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Hasta los semáforos no se libran de los nuevos tiempos. La ciudad de Barcelona, siempre a la vanguardia en materia de tráfico, va a instalar 10.000 semáforos nuevos en sus cruces. Después del Bicing y de la parrilla de salida para motos, un nuevo reto para el ayuntamiento. Ahora ya sólo hace falta que se carguen los peajes de entrada a la ciudad, pero esto... lo veo más crudo.
Hasta el día de hoy los semáforos no han evolucionado prácticamente nada. A través de una bombilla son iluminados por la parte trasera, ayudado por un cono parabólico metálico que le ayuda a dirigir los rayos de luz. El vidrio, de color rojo, amarillo o verde, tiene estrías rectilíneas que provocan la reflexión de los rayos hacia más direcciones, lo que les hace más visibles con la distancia.
Los nuevos semáforos están formados por decenas de luces LED (Light Emitting Diode, o diodo de emisión de luz). Consumen mucho menos y duran hasta 12 veces más que las bombillas antiguas. Emiten una luz más intensa, son más brillantes, más visibles, evitan los contraluces, tienen menos averías y a la vez consumen menos. No es necesario que la cápsula naranja del semáforo sea tan profunda porque los leds son muy pequeños. El único inconveniente es el precio, que puede ser hasta 12 veces superior al semáforo normal.
Ahora, propongo mejorar los semáforos en otro aspecto: el tiempo que tienen los peatones en cruzar. Es inhumano. Los pobres abuelos tienen que hacer los 15 metros lisos para llegar a tiempo a la otra acera. Y cuando estás en el coche presenciándolo, sufres más que sus debilitadas pelvis.
Me llamo Marc Redondo Fusté. Nací en Esplugues del Llobregat (Barcelona) un gélido mes de enero gracias a los fenómenos de la contracción y la dilatación. La gravedad tiró al suelo mi primer termómetro con una aceleración de 9,81 metros por segundo al cuadrado. A los 14 años empecé a practicar con la fricción. El día siguiente a mi primera borrachera comprobé lo que es la deshidratación. Cuando recibí mi primer beso experimenté lo que es una reacción exotérmica. El primer examen en la universidad de física me lo pasé mirando por la ventana cómo nevaba y quedé ingrávido, es decir, suspendido. Tras años de estudios de campo he llegado a la conclusión de que se liga más con una motocicleta de 49 centímetros cúbicos que invitando a las chicas a ver las estrellas; como no tengo moto, aquí hablaré de ciencia como no nos la enseñaron en el colegio, y de estrellas, por si hay alguna despistada. (ahora ya tengo moto, pero de momento solo un casco) Y si no puedes dormir porque una pregunta te ronda por la cabeza, mándame un e-mail a mredondo@snoticias.tv