imprimir
compartir
Este es un post que merecería tener la categoría de “urgente”. En la redacción de laSextaNoticias nos hemos quedado sin aire acondicionado. Un edificio rebosado de vidrio, sin refrigerar, nos está cociendo lentamente a medida que avanza la tarde. ¡Quien diría que hace apenas dos horas me estaba congelando en el comedor de un restaurante!
Los que vivan en Madrid me van a entender. Esta pasada noche ha sido casi imposible dormir. El calor ha hecho que me despertara cada dos horas a beber agua. Además he sufrido las típicas pesadillas mezcladas con sueños sin lógica. De camino al trabajo he comprobado la potencia del aire acondicionado del metro ligero. Los cinco minutos andando desde que he salido de él hasta la puerta del trabajo han provocado que mi frente empezara a brillar, ¡y no eran ni las 9 de la mañana!
Lo peor ha empezado al ir a comer. De camino al restaurante un calor aplastante. Durante la comida, ambiente gélido con una temperatura, estoy seguro, de unos 18 grados. Ha sido un infierno y mi garganta me lo está recordando hace un buen rato. Cuando he acabado de comer, al entrar de nuevo al coche, con el cual me han acompañado a comer, aparcado a pleno sol, en sólo 2 minutos mis axilas se han dado cuenta que debían empezar a segregar sudor. Y ahora, cuando apenas pasan unos minutos de las cinco de la tarde, se me están pegando los vaqueros por todos los sitios sentado frente mi ordenador.
Esto es horrible. Cada minuto me fijo en las cabezas de los compañeros que no dejan de mirar hacia el techo para comprobar si el aire funciona o no. Vaya, como si pudiéramos ver el movimiento del aire a simple vista. Ahora no tengo un termómetro a mano, pero fácilmente estaremos a unos 30 grados. Con tanta mezcla de calor y frío estoy en un estado de aplatanamiento general que no me deja concentrar.
En fin, seguiremos trabajando como podamos en esta sauna. Eso sí, muy bien acompañado. Lo que darían muchos de mis amigos por estar en mi puesto ahora mismo, aunque sea sudando.
Me llamo Marc Redondo Fusté. Nací en Esplugues del Llobregat (Barcelona) un gélido mes de enero gracias a los fenómenos de la contracción y la dilatación. La gravedad tiró al suelo mi primer termómetro con una aceleración de 9,81 metros por segundo al cuadrado. A los 14 años empecé a practicar con la fricción. El día siguiente a mi primera borrachera comprobé lo que es la deshidratación. Cuando recibí mi primer beso experimenté lo que es una reacción exotérmica. El primer examen en la universidad de física me lo pasé mirando por la ventana cómo nevaba y quedé ingrávido, es decir, suspendido. Tras años de estudios de campo he llegado a la conclusión de que se liga más con una motocicleta de 49 centímetros cúbicos que invitando a las chicas a ver las estrellas; como no tengo moto, aquí hablaré de ciencia como no nos la enseñaron en el colegio, y de estrellas, por si hay alguna despistada. (ahora ya tengo moto, pero de momento solo un casco) Y si no puedes dormir porque una pregunta te ronda por la cabeza, mándame un e-mail a mredondo@snoticias.tv