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Una de las primeras cosas que descubrí al llegar a Florencia fue que a los habitantes de esta ciudad no les gustaba eso de “irse de merienda”. No es que no coman nada por las tardes (que es difícil por eso de que empiezan a cenar a las 19 horas con el horario europeo), sino porque no hablan de ello, no utilizan la palabra merienda. Pero todo tiene su explicación.
Durante casi veinte años, entre 1968 y 1985, la ciudad de Florencia vivió uno de los episodios más misteriosos y crueles de su historia. Jóvenes enamorados, amigos, amantes eran asesinados en sus coches o en medio del campo sin motivo alguno.
El primer caso sucedió la noche del 21 de agosto de 1968. Un obrero siciliano de 29 años llamado Antonio Lo Bianco fue asesinado junto a su amante, Barbara Locci, de 32 años, en un Alfa Romeo. Habían pasado la noche en el cine de la localidad de Signa y después, cerca del cementerio de la ciudad, con el hijo de Barbara todavía sentado en la parte trasera del coche, fueron asesinados.
Este es el primer caso y el que dio los indicios para que, casi treinta años después, se resolviese el misterio. Aunque, aún hoy en día, muchas personas dudan de la sentencia y de que todos los culpables hayan sido encontrados.