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Últimamente tengo la sensación de que la realidad es aburrida como una sopa. La terrible intuición de que la vida ordinaria se ha ganado su calificativo a pulso: no me convencen los secundarios, me hastía la propia protagonista, la trama flojea y los diálogos están, definitivamente, poco trabajados. Apasionante como una etapa del Tour, excitante como las pantorrillas de un jubilado, provista del brillo y la vitalidad que emite la pecera para fumadores del aeropuerto.
Para evadirme no encuentro mejor solución que un libro, una película o una canción que oculte lo que está pasando ahí fuera (mejor dicho, que me haga soñar con lo que no está pasando). Una especie de droga alucinógena que le dé sabor al día, una ración de mentiras piadosas-pero-muy-bonitas. El único problema es que cuando cierras el libro, sales del cine o te quitas los cascos te quedas con la misma sensación que sufre el adolescente que se ha pasado el día entero viendo videoclips de la MTV y al volver a pisar la calle, desconcertado, se pregunta: ¿dónde se ha metido toda la gente guapa?
(Prosigo con mi ejercicio de buscar símiles, esta vez sin ironía). Decepcionante como un SMS de Movistar, traicionera como el garrafón y obstinada como los anuncios del Spotify. Insípida y con el olor a frigorífico de un yogur natural de marca blanca, a veces la realidad sienta como esas tardes en las que el camarero te trae un vaso con hielo y la cocacola que habías ordenado y entoces, justo en ese preciso momento, te das cuenta de que lo que te pedía el cuerpo era un café. Un café con leche bien caliente.
El otoño, ése que empaña los cristales de los coches y encrespa el pelo, se ha plantado en la puerta de casa con todas las maletas y sin avisar. Pero tengo cosas bonitas que contar, aunque hoy no me apetezca. Una de ellas es mi descubrimiento de la semana, un grupo del que había escuchado alguna canción de pasada pero que ahora no entiendo cómo he podido vivir sin él: Wilco.
Muy buen grupo Wilco.
¡Mas, mi misterio está encerrado en mí, ¡Mi nombre nadie lo sabrá!. No, no Sobre tu boca lo diré Sólo cuando la luz brille Y mi beso romperá el silencio Que te hará mía
Hola, Ana. Poner tu foto de la derecha en tono gris ha surtido una especie de efecto vudú. Se ha agrisado tu vida. Colorea la foto, mujer (si quieres, pon en gris el chaleco), y verás como todo vuelve a ser como antes ;-)
Ya lo decía un gran filósofo: La vida es triste y aburrida como la tarde de un domingo de finales de Agosto. La verdad es que el filósofo es un compañero de piso que tuve muchos años y que ahora vuelve a serlo. La realidad no es bonita, ni tiene trucos de magia, ni tan siquiera unos infelices cubiletes de plástico de trilero. Pero eso cambia algunas veces en los que por la azarosa diosa de la Fortuna tienes los reflejos de decirle al camarero que va disparado hacía la barra: ¡Oiga, jefe, que he cambiado de opinión y quiero un jodido café con leche, que es lo mínimo que se puede exigir a la vida, joder! El camarero creerá que estás majareta, se rascará la entrepierna porque le aprieta la sisa y dirá al de la máquina : ¡Café con leche para la mesa equis! y pensará para sí que como está la peña. Pero claro lo que escribo, como casi todo lo que digo es ficción, y citando está vez a un famoso y no a un colega, decía J.J. Millás que las mentiras son mejores que las verdades, y que por eso la Historia envidia a la novela.
Siempre te he dicho que debido a cierta circunstancia, o accidente, adolescente, llegas a todo cinco años tarde. Pero no es un problema. Descubrir que "nuestro amor es todo el dinero que tiene Dios" (Jesus, etc), antes o después da exáctamente igual. Descubrir que tenemos que estar todo el rato haciendo algo para evitar caer en la cuenta de que posiblemente estaríamos mejor situados en otras cordenadas, que la vida escapa a las categorías de complejidad y sencillez en las que nos obstinamos en encasillarla, sino que se mueve en otros parámetros demasiado dolorosos como para afrontarlos, y que quizás a dos metros no se estaría tan mal, es algo a lo que se llega a veces, y entonces quizás una coca cola es un error. Escocés.
¡Bienvenidos a Raza Becaria! "Dale un blog y que se calle" fueron las palabras con las que mis jefes aprobaron este proyecto. Aquí hablaré de cultura (entre otras cosas), tratando de no resultar un sopor, para lo cual agradeceré infinitamente vuestra participación. Quejas, sugerencias e invitaciones de cumpleaños: ANABOYERO@GMAIL.COM