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Después de oír que este tío había tenido un amor y no quería más, Eva María se fue hastiada de la playa; había llegado el otoño. Pasaron los años y los discos de oro. Fórmula V le echó freno al bólido. Paco Pastor se quitó el micrófono y las chorreras y se colocó un traje y un despacho. A los pocos años era el presidente Sega España. Hoy, ha vuelto a los escenarios por puro ego.
Pastor coge el teléfono y dice: “Si tienes delante un perro ladrando, ésa no es mi casa; para ladrar ya estoy yo”. Al instante aparece saludando al otro lado de la calle. Lleva zapatillas deportivas, camiseta y vaqueros. Son las 8 de la tarde y huele a recién salido de la ducha. “Hoy no he madrugado, anoche tuvimos concierto”, dice como si supiera lo que piensa mi nariz. Nos evalúa los bártulos en dos décimas de segundo y lanza una sentencia: “¡Qué mal día para currar, macho!” Y sabe lo que dice: es sábado; el día y la hora en que sólo trabajamos los periodistas, los churreros y los músicos.
Entre concierto y concierto echa el ancla en Madrid. Hoy está solo en casa, con sesenta años y dos jornaleros de la tele. “Estamos a un ritmo que parecemos El canto del loco. Es acojonante; hacemos lo que queremos y encima nos pagan.” Le miro la piscina, la finca, lo segado que tiene el césped y, es cierto, parece que el motivo del regreso no es el dinero. No tengo que revolverle mucho las costuras para que se ponga sincero. “Puro ego, se vuelve por ego. No hay nada como subirse al escenario y ver que la gente se sabe tus canciones. Lo que siente un músico no lo siente nadie.”
La frasecita le ha colocado en la cúspide de la pirámide de la gloria. Recapacita un momento, quizá le pese tanta fortuna por decreto, se refuta, abre una puerta para que otros puedan entrar a atiborrarse en la pastelería del ego: “Los políticos, quizá los políticos puedan sentir algo parecido en los mítines”. Pero no se convence ni a sí mismo, dan ganas de decirle: Ni de coña, vosotros y sólo vosotros sabéis lo que es sentirse Dios después de que se terminase con los absolutismos. Pero no hace falta, él mismo se da cuenta de que pertenece a la raza más recompensada de los artistas: “Pero todos se cambiarían por un músico”, lo dice sin orgullo, con la contundencia comedida de quien no pierde del todo de vista la modestia. Después sonríe y da la sensación de que encaja perfectamente en su pellejo; más que feliz, que es un adjetivo vacío, parece un hombre satisfecho que no ha cometido el error de empezar nunca a conformarse.
Hace tiempo que se desprendió del rollo romántico del artisteo. Dice que después del 75 prefería no pensar que había sido el cantante de Fórmula V. “Manías de cada uno. No me parecía serio.” Exactamente, no le parecía serio porque se hizo empresario. Compró Erbe en los setenta y se metió los videojuegos en la Visa. Después, le vendió Erbe a los japoneses en 1985, más caja. Desde entonces, y hasta el 97, fue presidente de Sega España. Clin, clin.
“Mis hijos casi se enteraron de que yo era el cantante de Fórmula V fuera de casa”, dice con una sombra de arrepentimiento que se queda en nada. Por un momento ha dudado, pero en el fondo sabe que si 1975 se repitiera volvería a quitar las fotos del grupo de las paredes y los discos de oro de las vitrinas. Después se marca la sonrisa que le lleva sacando de apuros desde los sesenta, la misma que he visto hace un rato en el youtube cantando Cuéntame, pero cuarenta años más tarde.
Después dice que hace unos años pensaba “¿qué les pasa a estos?”, cuando veía por ahí el cartel de un grupo de los setenta que volvía a tocar. Me lo imagino en el coche, escuchando Radio5, con los limpiaparabrisas encendidos y el nudo de la corbata suelto, a tres mil años luz de las zapatillas deportivas y del olor a recién duchado a las 8 de la tarde, con la agenda hasta arriba de reuniones y una secretaria diligente al otro lado del teléfono. Me lo imagino de empresario y casi me cuesta verlo.
“Hay un momento para todo”, dice para justificar esta vida con dos caras a la que un día le llegó el momento del segundo cambio. Entonces, el ejecutivo del atasco volvió a ser el cantante del cartel, uno de esos que regresan y hacen que otros se pregunten: ¿Pero qué le pasa a éste? A éste le pasa que tiene calva de niño malo, esa extraña calva que sólo les he visto a él y a Barceló; que de tanto bailarle el agua a la vida aprendió a vacilarla; que te lleva y te trae en la conversación; que marca el ritmo con el dedo y que tú le miras, porque le miras, como mira un perro la galleta. Éso que te ha embaucado, me digo entonces, se llama éxito.
Las canciones de Fórmula V han llegado más lejos que el grupo. La Fiesta de Blás, Tengo tu amor o Vacaciones de verano se canturrean sin necesidad de preguntarse quién las cantó primero; el cerebro coloca como autor a una nebulosa, después viene una referencia difusa a los setenta que también, por qué no, podría ser a los sesenta o a sabe dios, el caso es que no se le termina de poner nombre a la historia. “Éso es el éxito. Lo otro es fama, y la fama llega rápido. Pero el éxito de una canción viene después, cuando pasan 30 años y la gente la sigue cantando.”
Si esto es así, Fórmula V tiene éxitos para aguantar otros 30 años en la memoria colectiva, y sesenta, y llegará un día en que alguien al escucharlo vea la cara de Paco Pastor y no se pregunte ni siquiera quién diablos era este tío. Ése día será una pena, porque Paco Pastor es el tipo al que desearon nuestras madres y envidiaron nuestros padres, el tipo que ahora, mientras baja al sótano a buscarme un dvd, grita: “¡Échate una partida a la Play si te apetece, que la tengo en pause desde hace un rato!”. Y dan ganas de responder: “¡Qué va tronco, me está esperando mi vieja con la cena en casa!”. Pero no lo haces. Te quedas callado. Paco Pastor sube, te da el dvd, te estrecha la mano con ganas y dice: “Pues esa cerveza la dejamos para otro día”. Sea.
Paco Pastor fue presidente de Sega España hasta el 95, no hasta el 97. El 1 de enero de 1995, Jose Ángel Sánchez le sustituyó del cargo en Sega y estuvo en la compañía hasta 2000, poco después del lanzamiento de Dreamcast, la última consola que fabricó Sega.
Hola queridas.:::: Digumcat: No sé qué juego era, pero imagino que el guitarjirou::::: Javimetal: Dices lo del dinero como si fuese un reproche, y tampoco es eso, hombre. Yo también estoy forrado y no por eso le caigo mal a nadie, ¿no? Abrazos para tos.
Sin acritud: el dinero también alimenta al ego, digo yo. De todas formas, me cae bien. Que podría ser mi abuelo, joder...
¡Qué gran hombre! Gracias por la información. No tenía ni idea de que estaba metido en los videojuegos. ¿Por qué no aceptaste la partida? ¿Sabemos de qué juego se trataba?
laSexta fichó a Gómez y a Rodríguez en la cúspide de su fama, cuando triunfaban en las salas más decadentes del desierto de Nevada con una mezcla de country y flamenco a dos guitarras y cuatro tacones con tachuelas. Los directivos de laSexta les prometieron un certificado de penales limpio y dos comidas al día. Gómez y Rodríguez, Rodríguez y Gómez, no pudieron más que conmoverse y aceptar. En sus primeras semanas en España estrenaron mudas frescas y un blog. El blog se llamó El Jardín y las mudas frescas quedaron templadas y anónimas para siempre. Gómez se encargó de la parte escrita, Rodríguez de la dibujada. Aún hoy, sobreviven como blogueros de fortuna.
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