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Esta mañana, como es habitual, he tenido que darme prisa para no llegar tarde a la tele. En el sprint por el pasillo me he dado cuenta de que tenemos el piso hecho un desastre: bolas de pelusa rodando tras mi rebufo. A la cabeza me han venido esas famosas bolas del oeste que tanto hemos visto en las películas.
Estas bolas que no paran de cruzar las infinitas carreteras americanas no son rastrojos, como la mayoría pensamos. Son plantas enteras. Se denominan barrillas o estepicursores y no son más que unos arbustos enanos y redondos. La característica principal es que su tallo se rompe en otoño. El resto lo hace el viento. Durante meses pueden campar a las órdenes del dios Eolo recorriendo quilómetros y quilómetros de distancia hasta que se secan y poco a poco se van desintegrando. Durante este periodo, van esparciendo sus semillas a lo loco.
Da la casualidad de que la existencia de este tipo de arbusto coincide en esos puntos donde el viento suele soplar con fuerza. Así, uno de los lugares de España donde se pueden ver con más facilidad es en las Islas Canarias, sometidas siempre a un régimen de viento constante.
Creo que empieza a ser necesario replantear el cuadro de limpieza del piso. Hasta ahora el baño, la cocina y el salón se limpiaban de forma rotativa. Deberíamos ir pensando en incluir el pasillo, porque si no los estepicursores de polvo se nos van a comer un día de estos.
Me llamo Marc Redondo Fusté. Nací en Esplugues del Llobregat (Barcelona) un gélido mes de enero gracias a los fenómenos de la contracción y la dilatación. La gravedad tiró al suelo mi primer termómetro con una aceleración de 9,81 metros por segundo al cuadrado. A los 14 años empecé a practicar con la fricción. El día siguiente a mi primera borrachera comprobé lo que es la deshidratación. Cuando recibí mi primer beso experimenté lo que es una reacción exotérmica. El primer examen en la universidad de física me lo pasé mirando por la ventana cómo nevaba y quedé ingrávido, es decir, suspendido. Tras años de estudios de campo he llegado a la conclusión de que se liga más con una motocicleta de 49 centímetros cúbicos que invitando a las chicas a ver las estrellas; como no tengo moto, aquí hablaré de ciencia como no nos la enseñaron en el colegio, y de estrellas, por si hay alguna despistada. (ahora ya tengo moto, pero de momento solo un casco) Y si no puedes dormir porque una pregunta te ronda por la cabeza, mándame un e-mail a mredondo@snoticias.tv
Blog de Sociedad