La Roma acaba de conquistar el Santiago Bernabéu. El vestuario del Madrid es lo más parecido a un funeral, nadie habla, nadie levanta la cabeza. Exhaustos, agotados, los jugadores empiezan a dar vueltas a la eliminatoria. ¿Dónde está ese equipo de antes de Navidades? Muchas preguntas, respuestas simples. Luciano Spalletti, técnico de la Roma, creció en el fútbol modesto, en tercera, con equipos de segundo nivel, se fue haciendo grande en el Empoli, al que llevó hasta límites insospechados. En uno de los partidos más importantes del año, apostó por ganar, y ganó. En el Olímpico, sacó su versión más defensiva. Sin embargo, en Madrid, y quitándole la iniciativa a los blancos, ofreció la cara más alegre y ofensiva posible.
Enfrente, Bernd Schuster. Siempre a la defensiva, sin disfrutar su aventura en Chamartín. Tenía la oportunidad de entrar en la historia de las remontadas del Bernabéu, pero renunció a su gloria. Dijo en la previa: “Debo ser yo el único optimista” “No es tanta remontada, el 1-0 nos vale”. Era cierto, había muchos pesimistas -porque el juego y el físico del equipo así hacían pensar-, y sobre todo, ese 1-0, como en la Copa, que ha demostrado ser una losa demasiado pesada. Apostó por Gago y Diarrá, renunció a un hombre de banda -Drenthe-, cambió el dibujo antes de meter a Soldado por el lesionado Van Nistelrooy, y prefirió al voluntarioso, pero limitado por las lesiones, Míchel Salgado, antes que por la frescura del joven Miguel Torres. El resultado, obvio.
Todos lo niegan, pero la evidencia los delata. Guti había completado dos entrenamientos antes del choque de la Roma, Míchel Salgado uno más, Pepe con un bagaje de treinta minutos en Huelva, Robinho veinte, Cannavaro lleva más de un mes pidiendo un descanso a gritos, Heinze regresó al equipo hace diez días en Roma, y a Gago el ritmo del fútbol europeo le agota hasta la extenuación. Resultado, adiós a la Champions. Ahora, Schuster tendrá que pensar porque no rotó, como se le pidió, en los meses de octubre, noviembre o diciembre.
Con el equipo exhausto, y dos meses de competición -eso sí, con un partido por semana-, todavía puede salvar la Liga. No debe tensar más la cuerda -Ramos, Cannavaro, Raúl…-, porque casos como el de Van Nistelrooy, Pepe o Heinze, pueden volver a repetirse. El sábado tiene una nueva oportunidad, ¿la aprovechará? Analicen, entrenador pequeño, equipo pequeño. Un ejemplo, Wenger, en Milan con su Arsenal, dejó a Gilberto Silva -campeón del mundo- en el banquillo de San Siro y sacó a dos jóvenes, Fábregas y Flamini. ¿Resultado? El Arsenal en cuartos, donde desgraciadamente, no estará el Madrid.