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Las agencias de calificación, antaño perfectas desconocidas para el común de los mortales, se han convertido en uno de los grandes demonios de nuestro mundo. Casi al nivel de los banqueros y los mercados esos, los que no tienen careto definido en las páginas de los periódicos.
Ese desconocimiento de su existencia se debía, fundamentalmente, a que durante la época de vacas gordas estas agencias repartían la primera letra del abecedario a todo cristo. Sin complejos. Y siempre como una opinión particular supuestamente basada en estudios profesionales que, en realidad, distaban mucho de ser fiables (a la vista de los hechos ni Grecia ni Lehman Brothers estaban tan bien como se comentaba en los mentideros de rating).
Pero como en toda historia de amor, llegadas las vacas flacas las agencias dejaron de molar. El último en romper con ellas ha sido Sarkozy, después de que durante meses se haya lanzado desde Europa la idea de fundar una agencia propia, multipatria. Para que nos den jabón los coleguillas. Esta tan cacareada agencia europea tendría, no obstante, una credibilidad nula para los especuladores. Al fin y al cabo comería de nuestra mano y sería creada para velar por nuestros intereses. Que no son los de un magnate indio, por citar un ejemplo.
En cuanto a la necesidad de las agencias de calificación es proporcional a la credibilidad que otorguemos a sus "opiniones". El problema es que esa credibilidad también es proporcional a la imagen que dé nuestro país, nuestra empresa o nuestra comunidad al mundo en general. Si una agencia dice que Grecia es pura basura, por mucho que Grecia lo niegue si este país es percibido como un posible país basura por el mundo mundial probablemente sufrirá los llamados "ataques" tan desastrosamente populares (me gustaría añadir "y viceversa", pero todavía no se ha dado el caso).
Como nota final me gustaría recordar cuál es el origen de las agencias de calificación. Leí hace algún tiempo que surgen en 1873, a raíz de un proyecto ferroviario que provocó un apocalipsis económico que, a su vez, propició la creación de estas entidades "orientadoras". Que, no olvidemos, quieren forrarse tanto como el que más. Aunque lo oculten disfrazando sus movimientos (siempre legalmente justificables) con "opiniones" con la fuerza de una bomba de hidrógeno.
P.D.: De regalo un hipervínculo a El Blog Salmón con las razones de S&P para bajar la nota a los países europeos.
A versi Tobin lo arregla
Esas dichosas agencias solo trabajan para Estados Unidos y su Dolar, como Europa lo consiente es el problema.
Hay que revelarse contra gente como Soraya Sáenz de Santamaría, vicepresidenta del Gobierno, que ahora a los desfavorecidos nos pide "un esfuerzo más", igualito como Alberto Fabra Part, presidente de la Generalitat Valenciana, que toma el pelo a los ciudadanos, diciendo que "vivíamos por encima de nuestras posibilidades". ¿Como se come tanta bravata?.
Yo no conozco a Moody's, ni a Fitch, ni tampoco a Standard & Poor's pero sí conozco a muchos de los que vivieron por encima de mis posibilidades y que siguen viviendo bien a costa de los demás.
No me creo ni siquiera que el Ejecutivo de este país establezca una serie de obligaciones legales a los gestores públicos para poder sancionarlos penalmente e incluso inhabilitarlos si incurren en una falta de "dolo acreditado" o tienen "gran culpa" en el incumplimiento de sus presupuestos económicos regionales o en el de los objetivos de déficit público establecidos. No me creo esto, así algo más complejo menos.
Un zabuqueral es un lugar lleno de complicaciones, donde el fango te llega hasta las rodillas, los mosquitos te sorben las venas y la orientación es casi imposible. Y eso es precisamente lo que ha sido, desde tiempos inmemoriales, el mundillo político español. Este blog surge como un intento de inmersión suicida en ese zabuqueral, canalizando al mismo tiempo frustraciones infantiles del autor y sirviendo como terapia para superar una serie de traumas políticos típicamente españoles con todo el sentido del humor posible. CORREO: dmartin@snoticias.tv