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¡Muy buenos días! ¡Qué despertar más alegre he tenido esta mañana! Mentira. Al igual que los últimos días, he vuelto a levantarme empanado, atontado, con el pelo despeinado y por culpa de un maldito zapato casi dejo mis dientes clavados en el parqué de mi habitación.
Al verme en el espejo he decidido de forma tajante no afeitarme y me he metido rápidamente en la ducha. El termostato a 35 grados, pero toca esperar a que el agua no esté tan fría. Meto la mano en el chorro de agua. Aún no. Otra vez. Aún no. Ahora sí, el agua ya está más caliente.
Demasiado esfuerzo para ser tan temprano por la mañana. Una pequeña ayuda no iría mal. Pues bien, he encontrado un brazo de ducha genial, no funciona con pilas ni conectada a la luz, y a la vez entretiene. Un ingenioso invento que ilumina de color azul el agua cuando está fría, y de color rojo cuando está caliente.
Dentro del brazo tiene una pequeña turbina que la misma corriente de agua hace girar y suministra energía. Un sensor mide la temperatura del agua, que cuando está por debajo de los 32 ºC enciende unos leds de color azul. Cuando la temperatura supera los 32ºC, el color cambia a rojo. Puede ser una tontería, pero a mí me despertó una gran sonrisa cuando lo descubrí, y a la que pueda ahorrar un poco no dudaré en reservarlo por Internet.
Otra ventaja es que con la instalación de este artilugio dejaremos de ver el color original del agua que sale de nuestro cuerpo.
Si te quieres animar, aquí tienes el link para adquirirlo.
Me llamo Marc Redondo Fusté. Nací en Esplugues del Llobregat (Barcelona) un gélido mes de enero gracias a los fenómenos de la contracción y la dilatación. La gravedad tiró al suelo mi primer termómetro con una aceleración de 9,81 metros por segundo al cuadrado. A los 14 años empecé a practicar con la fricción. El día siguiente a mi primera borrachera comprobé lo que es la deshidratación. Cuando recibí mi primer beso experimenté lo que es una reacción exotérmica. El primer examen en la universidad de física me lo pasé mirando por la ventana cómo nevaba y quedé ingrávido, es decir, suspendido. Tras años de estudios de campo he llegado a la conclusión de que se liga más con una motocicleta de 49 centímetros cúbicos que invitando a las chicas a ver las estrellas; como no tengo moto, aquí hablaré de ciencia como no nos la enseñaron en el colegio, y de estrellas, por si hay alguna despistada. (ahora ya tengo moto, pero de momento solo un casco) Y si no puedes dormir porque una pregunta te ronda por la cabeza, mándame un e-mail a mredondo@snoticias.tv