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El ser humano no deja de ser un animal. Cuando oímos una explosión, tenemos miedo. Cuando vemos a alguien guapo, nos fijamos en él. Cuando olemos a comida, no paramos hasta que la encontramos. Y cuando conducimos por la carretera de noche y vemos unas luces de neón, se nos va la mirada, y algo más.
Las luces de neón tienen forma tubular, con electrodos en los extremos. Contienen gas en su interior, que suele ser argón o neón. En el momento en que se inyecta electricidad, se crea un flujo de corriente dentro del tubo que provoca colisiones entre las cargas de las moléculas del gas, que incluso rebotan con las paredes del tubo. De estas colisiones, se desprenden fotones de forma constante, y así se consigue una iluminación continua y muy brillante.
Su poder de atracción es impresionante debido a la intensidad de la luz y a que los tubos pueden adquirir formas, incluso escribir palabras. Por cierto, la palabra más repetida dibujada con neones es Club. Lo que se debe mantener es una continuidad, es decir, el tubo no puede cortarse nunca. Si es así, se debe poner otro tubo, con otros dos electrodos en sus extremos.
Si además la corriente eléctrica que se suministra es intermitente, el gas se excita y se desexcita constantemente, dando lugar a parpadeos. Gran peligro para los conductores masculinos... sobretodo si las luces dibujan unas piernas y simulan moverse a lo Can-can.
Me llamo Marc Redondo Fusté. Nací en Esplugues del Llobregat (Barcelona) un gélido mes de enero gracias a los fenómenos de la contracción y la dilatación. La gravedad tiró al suelo mi primer termómetro con una aceleración de 9,81 metros por segundo al cuadrado. A los 14 años empecé a practicar con la fricción. El día siguiente a mi primera borrachera comprobé lo que es la deshidratación. Cuando recibí mi primer beso experimenté lo que es una reacción exotérmica. El primer examen en la universidad de física me lo pasé mirando por la ventana cómo nevaba y quedé ingrávido, es decir, suspendido. Tras años de estudios de campo he llegado a la conclusión de que se liga más con una motocicleta de 49 centímetros cúbicos que invitando a las chicas a ver las estrellas; como no tengo moto, aquí hablaré de ciencia como no nos la enseñaron en el colegio, y de estrellas, por si hay alguna despistada. (ahora ya tengo moto, pero de momento solo un casco) Y si no puedes dormir porque una pregunta te ronda por la cabeza, mándame un e-mail a mredondo@snoticias.tv