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Micah P. Hinson - Sala Heineken

Hay cosas difíciles de creer. Que llegaría un día en el que Micah se subiría a un escenario sin guitarra, con un brazo en cabestrillo y gritara desde lo alto un temazo de francotirador como ‘Lovely Day’, de los Pixies… hubiese apostado dinero en contra. De verdad… Y después verle y oírle destrozar ‘Alec Eiffel’ o ‘Motorway to Roswell’… Convirtiendo uno de los discos más salvajes de mi estantería en un safari sin reglas en el que lo único que importa es lo rápido que vayas. Hipnótico y crudo. Tan bizarro que es literalmente imposible apartar la vista de ese chico frágil y peligroso peinado como Tintín.

Pero al fin y al cabo ese disco de los Pixies se llama Trompe le Monde, esto es, “engaña al mundo”. Y no hay mejores tres palabras que coserle a Micah P. Hinson en sus tirantes. Engaña al mundo, lo maneja, lo atrae y entonces se queda dormido. Miente, adula, conversa, admira, olvida, sueña y hace soñar y después atiza y se vuelve a dar la vuelta y cuando quieres darle un abrazo él ya no está, o está en la barra, o detrás de ti dándote una patada en el culo por preocuparte por cualquier cosa que no sea vivir.

Micah es voz de tabaco y años vagabundeando por Estados unidos, recorriendo el mundo en vagones de mercancías, con un hatillo atado a un palo. Micah es mirada de loco escuálido y atormentado y sentimientos bañados en plata y arena. Y también pinta de animal herido, (brazo en cabestrillo, recuerdo) y por tanto peligroso. Pero sobre todo Micah es talento y libertad. Es la experiencia de haber vivido de todo en un cuerpo suficientemente joven como para poder seguir destrozándoselo. Y por eso tiene toda la libertad del mundo para elegir un disco de entre todas sus influencias y convertirlo en su propio traje de pino. Cabalgarlo como un vaquero manco en un rodeo suicida y caer todo lo mal que le dé la gana… o lo bien que el destino y sus incansables y pacientes Pioneer Saboteaurs estén dispuestos a marcar. Un monumento en el desierto de Arizona, por cierto, merecen estos chicos de Zaragoza que siguen, arropan y adornan al de Memphis con sus mejores galas.

Pero cuando parece que sólo pretende cavar su propia fosa y enterrarse hasta el fondo la función termina. Y en la otra cara aparece el Micah conocido, el que cuenta historias a la cara. Se aprieta al micrófono como si se acercara a cada una de las orejas que le miran y acaricia temas de otros ídolos. De Dylan o de Richard Hawley. O suyos. Canciones que escuchar después de la tormenta. Después de su tormenta. Porque, a fin de cuentas, Micah siempre ha sido su propio huracán, demoledor. Se ha destrozado una y otra vez y una y otra vez se ha vuelto a levantar. Excesos, velocidad, accidentes pero siempre hay un tema más. Siempre una canción a la salida capaz de resumir todos esos golpes y tirones que ha recibido tu cabeza y tu estómago y que, en realidad, y eso Micah lo sabe muy bien, no son más que sensaciones. 

Y al acabar, cuando ya ha dejado claro que hay cosas que sabe hacer muy bien y que hay otras que no tanto pero que da igual, porque si quieres hacerlas TIENES que hacerlas. Cuando acaba, digo, y todos empezamos a buscar la calle pensando en qué sol saldrá mañana en la cabeza de este chico… vuelve. Solo. Se planta en mitad de una sala apagada, sin músicos… o mejor, con los músicos al borde del escenario, atentos para ir en su ayuda al primer tropezón. Y allí, con su voz de anciano contador de historias, salpicada de gallos ancestrales, lo explica: trata de aguantar un día más porque, a veces, el mundo te puede regalar una canción de Micah.

Y entonces, por un momento,  todo tendrá sentido.

 

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Bloguero Txemi Terroso

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Txemi Terroso

Este blog nace cansado, agotado de dar brincos y sonreír. No hay críticas. No hay quejas. No vamos a despellejar a nadie porque, en general, nadie nos ha hecho nada. No vamos a explicar por qué nos peinamos así (qué más quisiéramos). Sólo vamos a compartir esos momentos en los que se apaga la luz, la gente grita y alguien decide ponernos los pelos de punta tocando en los sitios adecuados. Porque, como dijo el filósofo: "Nena, las teclas... son notas". La banda la forman Txemi Terroso a las letras y Óscar Giménez (www.oscargimenez.com) a las ilustraciones. Gracias por venir. Empezamos...

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