imprimir
compartir
Recuerdo a un profesor de la universidad Carlos III que vino a darnos una conferencia como voluntario de Solidarios para el Desarrollo. Nos animó, a mi buen amigo Moisés y a mí a fomentar con nuestros conocimientos cambios de actitud, motivar a nuestros compañeros, etc. Nuestra común respuesta fue un rotundo: No es posible, entro otras cosas, porque lo normal aquí es marginado e incluso temido por ser diferente. La mayoría nos rechaza.
Esta cierta desesperanza, así como el temor latente al cambio que a todos los seres atenaza, creo que es común en la sociedad.
Creo que la idea que nos lanzó aquel profesor, de la que no niego que desistí hace tiempo de llevarla a la práctica por las resistencias que encontré, independientemente de ser legítimos, muy lícita, venerable e incluso vehemente; no puede ni debe llevarse a la práctica por nosotros y no por ser nosotros legítimos para ello, sino porque es un papel que debe asumir la sociedad y en consecuencia los políticos y las instituciones.
Creo que es obvio que el día de mañana todos los que estamos aquí, estaremos allí donde estáis vosotros, en libertad. Y eso debería preocupar no ya para evitar que salgamos sino para que salgamos en condiciones mejoradas, si bien siempre mejorables. ¿Qué se está haciendo a este respecto?
Yo estoy preso, aunque no soy preso y me preocupa profundamente que se esté haciendo poco. No ya por mí, sino por otros que deben tener una opción. Sé que cambiar es difícil, pero también que es posible. Si no hay suficientes medios, dótense. Si no hay ideas, búsquenlas. Si no hay suficientes profesionales o hay que mejorarlos, hágase. Si no hay buenas motivaciones para el cambio, indaguen y hallarán. ¿Qué demonios queremos que sean nuestros presos el día de mañana? Trabajemos en ello. Creo que a todos nos merecerá la pena.
Hola Ruben: Es un poco complicado y me da cierto respeto empezar a escribir opiniones y comentarios en este blog, pero aun siendo complicado creo que hay que empezar por lo mas sencillo, que es de alguna manera que nos podamos sentir cerca aun teniendo esa dura distancia y separación que son los barrotes. Un salduo. carmen
Hola Rubén!! Te doy toda la razón, yo vivo por salir adelante con mi vida junto a mí novio preso hace 2 años, con una inmejorable conducta, trabajador e incluso apreciado por los funcionarios de su centro, pero siempr ponen obstaculos para todo, y quiza porque no os conocen ni se preocupan por ello, porque alomejor para ellos estorbais, pero para otras personas sois lo más grande que tienen en su vida. Ellos nunca lo verán así, nunca se podrán poner en el lugar, o quizas sí si algun día les tocara a ellos? Mucho animo y espero que este blog siga adelante. Un saludo para los dos!!
Hola, Rubén. Parece que tenemos algo en común, ya que yo trabajo en Solidario para el Desarrollo, en el programa del Libro Solidario. Y digo que algo tenemos en común, ya que Fajardo fue su fundador y es quien os ha incitado a salir de los barrotes mentales que suponen la prisión. Desde este lado también estamos atados por los barrotes mentales que impone la sociedad y nuestro miendo a entrar en vuestro mundo es similar al vuestro ante una sociedad que os mira con prevención. Lo del blog es un medio estupendo de relacionarse con personas a quienes no conocemos y dejar nuestra particular visión de la vida. La mía es la de un jubilata que quiere ver el mundo con cierta ironía y opina, un poco a salto de mata, sobre las cosas que vive y ve. Las ortodoxias no son mi fuerte. Os deseo a ambos que el proyecto siga adelante. Un saludo
Treinta y tantos. Estudié un par de carreras, trabajé bastante, pero cometí un delito por el que justamente pago.