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Y también dibuja

Los personajes dibujados por Mauro Entrialgo han aparecido en numerosos fanzines (Cabezabajo), revistas underground (TMEO, El Víbora) y en medios más grandes como El País, El Jueves o Público. Documentarse para hacerle una entrevista es una delicia gracias al “mapa de las cosas que recuerdo que he hecho”, que está en su web; allí puedes ver que, además de dibujar, también ha probado suerte en el teatro, la música, el cine, la televisión y, en general, en cualquier cosa que un padre rara vez definiría como “un trabajo de verdad”.

Una de las curiosidades que conoce cualquier fan de Mauro Entrialgo es lo de su pedazo de colección de dispensadores de Caramelos Pez. De hecho, es lo primero que verías si vivieras en su bloque y llamases a su puerta para pedirle que te prestara un poco de sal o que por favor dejara de incordiar un rato con la guitarrita. Aunque algunos los encarga por Internet, muchos de ellos son regalos... o eso deduzco de la letra de una de las canciones del grupo en el que canta, compone y toca,Esteban Light:

De Asturias queremos sidrina,
de Euskadi un par de gramos de speed
de Italia una peli guarra
y de cualquier otro viaje
no olvides traernos
Caramelos Pez

De este estribillo podrían deducirse varias cosas más, como que no le hace ascos al porno o que tiene serias dificultades para rimar. Sin embargo, me parece bastante más curioso lo de los caramelos Pez. Y como yo quería que la entrevista saliera bien, antes de ir a su casa compré tres Pez distintos para regalárselos y caerle estupendamente y que así respondiera a todas mis preguntas añadiendo detalles interesantes que jamás nadie hubiera publicado. Gracias a Dios, triunfé porque Mauro no tenía el del capitán Sparrow (el personaje de Johnny Depp en Piratas del Caribe), lo que le dio pie para darme una valiosa lección de Historia sobre la compañía de dulces y dispensadores.

MAURO: ¿Sabías que con este tipo de muñecos, PEZ incumple una autonorma que tenía la marca de no reproducir personas reales? Hicieron una excepción en los años 60 con Mary Poppins pero, por ejemplo, la primera serie de la Guerra de las Galaxias no incluía a Han Solo, ni a la princesa Leia ni a Skywalker. Hasta hace cinco años no los han sacado, que ha sido cuando han empezado a romper su política.

La casa de Mauro podría ser declarada museo de la cultura pop, tiene todas las cosas guays que debiste haber guardado en su día, pero también otras que ni siquiera sabías que existían. La cabeza de Boomer-el-tío-elástico-del-chicle convive con un cartón a tamaño real de Silvia Superstar (la cantante de Killer Barbies) empuñando una motosierra; las estanterías llegan al techo repletas de tebeos y cintas VHS, y al final del pasillo asoma una colección de pistolas galácticas de juguete. En general, las paredes se encuentran un tanto asfixiadas a causa de la acumulación de figuritas, blísters sin abrir, ilustraciones, recortes, cuadros-cuadros y dibujos enmarcados. Estar allí es emocionante, Mauro se levanta cada poco del sofá y trae los objetos que van saliendo en la conversación, como si quisiera dejar claro que no se inventa nada de lo que dice. Así fue como le eché un vistazo a su gordo “cuaderno de invierno”.

¿De invierno?
Sí, porque éste sólo me cabe en el bolsillo del abrigo.

El cuaderno es negro con dibujos de calaveras en la portada, tiene el borde de las hojas arrugadas por el uso y nada más verlo piensas que se podría vender por una pasta en Internet. Dentro hay apuntes, pegatinas, esbozos y hasta dibujos con acuarelas.

Pero me habías dicho que en este cuaderno apuntabas cosas cuando estabas en el metro o esperando el autobús, ¿te pones a pintar allí con acuarelas?
Sí, llevo unas acuarelitas encima.

(Lo dice tan normal)

¿Y de dónde sacas el agua para pintar? ¿Escupes o... cómo?
Utilizo cerveza. O lo que esté tomando en ese momento.

Me enseña un tapón de botella con un gesto que parece decir: “Lo mezclas aquí; es fácil”, y se vuelve a levantar para traer un estuchito estrecho de plástico rígido que antes guardaba un mini cepillo de dientes pero que ahora contiene las acuarelas que él disuelve con cerveza o con lo que esté tomando en ese momento.

Mola. Cuéntame por qué te marchaste del País Vasco.
Porque en ese tiempo (en los 80) no podías vivir de hacer historietas en una ciudad pequeña. Hubo mogollón de gente de esa época que se tuvo que marchar. Casi todos los que dibujaban se iban a Barcelona.

Pero tú viniste a Madrid.
Es que nunca me ha gustado la disposición de los bares en Barcelona, que están cada uno de su padre y de su madre. Me gustaba más la noche de Madrid, aunque ahora las cosas hayan cambiado bastante... La verdad es que dudaba entre ambas, pero conocía a más gente en la capital, que es, además, donde siempre han estado los periódicos y las televisiones, cosas que me interesaban más que el mundillo cerrado de los cómics.

Sin embargo, en ese mundo cerrado de los cómics también es muy popular. Mauro Entrialgo ha estado ocho veces nominado en el Salón del Cómic de Barcelona, aunque sólo lo ganó en una ocasión: Autor revelación en el 94, con un personaje de gabardina roja, sombrero de dos picos y una clara adicción por las sustancias ilegales, “Herminio Bolaextra”. El resto de veces, la nominación se quedó en nominación.

Con el tiempo me di cuenta de que no le iban a dar el premio a la Mejor Obra a un tebeo de humor sin un dibujo muy acabadito. O, al menos, tendrían que cambiar mucho las cosas para eso.

¿No está bien visto el humor en el cómic?
La verdad es que no. Los del cómic tienen un cierto complejo de inferioridad y le quieren dan los premios a aquellos libros más serios para demostrar que ellos también pueden hacer obras de cierta entidad. Los que hacemos humor tenemos la desventaja de que nos consideran menos desde dentro del mundo del cómic, pero, sin embargo, desde fuera estamos mejor vistos y nos es mucho más sencillo colocarnos en otros medios… En cambio, si alguien que dibuja superhéroes intenta venderle sus dibujos a El País Semanal le van a decir que qué hace dibujando como en el siglo XIX.

Me han contado que hace tiempo preparabas en tu casa unas fiestas como que muy creativas...
¿Te refieres a las Meriendas Catódicas?

Supongo.
Hace un par de años que no hacemos ninguna pero, sí, la idea era ésta: yo daba de merendar y los invitados traían algo audiovisual que hubieran hecho ellos: videoclips, publicidad, cortos, etc. Lo veíamos todos juntos, comíamos y criticábamos. La gracia era juntar a personas muy distintas, unas amigas con un corto sentimentaloide sentadas al lado de un tío muy bestia, o alguien que llegaba con un trabajo muy profesional y otro que traía un videoclip cutre de una asignatura de la carrera… y todos tenían que verse lo de los demás.

¿Cómo surgió la idea?
Un día quedamos Borja Crespo, Ricardo Cabezabajo y yo para ver unos vídeos, y al día siguiente Borja trajo a Nacho (Vigalondo) que nos iba a enseñar un corto que había hecho, y después llegó con otra persona que quería mostrarnos un trabajillo… Entonces decidimos invitar solamente a quien hubiera hecho algo, para que fuera más divertido.

Suena súper exclusivo.
La idea era que viniera poca gente, pero no porque fuera exclusivo sino porque si hay más de diez personas nadie ve los vídeos. Además, queríamos que fueran meriendas para que la gente aún no estuviera pedo y desmadrase.

Bien, ¿y qué merienda les preparabas a los artistas?
”Canapés catódicos”, hechos sólo para la ocasión.

¿Cuál es la receta un “canapé catódico”?
Los ingredientes parecen una tontería, pero hay que saberlos mezclar para que sepan igual (Borja los intentó hacer en su casa y no le salieron): pan, queso, orégano, mantequilla y manzana… pero combinados de una forma especial.

¿Y te ponías delantal y salías con la bandejita?
Sí, con canapés y vino.

Qué mono. Volvamos a “Herminio Bolaextra”, ¿cuáles de las muchas drogas que ha probado Herminio no has probado tú?
Yo es que nunca hablo de nada que no conozca, o sea que todas las drogas que ha probado Herminio las he probado yo. Mucha gente me suele decir, “tú sabes de todo”, no amigo, lo que hago es nunca hablar de lo que no sé y así no se nota. Por ejemplo, no hablo jamás de deportes, ni de coches, ni de actualidad social, ni de políticos… pero lo que sí conozco, lo trato en profundidad.

Si Bolaextra es un fanático de las drogas, “El Demonio Rojo” lo es de las mujeres y el sexo. En una historieta dejabas un apartado de correos para que las feministas indignadas pudieran enviarte sus críticas, ¿has tenido problemas con las chicas a raíz de este personaje?
No. De hecho, “El Demonio Rojo” lo compran más tías que la proporción normal que compra el resto de historietas. Bueno, “Ángel Sefija” también tiene muchó éxito entre ellas. La única vez que he tenido quejas de ese tipo fue en una exposición que hice en Valencia, que vinieron unas cuantas a montarme una bronca.

¿Por?
Porque no lo entendieron bien (se ríe; se ríe bastante). Se exponían mamadas a punto de cruz. Eran felaciones sacadas de Internet a las que les bajé mucho la resolución. De ese modo, quedaban píxeles muy grandes a los que les asignaba un color de hilo distinto y luego lo repartía entre distintas amigas a las que les gustaba el punto de cruz. Empezó mi hermana pero llegaron a apuntarse madres de amigos. Llegué a tener a ocho mujeres trabajando en las mamadas.

¿Y las de Valencia querían sabotearte la exposición?
Sí, querían quemarlas. Yo les dije: “Cómo se nota que sois valencianas, aquí os gusta quemar todo”. No les hizo mucha gracia. La exposición se llamaba “Cosas de Mujeres” y les pareció un poco insultante.

Le pregunto por el tamaño de las obras y él se levanta y trae varios marcos. Se excusa anticipadamente diciendo que no son las mejores porque la exposición estuvo por varios sitios y, claro, se fueron vendiendo. Tienen el tamaño de un libro de bolsillo, alguna parece un dibujo abstracto y sólo si la miras detenidamente descubres el pastel.

Me encantaría haber visto a las viejecitas cosiendo esto, súper concentradas...
Son cosa fina. Mira, ésta la empezó una amiga pero se cansó porque creía que iba a ser más fácil y la tuvo que acabar su madre.

Y esa frase lapidaria que podría ser un microrrelato me parece lo suficientemente buena como para cerrar la entrevista. Por cierto, Diavolo Ediciones saca este viernes a la venta la reedición de “Tyrex”, el álbum de Mauro Entrialgo que salió hace doce años y que estaba agotadísimo. Esta nueva edición incluye novedades, mejoras e incluso un llaverito del personaje de regalo que, por cierto, es el seudónimo de Mauro en la Red (Tyrexito)... y que sepáis que si os pongo los dientes largos es en parte porque pronto sortearé un tomo que nos ha regalado muy majamente la editorial.

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