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Por fin dejamos atrás días seguidos de lluvia. Estábamos, sinceramente, hasta el gorro de tanta agua. Siempre nos consuela ver cómo han quedado los verdes valles españoles (como decía el frustrado himno español) y los embalses: listos para sobrevivir todo el verano.
A partir de ahora disfrutaremos de más horas de sol. Muy buena noticia tanto para los coquetos, deseosos de preparar su bronceado estival, como para el campo. Pero conozco a alguien que estará aún más contenta: la mala hierba.
Tras un inicio de primavera relativamente seco, incluso en algunos puntos muy seco, iniciamos un mes de junio con el suelo completamente empapado. Tierra húmeda, sol y calor, es el menú favorito para la mala hierba.
Para los despistados, la mala hierba son esos hierbajos que aparecen de forma asombrosa en cualquier punto del jardín: en la base de un árbol, en el tiesto de los cactus, en el montoncito de mierda que se acumula en la entrada del desagüe… Vaya, que siempre que aparece tienes un sentimiento de odio, de preguntarte: “¿qué diablos haces aquí?”.
Encontrarte con una mala hierba sería equivalente a llegar a tu casa, pensar en los segundos que vas a tardar en tirarte al sofá, poner música y relajarte… y descubrir que tu suegra está esperándote junto a tu novia para cenar todos juntos. Lógicamente, todos tus planes erótico-festivos se van al garete y te dan ganas de volver al trabajo, donde el sufrimiento será mucho menor.
Si ves una mala hierba, con una mano cógela por la base (lo que sería el cuello), aprieta con energía y tira con fuerza para arrancar todas sus raíces. Si ves a tu suegra... piensa en tu novia antes de cometer una barbaridad.
Me llamo Marc Redondo Fusté. Nací en Esplugues del Llobregat (Barcelona) un gélido mes de enero gracias a los fenómenos de la contracción y la dilatación. La gravedad tiró al suelo mi primer termómetro con una aceleración de 9,81 metros por segundo al cuadrado. A los 14 años empecé a practicar con la fricción. El día siguiente a mi primera borrachera comprobé lo que es la deshidratación. Cuando recibí mi primer beso experimenté lo que es una reacción exotérmica. El primer examen en la universidad de física me lo pasé mirando por la ventana cómo nevaba y quedé ingrávido, es decir, suspendido. Tras años de estudios de campo he llegado a la conclusión de que se liga más con una motocicleta de 49 centímetros cúbicos que invitando a las chicas a ver las estrellas; como no tengo moto, aquí hablaré de ciencia como no nos la enseñaron en el colegio, y de estrellas, por si hay alguna despistada. (ahora ya tengo moto, pero de momento solo un casco) Y si no puedes dormir porque una pregunta te ronda por la cabeza, mándame un e-mail a mredondo@snoticias.tv