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Si eres conductor y alguna vez has prestado atención, te habrás dado cuenta que por la noche parece que el coche corra más. Sin embargo, vamos a la misma velocidad que durante el día. Lo mismo ocurre en bici o haciendo footing. El mundo se mueve más deprisa.
Para entender este efecto debemos comprender cómo funcionan las células que nos permiten ver: los famosos conos y bastones que conocimos en el colegio. Los conos son los responsables de la visión diurna y en color. Los bastones lo son en condiciones de baja luminosidad. Es decir, de noche.
Después de un largo día donde el ojo ha estado captando luz continuamente, a la que nos quedamos a oscuras no vemos nada. Nuestra retina se ha acostumbrado a tanta iluminación que puede tardar minutos, o incluso horas, a adaptarse a la oscuridad. Se queda parcialmente “ciega” cuando queremos mirar algo directamente.
En este punto entran en acción los bastones. Están repartidos por toda la retina. Aunque no nos permiten ver con mucha agudeza, son muy sensibles a la luz. Cuando estamos a oscuras son capaces de ver objetos que nosotros mirando directamente no podemos apreciar. Haz la prueba. Solo se pueden ver a reojo. Es decir, a oscuras siempre vemos mejor en la periferia de nuestro campo visual.
Cuando nos movemos a cierta velocidad durante la noche, buena parte de la imagen que vemos es lateral porque el centro está aún resentido por la luz diurna. Y como todos sabemos, a reojo los objetos parecen moverse a una mayor velocidad relativa respecto a nosotros que los que tenemos en frente a kilómetros. Recuerda las estrellas de Star Wars.
Por esa razón aparece la sensación de velocidad nocturna, porque vemos mejor los objetos laterales que son precisamente los que parecen moverse más rápidamente.
Me llamo Marc Redondo Fusté. Nací en Esplugues del Llobregat (Barcelona) un gélido mes de enero gracias a los fenómenos de la contracción y la dilatación. La gravedad tiró al suelo mi primer termómetro con una aceleración de 9,81 metros por segundo al cuadrado. A los 14 años empecé a practicar con la fricción. El día siguiente a mi primera borrachera comprobé lo que es la deshidratación. Cuando recibí mi primer beso experimenté lo que es una reacción exotérmica. El primer examen en la universidad de física me lo pasé mirando por la ventana cómo nevaba y quedé ingrávido, es decir, suspendido. Tras años de estudios de campo he llegado a la conclusión de que se liga más con una motocicleta de 49 centímetros cúbicos que invitando a las chicas a ver las estrellas; como no tengo moto, aquí hablaré de ciencia como no nos la enseñaron en el colegio, y de estrellas, por si hay alguna despistada. (ahora ya tengo moto, pero de momento solo un casco) Y si no puedes dormir porque una pregunta te ronda por la cabeza, mándame un e-mail a mredondo@snoticias.tv