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De Trafalgar hasta ahora estaba cerrado, pero mi primera visita al Museo Naval de Madrid mereció mucho la pena.
Es éste un sitio de obligado peregrinaje para todo estratega que se precie, y sobre todo para aquellos aficionados a las batallas navales que, aunque género menor dentro del batallar en tablero o sobre las mesas de rigor, tienen mucha fuerza en nuestro mundillo (y a menudo las miniaturas que representan embarcaciones de diversas épocas son de gran calidad).
Pero a lo que vamos, el Museo Naval. Tengo que volver en septiembre para echar un buen vistazo a Trafalgar pero lo demás sorprende gratamente. Y mucho.
Maquetas por todas partes, armas antiguas muy bien conservadas, información sobre los lugares donde se construyeron las embarcaciones con nuevamente sus correspondientes maquetas y reproducciones a tamaño real de los camarotes de los oficiales (quién tuviera uno así o, por lo menos, una buena toledana para ajustar cuentas con cierta gente).
Os recomiendo la visita a este museo poco concurrido (su horario de mañana tampoco contribuye mucho a la afluencia de público). Además me crucé con gente muy agradable, como el hombre que regenta la tienda de la entrada (con muchas cosillas de interés, sextantes incluidos) o un abuelete que guiaba a su nieto por las salas del museo y junto al cual planté la oreja de vez en cuando, ya que la erudicción del simpático caballero era considerable.
Ahí queda mi propuesta y, si os pasáis por allí (es gratis) espero que lo disfrutéis.
Calle me Ismael: cierto, siempre debes seguir mis pasos XD.
puff, menos mal que al final accedimos a tu propuesta de visitarlo, pq mira que andaba yo emperrado en ir de compras (unas camisetas, artículo excepcional que no podría encontrar en ningún otro momento del año!).. y disfrutamos de ese museo. (Anda que...) :P
Nosotros somos aquellos que tuvimos el coraje de derrotar a las hordas de la pérfida Albión en Waterloo, aquellos que atravesamos Pelennor al frente de la Compañía Gris. Los que dejamos nuestras botas en el barro de Nördlingen y sobrevivimos a la caballería francesa en Agincourt. Los mismos que durante tres días resistimos a un ejército de millones de hombres en las Termópilas y mojamos nuestras sandalias al cruzar el Rubicón. Pero también somos quienes derrotamos al Rey Brujo, rescatamos a Arturo de las garras de Mordred y atravesamos el hielo de Hoth. Nosotros somos todo esto y ahora también somos los que, al calor de una cerveza, desgranamos historias de viejas batallas y viejas glorias en La Taberna de Cadarn, lugar de encuentro para héroes fatigados y generales de ingenio vivo. Si eres de los nuestros no dudes en cruzar la puerta. Sírvete una pinta y estira las piernas frente a la hoguera.