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La primera vez que me crucé con una de estas ratas inflables de 3 metros de altura junto a un par de locos gritando y que me intentaban dar no sé qué papel les dije: “I don’t have money. I don’t speak English”. Mientras, unos chinos se hacían fotos con ella pensando que debía estar conmemorando su año de la rata, 2008. Y yo, hasta hace poco, seguía pensando que era de una compañía de fumigación con técnicas publicitarias muy piradas. Lo que hace la ignorancia.
Resulta que estas ratotas tan graciosas son instrumentos de protesta. Un Paco Ibáñez a la newyorkina. Los sindicatos las ponen en frente del edificio de aquél empresario que no paga a sus trabajadores o que contrata a gente fuera del sindicato.
Aunque los turistas no sepan lo que es, los locales saben perfectamente lo que quiere decir y la tontería de la rata tiene bastante efecto. En general, el bicho dura una semana delante del edificio, hasta que los empresarios pagan a sus trabajadores o resuelven los problemas con el sindicato.
Todo esto empezó en Chicago en 1991, cuando un sindicato decidió llamar a sus empleadores ratas sin decirlo con palabras, y le encargaron a la compañía Big Sky Balloons & Searchlights que les fabricara una gran rata inflable. Ahora el dueño de esta empresa, Mike O’Connor, se ha hecho de oro y vende entre 100 y 200 de estos adorables muñecos inflables al año.
Así que ya sabes, si tu jefe te explota, plántale una rata.