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Si algún fenómeno meteorológico nos apasiona, sin duda es la nieve. Y ahora mucho más. Dejamos atrás una semana donde muchos nos hemos quedado con ganas de verla, mientras otros se han hartado de ella.
De la nieve nos gusta el color, la temperatura, la textura, la forma… y precisamente sobre esto vamos a hablar hoy: la caprichosa estructura del copito de nieve. Nada que ver con el gorila albino que tuvimos en Barcelona, por cierto.
Para que se forme un copo de nieve se necesita una partícula en suspensión. Por ejemplo, un grano minúsculo de polvo, el caso más común. En esta partícula se podrá alojar el hielo y empezar a crecer. A partir de aquí, todo sucede de forma espontánea y muy rápida. De las primeras moléculas de hielo empezarán a crecer brazos simétricos, lo que definirán la forma final del copo.
El aumento de volumen es rápido ya que el aire con el que está en contacto está saturado de agua, a una temperatura extremadamente baja, y en estas condiciones las moléculas de agua libres en la atmósfera se pegan con facilidad a los brazos. El crecimiento es simétrico en todas las direcciones debido a que las condiciones ambientales que rodean el copo son casi idénticas.
Debido a las fuerzas que existen entre las moléculas de hidrógeno, el hielo tiende a cristalizarse de forma hexagonal. De todas maneras, como todo en la vida, hay excepciones. Podemos encontrarnos alguna formación rara, o incluso asimétrica, debida a las condiciones cambiantes que se haya encontrado durante su crecimiento.
Como nuestro gorila albino, los copos son únicos. Así que cada copo que caiga en tu hombro, aprécialo porque no verás otro igual.
Me llamo Marc Redondo Fusté. Nací en Esplugues del Llobregat (Barcelona) un gélido mes de enero gracias a los fenómenos de la contracción y la dilatación. La gravedad tiró al suelo mi primer termómetro con una aceleración de 9,81 metros por segundo al cuadrado. A los 14 años empecé a practicar con la fricción. El día siguiente a mi primera borrachera comprobé lo que es la deshidratación. Cuando recibí mi primer beso experimenté lo que es una reacción exotérmica. El primer examen en la universidad de física me lo pasé mirando por la ventana cómo nevaba y quedé ingrávido, es decir, suspendido. Tras años de estudios de campo he llegado a la conclusión de que se liga más con una motocicleta de 49 centímetros cúbicos que invitando a las chicas a ver las estrellas; como no tengo moto, aquí hablaré de ciencia como no nos la enseñaron en el colegio, y de estrellas, por si hay alguna despistada. (ahora ya tengo moto, pero de momento solo un casco) Y si no puedes dormir porque una pregunta te ronda por la cabeza, mándame un e-mail a mredondo@snoticias.tv