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Hoy estaba trabajando con mis compañeros grafistas de laSexta cuando ha entrado en el departamento Óscar, otro de los grafistas, y ha pegado un grito-saludo: “¡¡¡Yeeeeeeeeehhhhhh!!!” ¡Qué estruendo! Me ha recordado a mi ex suegra. ¡Menudas cuerdas vocales tenía la mujer!
El proceso de producción de la voz empieza en el cerebro, donde a través del sistema nervioso se emite una señal a los músculos del tórax, diafragma y abdomen para que produzcan energía aerodinámica (una expulsión de aire, vamos). En esta expulsión el aire pasa por las cuerdas vocales que al vibrar provocan sonido.
Las cuerdas vocales no son unas cuerdas de guitarra que algunos tenemos más afinadas que otros. Nada de eso. Tienen un aspecto de pliegue membranoso. Las cuerdas vocales inferiores son las que nos interesan. Si se separan el aire se cuela entre ellas y podemos respirar. Si se contraen el aire encuentra un freno, choca contra ellas y al conseguir abrirlas ligeramente provoca la vibración que emite sonido. Sería el mismo caso que un globo completamente hinchado si tensamos su cuello al deshincharse.
El proceso acaba con las interrupciones que le provocamos al aire en la boca. Pueden ser parciales o totales, donde la lengua y los dientes juegan un papel importante.
Mi ex suegra tenía una capacidad pulmonar brutal y unos músculos abdominales extraordinarios. El proceso de fabricación de su voz era como el de todo el mundo. Cuando pronunciaba la “A” tenía la misma frecuencia que la “A” de cualquier otra persona. Lo que ella cambiaba era la potencia acústica (cantidad de energía sonora que atraviesa una superficie por segundo, es decir, el volumen). Siempre gritaba mucho y tenía a los perros acojonados, los cuales tienen una alta capacidad auditiva.
De todas maneras era una gran mujer, me quería muchísimo y ante todo echo de menos su estofado de ternera con setas.
Me llamo Marc Redondo Fusté. Nací en Esplugues del Llobregat (Barcelona) un gélido mes de enero gracias a los fenómenos de la contracción y la dilatación. La gravedad tiró al suelo mi primer termómetro con una aceleración de 9,81 metros por segundo al cuadrado. A los 14 años empecé a practicar con la fricción. El día siguiente a mi primera borrachera comprobé lo que es la deshidratación. Cuando recibí mi primer beso experimenté lo que es una reacción exotérmica. El primer examen en la universidad de física me lo pasé mirando por la ventana cómo nevaba y quedé ingrávido, es decir, suspendido. Tras años de estudios de campo he llegado a la conclusión de que se liga más con una motocicleta de 49 centímetros cúbicos que invitando a las chicas a ver las estrellas; como no tengo moto, aquí hablaré de ciencia como no nos la enseñaron en el colegio, y de estrellas, por si hay alguna despistada. (ahora ya tengo moto, pero de momento solo un casco) Y si no puedes dormir porque una pregunta te ronda por la cabeza, mándame un e-mail a mredondo@snoticias.tv
Blog de Sociedad