imprimir
compartir
Con la llegada del intenso calor que ya está azotando media España (a excepción del norte, como es habitual) hoy vamos a saber cómo funciona un botijo. Para los que son jovencitos como yo, un botijo es una pieza de barro poroso que se usa para refrescar el agua. Actualmente es más conocido por todos nosotros como pieza cerámica que decora una casita de turismo rural.
Antes de nada debemos saber que un botijo no es un termo. No conserva agua en su interior a la misma temperatura que la que hemos introducido. Lo que realmente hace es disminuir la temperatura del líquido interior gracias a la evaporación. Esto se puede hacer gracias a los orificios superiores del recipiente y a la porosidad del barro. Así que si te quieren vender un botijo pintado o barnizado, no te dejes engañar, ¡que no será poroso!
Cuando hace calor, las partículas de agua se cuelan por los microscópicos agujeros del barro. Cuando entran en contacto con el ambiente exterior, se evaporan. En el proceso químico de evaporación se absorbe energía (por ejemplo, al hervir agua, necesitamos una fuente de energía, como el gas o la vitrocerámica). ¿Y de dónde consigue el calor? Del interior del botijo.
Para que este proceso sea lo más eficaz posible, debe haber ventilación. Para eso están los agujeros superiores, de forma redondeada, para que el aire del exterior, más cálido, reemplace el frío del interior. Parece una contradicción, pero no lo es. Esto favorece aún más la evaporación.
Con este proceso disminuye progresivamente la cantidad de agua del botijo, a la vez que se va enfriando. Pero la cantidad de agua perdida es mínima.
Y para que te hagas una idea de hasta qué punto enfría un botijo, un pequeño ejemplo. Si metemos en un botijo 3,2 litros de agua a 39 grados, dentro de una habitación también a 39 grados, en 7 horas el agua puede bajar hasta los 24 grados. ¡15 grados menos! ¿No es fantástico?
Me llamo Marc Redondo Fusté. Nací en Esplugues del Llobregat (Barcelona) un gélido mes de enero gracias a los fenómenos de la contracción y la dilatación. La gravedad tiró al suelo mi primer termómetro con una aceleración de 9,81 metros por segundo al cuadrado. A los 14 años empecé a practicar con la fricción. El día siguiente a mi primera borrachera comprobé lo que es la deshidratación. Cuando recibí mi primer beso experimenté lo que es una reacción exotérmica. El primer examen en la universidad de física me lo pasé mirando por la ventana cómo nevaba y quedé ingrávido, es decir, suspendido. Tras años de estudios de campo he llegado a la conclusión de que se liga más con una motocicleta de 49 centímetros cúbicos que invitando a las chicas a ver las estrellas; como no tengo moto, aquí hablaré de ciencia como no nos la enseñaron en el colegio, y de estrellas, por si hay alguna despistada. (ahora ya tengo moto, pero de momento solo un casco) Y si no puedes dormir porque una pregunta te ronda por la cabeza, mándame un e-mail a mredondo@snoticias.tv