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Hablemos hoy de un nuevo tema que roza lo desagradable pero que nos mantiene vivos: la sudoración. Creo que hoy en día todos sabemos, porque así nos lo enseñaron en el cole, que el sudor sirve para regular la temperatura de nuestro cuerpo. Se acabó eso de apartarse de la gente que suda, que lo único que hace es bajar su temperatura.
El ser humano puede sudar debido a muchas causas, pero siempre bajo un denominador común: un exceso de calor corporal. Para evitar este exceso de calor, liberamos un líquido formado en un 99% por agua. Ésta, al alojarse durante unos segundos en la superficie de la piel, se evapora.
El proceso de evaporación es endotérmico. Su explicación sería muy parecida al funcionamiento del botijo. Eso no quiere decir que el hombre sea un botijo. Para evaporarse, el sudor necesita energía. ¿De donde la obtiene? De la piel. Es decir, del cuerpo. Así, nosotros disminuimos la temperatura mientras el sudor se evapora.
Ahora que hemos recordado cómo suda el ser humano, vamos a ver cómo sudan nuestros mejores amigos: los perros.
Ellos no sudan. Cuando necesitan regular la temperatura, jadean más. Respiran más rápido, sacan la lengua y abren todo lo que pueden la boca. Allí, la saliva se evapora y produce el mismo efecto que en nuestra piel. Recuerda que los perros tienen la lengua muy larga, o sea que la superficie de enfriamiento es muy grande.
A la vez que jadean, fíjate cómo de vez en cuando se lamen el hocico. El objetivo sigue siendo el mismo: humedecer para luego buscar la evaporación, y así el descenso de la temperatura.
Qué suerte tiene el ser humano de regular su temperatura de esta manera. Imagínate qué pasaría si en verano empezáramos todos a jadear y a sacar la lengua, mojándonos la punta de la nariz. En ese caso ya se podría decir que sudaríamos como un animal.
la verdad es que este articulo es muy interesante por q apenas discutia con mi profesor de quimica que los perros no sudan y el decia que si pero gracias a esto le voy a comprovar que no es asi gracias
Me llamo Marc Redondo Fusté. Nací en Esplugues del Llobregat (Barcelona) un gélido mes de enero gracias a los fenómenos de la contracción y la dilatación. La gravedad tiró al suelo mi primer termómetro con una aceleración de 9,81 metros por segundo al cuadrado. A los 14 años empecé a practicar con la fricción. El día siguiente a mi primera borrachera comprobé lo que es la deshidratación. Cuando recibí mi primer beso experimenté lo que es una reacción exotérmica. El primer examen en la universidad de física me lo pasé mirando por la ventana cómo nevaba y quedé ingrávido, es decir, suspendido. Tras años de estudios de campo he llegado a la conclusión de que se liga más con una motocicleta de 49 centímetros cúbicos que invitando a las chicas a ver las estrellas; como no tengo moto, aquí hablaré de ciencia como no nos la enseñaron en el colegio, y de estrellas, por si hay alguna despistada. (ahora ya tengo moto, pero de momento solo un casco) Y si no puedes dormir porque una pregunta te ronda por la cabeza, mándame un e-mail a mredondo@snoticias.tv