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¿Qué quieres para cenar?, le pregunté a mi señora anoche. ¡Los abdominales de Forlán!, contestó poseída. Me asomé desde la cocina. Yacía en el salón como un niño japonés viendo dibujos epilépticos. La simetría abdominal la había colapsado. Deduzco que los tipos cuadriculados no son tan aburridos cuando la cuadrícula es anatómica.
Intenté destacar fingiéndome moderno: preparé la cena, puse la mesa y hasta le dejé lista una fiambrera para que comiese hoy en el trabajo. Pero nada, ni una caricia, y, para colmo, parecía que disfrutaba más que yo del fútbol.
-¿Qué pasa, no te molesta la retransmisión de Jotajota, o qué? –pregunté. Por respuesta, obtuve toneladas de silencio. La repetición de la barriga ausente de Forlán cabalgando por Alemania la había dejado con la babilla colgando, ausente como Paco González, ajena a mí, al mundo y a la fiambrera del hombre del siglo XXI que aguardaba compasión en la cocina.
Preocupado por su colapso, llamé al Samur:
-Oiga, que mi mujer se ha quedado de piedra viendo el fútbol. Ha debido de ser la retransmisión de Jotajota Santos.
-No se corresponde con la sintomatología. La retransmisión de Jotajota provoca arcadas, mareos y sarpullidos. El cuadro de su mujer obedece a una exposición súbita a los abdominales de Forlán.
-¿Y cómo se cura?
-Frotando.
Me pasó como a Camps, no quise comprender. Recurrí a soluciones caseras. Le eché agua por encima. Le recité una canción de Alex Ubago, que hace llorar a cualquiera. Hasta le restregué por la frente una estampita de Marcial Maciel, que en casa le tenemos mucha fe. Pero nada. Al fondo, Jotajota le echaba la bronca en directo a Sara Carbonero, empeñado en que Sara le metiese un pinganillo en la oreja al capitán del Atlético. Desesperado, grité:
-¡Despierta, el mundo ya es bastante horrible: el Mundial lo va a dar Telecinco!
Se despertó. La abracé. Me dijo que se había quedado encerrada en un país de forlanes, que la perseguían abdominales por todas partes.
-¡Qué infierno! –dije yo-. A mí me ha pasado lo mismo, pero con Jotajota. ¿Sabes que va a retransmitir el Mundial?
-Quizá podamos verlo en la tele uruguaya –contestó con cara de lumia. Asentí, acepté y adopté una expresión de tonto que todavía me dura. Después, recogí la mesa. Y hasta hoy.
Grandioso, no paro de reírme, el detalle de Alex Ubago (al que me gustaría abofetear por llorica) me ha encantado :)
Gómez... es JJ y la troupe que los acompaña. Y los "programas" que ya se están montando alrededor. Es una roja directa ;p al buen gusto futbolístico...
Por suerte para muchos me gustan las barrigas. Pero con pelo, ya sabes. Ángel, deja de alimentarle los oídos a este hombre, que no lo necesita!
Ismael::: ¿Estás seguro de lo de María Magdalena? Te recuerdo que has dicho en todo su explendor.:::: Flora: No me creo nada, entre una tableta de Forlán y un paladín a la taza, ya me dirás con quién te quedas (esto va de quedarse, por lo que veo):::::: Ángel: gracias, tu comentario es una síntesis de lo que debe ser un comentario en este blog. Besos a todos.
Sólo me consuela pensar que si a mí me pagaran lo que a Forlán, también me dedicaría a cultivar mis abdominales... (ojo,es un pensamiento, no prometo nada...) De las retransmisiones furboleras de telecirco no me consuela ni María Magdalena en todo su esplendor.
laSexta fichó a Gómez y a Rodríguez en la cúspide de su fama, cuando triunfaban en las salas más decadentes del desierto de Nevada con una mezcla de country y flamenco a dos guitarras y cuatro tacones con tachuelas. Los directivos de laSexta les prometieron un certificado de penales limpio y dos comidas al día. Gómez y Rodríguez, Rodríguez y Gómez, no pudieron más que conmoverse y aceptar. En sus primeras semanas en España estrenaron mudas frescas y un blog. El blog se llamó El Jardín y las mudas frescas quedaron templadas y anónimas para siempre. Gómez se encargó de la parte escrita, Rodríguez de la dibujada. Aún hoy, sobreviven como blogueros de fortuna.
Blog de Sociedad