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Antes de nada me gustaría disculparme por la imagen de la goma de borrar que te he puesto. Este post se merecía la foto de la goma Milan, la que todos hemos tenido de pequeños. Esa goma que siempre acababa sin el celofán rosa transparente que la envolvía y que raramente a final de curso no presentaba un mordisco o agujeros hechos con nuestro lápiz. Me pasaba lo mismo que con los Sugus: no conseguía comerme uno sin morderlo.
Por internet no he encontrado fotos de calidad de nuestra querida goma de nata. La Staedtler no está tampoco nada mal, que conste, aunque sea más pija. Hoy me gustaría contarte cómo funciona una goma de borrar.
Antes de nada tenemos que saber por qué podemos escribir en un papel. Esto es debido a la fuerza de cohesión que existe entre las moléculas de la mina de grafito y las del papel. Es suficientemente grande para impedir que si el papel se gira bocabajo se caigan las letras que hemos escrito. Te parecerá una tontería, pero si esta fuerza fuera débil, pasaría exactamente esto.
Las gomas de borrar están formadas básicamente por materiales plásticos, como el caucho o el látex. La fuerza de cohesión que existe entre este tipo de material y el grafito es mucho más grande que la que existe entre el grafito y la hoja del papel. Por esta razón lo que hemos escrito en el papel se queda pegado a la goma de borrar cuando la restregamos por encima.
Se atribuye el invento de la goma a un químico inglés: Joseph Priestley. Nada más y nada menos que en 1770. Hoy en día existen muchos tipos de gomas: La clásica, de color blanco, borra lápiz, y la de color azul, tinta.
Y para acabar, dos cosas curiosas que he encontrado sobre la goma de borrar Milan. La primera me ha sorprendido: la existencia del Síndrome del celofán de la goma Milán. Gran depresión la que provoca cuando te das cuenta de que, una vez le has quitado el celofán a tu goma, pierde categoría respecto a las del resto de tus compañeros. La segunda no me ha sorprendido nada: es la goma que nunca se acaba. ¿Has visto alguna vez una que se haya gastado?
Me llamo Marc Redondo Fusté. Nací en Esplugues del Llobregat (Barcelona) un gélido mes de enero gracias a los fenómenos de la contracción y la dilatación. La gravedad tiró al suelo mi primer termómetro con una aceleración de 9,81 metros por segundo al cuadrado. A los 14 años empecé a practicar con la fricción. El día siguiente a mi primera borrachera comprobé lo que es la deshidratación. Cuando recibí mi primer beso experimenté lo que es una reacción exotérmica. El primer examen en la universidad de física me lo pasé mirando por la ventana cómo nevaba y quedé ingrávido, es decir, suspendido. Tras años de estudios de campo he llegado a la conclusión de que se liga más con una motocicleta de 49 centímetros cúbicos que invitando a las chicas a ver las estrellas; como no tengo moto, aquí hablaré de ciencia como no nos la enseñaron en el colegio, y de estrellas, por si hay alguna despistada. (ahora ya tengo moto, pero de momento solo un casco) Y si no puedes dormir porque una pregunta te ronda por la cabeza, mándame un e-mail a mredondo@snoticias.tv
Blog de Sociedad