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Mi padre siempre le dice a mi madre que el negro le queda muy bien y que el día que él se muera ella estará guapísima en el funeral. Mi padre se lo toma con humor. Cierto es que mi madre sigue estando estupenda pese a su edad, y el negro, la favorece.
Intenté ser delicado en el anterior post, y así lo seguiré haciendo hoy, poniendo fotos de animales para representar un tema tan delicado como es el del peso y la imagen corporal. Ellos no tienen complejos. Por cierto, la foto de la vaca de ayer tenía sentido, aunque alguien no lo llegó a entender. Iba a poner a un pato pero me pareció desagradable.
Vestir de negro estiliza la figura. Como la ropa nunca queda ceñida totalmente al cuerpo se forman arrugas. La luz, al encontrarse con las arrugas, crea sombras. Como las sombras de las cosas siempre son negras, sobre el vestido negro no suelen destacar. De esta manera se eliminan las formas o se suavizan.
Si uno viste de blanco se ven absolutamente todas las arrugas y los pliegues de la ropa. Sus sombras son imposibles de disimular. Esto marca cada una de las formas de nuestro cuerpo. Si somos de los que solemos retener algo de grasa en el abdomen y caderas, no nos vamos a escapar y la ropa nos va a delatar esos quilitos de más.
De todas maneras sigo considerando que vestir de negro es parecido al maquillaje. Se intenta ocultar lo que no queremos mostrar al resto. Así que luego uno se lleva sorpresas. Donde esté lo natural…
Me llamo Marc Redondo Fusté. Nací en Esplugues del Llobregat (Barcelona) un gélido mes de enero gracias a los fenómenos de la contracción y la dilatación. La gravedad tiró al suelo mi primer termómetro con una aceleración de 9,81 metros por segundo al cuadrado. A los 14 años empecé a practicar con la fricción. El día siguiente a mi primera borrachera comprobé lo que es la deshidratación. Cuando recibí mi primer beso experimenté lo que es una reacción exotérmica. El primer examen en la universidad de física me lo pasé mirando por la ventana cómo nevaba y quedé ingrávido, es decir, suspendido. Tras años de estudios de campo he llegado a la conclusión de que se liga más con una motocicleta de 49 centímetros cúbicos que invitando a las chicas a ver las estrellas; como no tengo moto, aquí hablaré de ciencia como no nos la enseñaron en el colegio, y de estrellas, por si hay alguna despistada. (ahora ya tengo moto, pero de momento solo un casco) Y si no puedes dormir porque una pregunta te ronda por la cabeza, mándame un e-mail a mredondo@snoticias.tv