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Rajoy y los suyos se reúnen para demostrarnos, una vez más, que Mariano es el líder indiscutible de la hueste 'popular'. El problema es que algunos militantes no piensan lo mismo y la ciudadanía tampoco.
Tras perder las últimas elecciones generales Rajoy cambió de discurso, remodeló su equipo y zozobró en el mar de quienes querían incinerar su cadáver. Entre ellos Aguirre, con mucha prisa, y Gallardón, que parecía que con menos pero con la misma.
Con el correr de los meses Rajoy sobrevivió, probablemente porque aquellos que podían sustituirlo tenían en mente dos cuestiones:
1.- Presentar candidaturas alternativas generaría desorden en un partido ya de por sí desordenado, por lo que el vencedor tendría que lidiar con un zabuqueral de mil demonios y ya llegaba el invierno.
2.- Los capos no tenían muy claro a quién apoyar, y decidieron seguir una postura conservadora, renunciar a Aguirre, esperar acontecimientos y decidir en los años siguientes quién salía fortalecido de aquel entuerto.
Fortalecido, al final, sigue saliendo Gallardón, mientras Aguirre grita mucho y gusta cada vez menos. Mientras, Rajoy, muestra su debilidad precisamente con actos como el de Barcelona, con los que demuestra que necesita reafirmarse porque es débil. Los fuertes no necesitan demostrar la adhesión de sus huestes.
Los fuertes no temen que su siguiente discurso sea el penúltimo.
Un zabuqueral es un lugar lleno de complicaciones, donde el fango te llega hasta las rodillas, los mosquitos te sorben las venas y la orientación es casi imposible. Y eso es precisamente lo que ha sido, desde tiempos inmemoriales, el mundillo político español. Este blog surge como un intento de inmersión suicida en ese zabuqueral, canalizando al mismo tiempo frustraciones infantiles del autor y sirviendo como terapia para superar una serie de traumas políticos típicamente españoles con todo el sentido del humor posible. CORREO: dmartin@snoticias.tv