La tensión y la política, cogidas de la mano
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De cabra, Emmental, Cottage, Gorgonzola, Harzer Käse, Roquefort, Parmesano, Añejo, Feta, Cheddar, Stilton, Torta del Casar, Azul, Manchego, de elecciones... Esta última variedad es la que más vamos a ver en la prensa durante los próximos días.
Los gráficos que tienen forma de queso o tarta se denominan “Gráficos de Sectores” y suelen ir acompañados del porcentaje representativo de cada sector (porción) y el valor cuantitativo de cada uno de ellos. Pueden ser representados en dos dimensiones (plano) o en tres (con volumen), mucho más común.
Son muy utilizados para los resultados electorales. Algunos utilizan un ángulo de 360 grados, es decir, dan una vuelta entera (un queso entero). Otros se quedan con los 270º. De todas maneras la mayoría se representan con sólo la mitad del queso, los 180º. Las porciones pueden quedar incrustadas en el queso, aunque cortadas, o bien pueden extraerse de forma ligera si queremos destacar este sector. Un factor muy importante es la suma de los porcentajes. La suma de todos ellos debe ser 100. Ni 99,9 ni 100,1.
Este 9 de marzo están llamados a las urnas (qué frase más funesta) 35 millones de votantes. Matemáticamente tu voto vale muy poco. Sólo representa el 0,000002857%. Pero imagínate que Llamazares saca más votos de los esperados y empata con Zapatero y Rajoy. Tu voto le podría dar la presidencia.
Una pequeña curiosidad. ¿Sabes cómo se descubrió el queso? Un nómada viajando por el desierto del Medio Oriente llenó sus bolsas de cuero con leche, que tras varias horas de sol y ajetreo dentro del cuero cuajó, convirtiéndose en queso. Como todos los descubrimientos, fue por casualidad.
Cuando estos días veas los gráficos de los resultados electorales acuérdate de lo bueno que es el queso. Se me hace la boca agua sólo con pensar en el queso Edam, el Gruyere, el de Burgos, el Camembert… y el mejor de todos, sin duda, la Tetilla gallega.
Nací en Barcelona un gélido mes de enero gracias a los fenómenos de la contracción y la dilatación. La gravedad tiró al suelo mi primer termómetro con una aceleración de 9,81 metros por segundo al cuadrado. A los 14 años empecé a practicar con la fricción. El día siguiente a mi primera borrachera comprobé lo que es la deshidratación. Cuando recibí mi primer beso experimenté lo que es una reacción exotérmica. El primer examen de la universidad me lo pasé mirando por la ventana cómo nevaba y quedé ingrávido, es decir, suspendido. Tras años de estudios de campo he llegado a la conclusión de que se liga más con una motocicleta de 49 centímetros cúbicos que invitando a las chicas a ver las estrellas; como no tengo moto, aquí hablaré de física como no nos la enseñaron en el colegio, y de estrellas, por si hay alguna despistada.
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