma, pero ese fatídico minuto 67 le marcará para el final de la competición.
En la mañana del domingo, Robben abandonaba Valdebebas hundido, cabizbajo, sin ganas de hablar con nadie, dejando sus muletas en el maletero para dirigirse a su domicilio, donde deberá guardar reposo… y ver la vuelta ante los italianos desde el sofá. Sus compañeros han intentado levantarle el ánimo, pero es casi imposible. Sobre su cabeza sobrevuela una nube negra que no le deja desplegar el fútbol que conquistó al continente en la Eurocopa de Portugal. Además, los médicos han sido sinceros con él: “Despídete de jugar el próximo mes”. En el Club están sufriendo por el cruel destino de su inversión más importante de la temporada.
Arjen Robben, conocido en algunos foros como el ‘jugador de cristal’, se encuentra ante una nueva cruzada. Demostrar, una vez más, que es más fuerte que las lesiones, que no son más fuertes que él. Su depresión no sólo se comprende porque atravesaba su mejor momento del presente ejercicio, sino que viene acompañada por la proximidad de la próxima Eurocopa. El seleccionador Marco Van Basten cuenta con él… si juega habitualmente. Su consuelo, que con la brutal agresión de Quique Álvarez, que pudo haber sufrido el mismo destino que el jugador del Arsenal Eduardo da Silva. Trágico destino para un virtuoso del balón.




