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EL MENTALISTA

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El hipopótamo funambulista
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Lunedì, martedì, mercoledì...

He estrenado mi calendario romano. Lo compré hace seis meses, en una librería de la Plaza Navona, bajo el sol implacable de las 3 de la tarde. Los turistas somos así: recorremos las calles a las 3 de la tarde.

Cada mes ocupa una página y está iluminado por el cartel de una película italiana. A enero le ha tocado Per qualche dollaro in piu, de Sergio Leone. Tengo la certeza de que antes de que quiera darme cuenta habré llegado a La grande guerra que ilustra diciembre y despide 2009.

Mi año siempre va de noviembre a noviembre - valoro más mi cumpleaños que el solsticio de invierno -, así que llego a enero con el balance hecho y los sueños algo abollados, tras el primer round entre la realidad y el deseo.

Miro atrás y a mi alrededor, hago sumas y restas y el balance no cuadra. Todo va demasiado deprisa o demasiado lento. El tiempo, en fin, se escapa.

La fuga del tiempo, la vida agotada antes de ser vivida, es un tema esencial de la literatura, pero pocos libros lo han abordado tan bien como El desierto de los tártaros, de Dino Buzzati.

En mi edición de la editorial Gadir, Borges lo califica como un clásico, en un prólogo magistral por su concisión. La novela de Buzatti es la historia de Giovanni Drogo, un oficial de un ejército desconocido, destinado a una fortaleza que protege la frontera con los tártaros.

Drogo pasa su vida encerrado en el castillo, sin que nada importante ocurra, sin que nada ocurra, pero con la “oscura certeza de que lo bueno de la vida estaba aún por empezar”. Y mientras espera, se suceden los años, cambian los soldados, mueren los padres, se pierden los amigos, la arena del desierto modela los muros de la fortaleza y los tártaros siguen sin llegar.

“De modo que Drogo – escribe Buzzati - volvía a subir una vez más por el valle de la Fortaleza y ya tenía quince años menos que vivir. Por desgracia, él no se sentía cambiado en gran medida, el tiempo había huido tan velozmente, que su ánimo no había logrado envejecer y, aunque la oscura ansiedad de las horas que pasaban se hacía cada vez mayor, Drogo se obstinaba en la ilusión de que lo importante estaba aún por empezar. Giovanni esperaba con paciencia su hora, que nunca había llegado, no pensaba que el futuro se hubiese acortado terriblemente, no era como en tiempos, cuando el porvenir podía parecerle un lapso inmenso, una riqueza inagotable que se podía derrochar sin el menor riesgo”.

Que lleguen los tártaros, ¡que lleguen ya!

 

Plagios

La propiedad es el robo. Esta frase debería tener comillas. Sin ellas, es una genialidad robada. Es muy fácil encontrar a su autor, así que mangarla y pretender ser original es un acto inútil.

La red que nos comunica ofrece un escaparate lleno de tentaciones. Copiar y pegar, y ya hemos resuelto el reto de enfrentarnos a la página en blanco, como universitarios vaguetes, periodistas entumecidos o escritores secos.

Charo González Casas y Miriam Márquez, dos escritoras amigas, me han contado que han plagiado sus obras. Balance del robo: una obra de teatro y un relato hiperbreve. Están dolidas y no les convence saber que el plagio es siempre un acto de admiración y no sólo de codicia.

De las acusaciones de plagio no se salvan ni Cervantes, ni García Márquez, ni Valle, ni Umbral. Lees la lista de presuntos plagiadores y plagiadores indudables y parece una selección de los mejores autores de la literatura universal. Recordar el nombre del plagiado o del acusador es mucho más difícil.

A veces nunca lo sabemos. Nuestra industria editorial ha hecho millonarios a escritores que tienen su equipo de negros, escritores sin nombre que trabajan para que a César le den lo que no es de César o a Ana lo que tampoco es de Rosa.

Pero a veces hay plagiadores originales, ladrones que convierten su hurto en un acto creativo. En el universo de la plagioteca he descubierto una máquina poética que nos permite robar a Lorca y generar a partir de sus versos un nuevo poema.

Si nos sentimos culpables, siempre podemos convertir nuestro folio en blanco en una pizarra escolar y, como Bart Simpson, escribir 200 veces: Nunca más volveré a plagiar, nunca más volveré a plagiar, nunca más volveré a plagiar…

Siete libros para regalar o regalarse

Amar, a fin de cuentas, es regalar nuestras preferencias a los que preferimos

Si la lees a última hora del día, esta frase de mi admirado Pennac parece extraída de un sermón. Pero depende del cinismo acumulado al final de la jornada. Yo tengo bastante en este momento pero no el suficiente para negar que cuando la leí por primera vez me gustó tanto que la guardé. Y ahora os regalo mi preferencia. Y salto de cabeza a otro párrafo antes de seguir con el razonamiento.

Apretaditas y de perfil, aquí van siete sugerencias por si queréis regalar un libro en Navidad, Reyes o cualquiera de los otros 363 días del 2009 (como escribiría mi admirada Raza, mola más cualquiera de los otros días; cumpleaños excluidos, claro).

    Nosotros. Durante años esta distopía, que como casi todas las grandes distopías es una historia de amor, estuvo agotada. Así que tenerla, que no leerla, era un auténtico lujo. Ya no. La editorial Akal acaba de sacar una edición en bolsillo de esta inolvidable historia de amor entre él, D-503, y ella, I-330, en una ciudad de cristal y totalitaria. ¿Te recuerda a “1984”?, Vale, sí, pero Yevgueni Zamiatin la publicó en 1922 y en la Rusia de los soviets.

    Caballería Roja. De ruso a ruso, esta antología de relatos es una de las mejores que se han escrito nunca.  Isaac Bábel, judío y con gafitas, un auténtico intelectual, combatió junto a los cosacos durante la revolución rusa. Les admiraba. Envidiaba su fuerza, su valor, su facilidad para matar sin remordimientos. Amaba todo lo que él no era y nunca sería. Galaxia Gutenberg tiene una edición estupenda de este escritor genial. 
 
    Alta fidelidad. Lo volví a releer este verano y me he hizo reír de nuevo. Habla  Rob, su protagonista: “Está visto, los discos me han ayudado a enamorarme, sin duda. Oigo un tema nuevo, con un cambio de acorde que me derrite las entrañas, y sin darme cuenta ando buscando una chica, y antes de que me dé cuenta la he encontrado. Me enamoré de Rosie, la de los orgasmos simultáneos, justo después de enamorarme de una canción de los Cowboy Junkies; la ponía sin parar, una y otra vez, y me ponía en plan soñador, y necesitaba un chica con la que soñar, y la encontré, y… bueno, todo un problemón”. Sobre todo si ya tienes una pareja, vives en una tienda de discos y Nick Horby te elige para contar por qué los tíos metemos tanto la pata.

    La carretera. De Alta Fidelidad hay peli: excusa para vagos. La de este novelón llegará en 2009. Vale la pena leerla antes de que las imágenes de nuestra imaginación sean las de su director. Este viaje de un padre y un hijo por una América apocalíptica da miedo, mucho miedo, y es una buena manera de acercarse a Cormac McCarthy. 

    Mi familia y otros animales. El paraíso existió. Y sólo hay que retroceder 70 años en nuestra máquina del tiempo particular. Estaba en Corfú, una pequeña isla griega, y en él vivía una excéntrica familia inglesa: los Durrell. Gerald, el más pequeño de la familia, narra su infancia única en este libro divertidísimo, repleto de bichos y carcajadas.

    El corto verano de la anarquía. El anarquismo también existió. En la España republicana la sublevación de Franco fue el comienzo de una revolución. Yo, que no soy creyente  y que opino que la mejor definición de la revolución es la de Chesterton, reconozco que me  emocionaron los viejos anarquistas con los que Enzensberger intentó reconstruir la muerte de Durruti. No pudo. Se quedó a medias y el resultado fue mejor.

   Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos. Es lo que pensaba un escritor loco, Philip K. Dick, el autor de los relatos  de los que nacieron Blade Runner y Desafío total.  Dick murió antes de poder disfrutar del éxito, envuelto en la paranoia que le convirtió en uno de los escritores de ciencia-ficción más admirados. Esta biografía escrita por Emmanuel Carrère está en Minotauro, la editorial que ha reeditado casi toda la obra de Dick. 

Si la foto de Buster Keaton os ha gustado, podéis encontrarla en doctormacro.info, un tesoro de retratos del cine clásico. Es mi regalo de Navidad para los valientes que habéis llegado hasta aquí. Un abrazo.

Periodismo práctico

Ni introducción ni prólogo. En “Periodismo práctico”, Arcadi Espada se lanza al ataque desde la primera pregunta: “¿Qué hacer con los políticos?” “¡Colgarlos!” “Don Manuel, el señor Espada se refiere a todos los políticos, no sólo a los nacionalistas”. Asumido que los políticos se van a dejar hacer, a esta primera cuestión le siguen otras 121 ordenadas en 7 secciones, de la política a los obituarios.

122 preguntas, 122 respuestas, afiladas, certeras y tajantes. Espada nos deja las dudas para los demás. O se las deja en los “¿qué hacer con…” descartados. No, esta posibilidad no me la creo.

Espada lee un periódico de la primera a la última página y sólo se deja fuera la sección televisiva. Y este librito – lo digo por sus 182 páginas – se puede leer así, como un periódico, saltando de una página a otra, eligiendo entre quehaceres.

Entre los 122, me quedo con estos y os doy su respuesta troceada y resumida.

    1) “¿Qué hacer con un slogan?”: “El diputado de hoy ensaya un discurso donde la persuasión es secundaria. El diputado sabe que no va a convencer a nadie. Sus palabras van dirigidos a los medios (…) Todo ha sido preparado para él (el periodista). La primera obligación, pues, del periodista moderno es denunciar el factoide, aquello que ha sido construido en función de su presencia”. Creo que no lo haremos, salvo que nos volvamos locos o Arcadi – perdón, Espada - nos contrate y practique su teoría en su negocio.

    2) “¿Qué hacer con la verdad?”: “Las noticias exclusivas sólo llegan al periódico por dos vías de interés: hacer negocio o hacer daño (…) En realidad, si no se trata del negocio o del daño no haría falta el periodismo. La única función del periodismo es comprobar si los canallas dicen la verdad, dado que los santos ni se acercan”. Conclusión apresurada: o santos o canallas, o negocio o daño, o exclusiva o teletipo.

El libro de Espada parece bautizado para estudiantes de periodismo, pero si este oficio nos ofrece un retrato del mundo, si escribe el guión del día a día (o tiene esa presunción, ja, ja), “Periodismo práctico” es una lectura para lectores inquietos (un lema para la fajita roja de cualquier libro).

Si en una gran librería han escondido el libro en la sección de periodismo – perdón, en la balda de periodismo – entonces es que nadie se molestó en hojearlo. No sólo hay periodistas sin dudas, también hay libreros repletos de certezas.

Una onda en el estanque

Suele suceder que los escenarios se derrumben. Levantarse, coger el tranvía, cuatro horas de oficina o de fábrica, la comida, el tranvía, cuatro horas de trabajo, la cena, el sueño y lunes, martes, miércoles, jueves, viernes y sábado con el miso ritmo es una ruta que se sigue fácilmente durante la mayor parte del tiempo. Pero un día surge el “por qué” y todo comienza con esa lasitud teñida de asombro…

No termino la cita de Camus que acaba en una disyuntiva de palabras malditas. Volví al mito de Sísifo del argelino gracias a Leonardo y a otro libro, Camus. A contracorriente, de Jean Daniel, que acaba de llegar a las librerías.

Necesitamos héroes para traicionarlos. Para traicionarnos. Ya no recuerdo si Camus fue mi héroe. Pero mientras escribo estas líneas, me mira desde una foto en la que sonríe. Sin gabardina, sin cigarro, sin su pose de seductor. Sin todos los elementos que construyen la foto que ves ahora.

Camus. A contracorriente, una recopilación de artículos muy heterogénea y desigual, un libro sólo para amantes de Camus, como mi amigo Edu,  ha despertado mi interés por los diarios del pensador de lo absurdo y por esa biografía monumental, lectura siempre postergada, que Herbert Lottman le dedicó.

Dejo mi post-it en esta cita de El mito de Sísifo y dos páginas más adelante vuelvo a marcar otra línea que me grita en voz alta:

Seré siempre extraño para mí mismo

Definitivamente, estos días la piedra pesa demasiado.

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Joaquín

Estuve en la cárcel de profe, he sido locutor de radio, mecanógrafo de niños ricos, chico para todo en la mejor librería de cine de España, concursante afortunado, escritor de audioguías… Soy así: me preguntan quién soy y digo lo que hago. Vuelvo a ser periodista, aunque ahora estoy rodeado de cifras e índices, de periódicos naranjas que nadie me roba. En ese viaje siempre he estado rodeado de libros. Los amo, los odio y, a veces, los leo.

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En Un pistón de Renault

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Por Pedro López / 08 de Enero de 2009

Eso, que lo diga :-P

En Un pistón de Renault

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Por jacarriboy / 08 de Enero de 2009

blogandgo te han preguntado el precio del piston ¿ tienes algun problema en decirlo? un saludo

En La mejor noticia de 2008

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Por nomelocreo / 08 de Enero de 2009

jajajajajajajajaja!!!! mis risa no hay

En El enemigo, a mano

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Por Mameluco / 08 de Enero de 2009

Será para haber si se produce un "exotismo histórico" y Rajoy gana las elecciones con el apoyo de todo su partido... Aunque si, es "exótico" que se mantenga a este hiperfacha en el moderado PP Rajoyano (jejeje -risa maléfia)....

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Por Maximus / 08 de Enero de 2009

Parece un cenicero estupendo.

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