Mono de Ferrari, prestaciones de R-28
Tan de moda está la Fórmula 1 en los últimos años tras la exitosa y elogiable aparición de Fernando Alonso, que la comparación con Bernd Schuster, y su Real Madrid, es obvia. El alemán luce el mono de Ferrari (Real Madrid) cual Jean Todt, pero actúa con la mentalidad del Renault R-28 del asturiano. En el Ono Estadi, volvió a quedar en evidencia. Vaya por delante, que el encuentro estaba encarrilado con el tanto de Sneijder… hasta que llegó el descanso. El mensaje del técnico, contundente. “Replegamos, y buscamos la sentencia a la contra”. Despareció el juego, los centrales acularon con Casillas y el Mallorca creció, creció y creció… La expulsión de Sergio Ramos fue la mecha que encendió todo lo que sucedió en los últimos veinticinco minutos de encuentro.
Schuster actuó como un entrenador de equipo medio. Teniendo el balón el Madrid había sido superior en la primera parte; directamente, lo rechazó. Aunque todavía habrá que darle vueltas a cómo su conciencia le dijo que pusiera a Diarra de lateral derecho en lugar del sevillano. Nadie entendía nada, el malí estaba desorientado, y Manzano –mejor estratega-, volcó el juego de su equipo por ese costado. Y llegó el tanto de Valero. Entonces, el entrenador movió ficha. Ahora sí sacó a Torres, aunque retiró a Sneijder –el mejor en Mallorca-. Mandaba a repostar a su mejor piloto, con los perseguidores en el retrovisor. Este Ferrari Madrid, se mostró como un R-28, lento, y asegurando entrar en los puntos. Así va transcurriendo la Liga. Así se podrá conquistar el campeonato, pero en Maranello –el Santiago Bernabéu-, siempre se ganó con valentía, y al ataque. Los triunfos rácanos y sin gloria, nunca quedan en la memoria.
Sólo algunos jugadores sacaron la cabeza con orgullo –Gago, Marcelo y Guti-, y obviando los consejos de Schuster, en los últimos ocho minutos, tiraron hacia arriba, robaron de nuevo el balón al Mallorca y evitaron mayores sobresaltos. De esta manera, y sin grandeza, Mclaren –Barcelona- y BMW –Villarreal-, pueden dar caza, a un Ferrari que desde boxes, puede tirar por tierra el colchón adquirido con valentía en la primera vuelta del campeonato. Este Ferrari, para ganar, sólo hace falta que le pisen el acelerador y le quiten el freno de mano.




