imprimir
compartir
Escribes porque te gusta el papel de folio amarillo y la postal que haces en el café. Escribes por tu gabardina y por cómo fumas. Escribes porque te mira la chica de la barra.
Escribes con pluma. Escribes. Y, cuando dejas de escribir y ves el texto, bárbaro y cruzado y reptil, hay un instante en que te crees Dios y Shakespeare y Calderón. Es justo antes de leerlo. Supongo que eso es lo que pasa. Supongo que de eso es de lo que paso.
El Jardín desatendido no se seca; le crecen malas yerbas, yerbas verdes que reptan en radios repetidos, y hasta yerbas raras, y hasta yerbas de retorcidos reactivos psicotrópicos. Supongo que este Jardín anda en ésas; yerbas en barbecho, después vendrá la siega, las barbas en remojo. O quizá nada.
Dos meses sin escribir aquí, apenas un esbozo, un alegato
Blog de Sociedad